El ruido que genera Twitter y otras notas fúnebres

El ruido que genera Twitter y otras notas fúnebres

Twitter no es una plaza pública, no es el zócalo o el centro de la ciudad. A ese antro de moda no puede entrar muchísima gente por la brecha digital, por el costo del internet, por las asimetrías estructurales y muchos factores más. Reconocerlo como plaza pública hace que los gobernantes presten más atención a lo que sucede ahí adentro. Es un lugar privilegiado.

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En junio de 2018, la presidenta municipal de mi comunidad, Ayutla Mixe, elegida en asamblea dentro de nuestro sistema normativo interno, encabezó, junto su cabildo, una manifestación inusual en la ciudad de Oaxaca. El 5 de junio de ese año se cumplían 365 días de una agresión que nos mantenía sin acceso al manantial del que históricamente habíamos tomado agua potable, por el bloqueo de nuestras tuberías y la destrucción posterior de la infraestructura.

Un año antes, en 2017, habíamos sufrido un ataque armado que resultó en el asesinato del comunero Luis Juan Guadalupe, varios heridos de bala ––entre ellos, una señora de la tercera edad–– y el secuestro de cuatro mujeres comuneras. Fueron días complicados. Después de salir del estupor del estruendo de los disparos, pude presenciar el proceso de defensa y presión para lograr que liberaran a las compañeras, después de que las hicieran sufrir terribles agresiones. Uno de los fenómenos que más me indignó fue la manera en la que la prensa relató los hechos y que incluso llegara a afirmar, como lo hicieron distintos funcionarios estatales, que habíamos secuestrado a la policía y que se nos impugnaba como delito a perseguir.

Un año después, sin agua y sin el más mínimo rastro de justicia, mi comunidad decidió hacer una inusual protesta en la capital del estado: además de trasladarnos a las calles de la ciudad con nuestras autoridades para hacer una marcha, hicimos también una protesta musical. En concordancia con el amor por la música que es fundamental para los pueblos mixes, la banda filarmónica fue interpretando la bella música fúnebre tradicional por las calles de la vieja ciudad de cantera mientras que los demás expresábamos nuestra indignación con mantas, carteles y con la potencia de nuestras voces. Por un momento, las casi siempre festivas calles de Oaxaca se fueron inundando con notas fúnebres en protesta y conmemoración. Finalizamos en el zócalo, con un enérgico y emotivo mitin, donde la presidenta de nuestra comunidad expresó las razones de nuestro enojo y señaló la rampante impunidad, la revictimización por parte de funcionarios del gobierno estatal y todas las injusticias que habíamos sufrido.

Trasladarnos a la ciudad de Oaxaca había implicado un esfuerzo considerable de organización y recursos; antes de regresar, compartimos los alimentos que habíamos llevado con nosotros desde Ayutla y los que, con solidaridad, nos ofrecieron nuestros paisanos radicados en la ciudad.

No hubo respuesta de las autoridades responsables. Silencio absoluto.

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