Reforma eléctrica: la CFE contra la CFE - Gatopardo

Reforma eléctrica: la CFE contra la CFE

Las consecuencias de la reforma eléctrica son numerosas y negativas. Una comparación precisa entre la situación previa a la reforma y la nueva versión de la ley basta para constatar los efectos perniciosos en el medio ambiente, en la salud de los mexicanos y en el presupuesto del gobierno.

La reforma a Ley de la Industria Eléctrica (LIE), recién aprobada por el Senado, hace tres cambios sustanciales. El primero es la prioridad para inyectar electricidad a la red que le concede a las plantas de la CFE, las cuales, por cierto, usan los combustibles más caros y contaminantes. El segundo cambio es la forma en que se asignan los Certificados de Energías Limpias, lo que inhibe la transición del país hacia un sector eléctrico sustentable. Por último, limita las condiciones de competencia en el sector, provocando incertidumbre jurídica para quienes buscan invertir en México, transgrediendo además la Constitución y los tratados y acuerdos internacionales.

A partir de su entrada en vigor, veremos a las empresas amparándose contra los efectos de esta reforma. No lo harán únicamente por una disputa política, sino porque deben proteger los recursos de sus inversionistas, es decir, lo harán porque deben cumplir con su responsabilidad fiduciaria. La cuestión se resolverá en última instancia por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Como antecedente, ésta ya invalidó la Política de Confiabilidad, Seguridad, Continuidad y Calidad en el Sistema Eléctrico Nacional, que iba en la misma dirección que la reforma actual. El antecedente no implica, sin embargo, que la reforma vaya a quedar sin efectos; no es seguro que la Corte “eche para atrás” los cambios a la ley, como muchos aseguran.

Para comprender a fondo las modificaciones implementadas por el gobierno, conviene saber que la cadena de valor de la industria eléctrica consta de cuatro partes. En la parte de la generación, un dispositivo convierte una fuente de energía primaria –la radiación solar, la química de los hidrocarburos o el viento– en electricidad. La transmisión es la siguiente etapa; en ella se conduce esa electricidad por largas distancias, con voltajes muy altos (superiores a los 69 mil voltios). La tercera, la distribución, es la parte con más ramas; lleva la electricidad a los centros de consumo a través de líneas de media y baja tensión (menos de 69 mil voltios). Finalmente, el suministro eléctrico es el “conjunto de productos y servicios para satisfacer la demanda y el consumo de energía eléctrica de los usuarios finales”.[1] Esta parte se divide entre el suministro básico, que atiende a los usuarios de bajo consumo, como las casas y los establecimientos comerciales pequeños, y el calificado, que se refiere, por ejemplo, a las fábricas.

Indudablemente, la industria eléctrica es muy importante para el bienestar y la seguridad de la población mexicana, pero eso no obliga a que el desarrollo de todas sus partes esté a cargo del Estado. La reforma de 2013, por ejemplo, optó por la diversificación y la competencia en la generación y el suministro, pero conservó la transmisión y la distribución –como áreas estratégicas– exclusivamente en manos del Estado.[2] Para garantizar el libre acceso a los mercados eléctricos e incentivar la transición hacia fuentes energéticas menos contaminantes, se diseñaron, en ese entonces, tres mecanismos principales.

CONTINUAR LEYENDO

COMPARTE

Recomendaciones Gatopardo

Más historias que podrían interesarte.