Careyes y Cuixmala, una historia de poder – Gatopardo

Los señores de la costa

Durante mucho tiempo, Careyes y Cuixmala han sido dos de los lugares más emblemáticos de la costa pacífica mexicana y dos de los destinos turísticos más sofisticados del país. En este adelanto de Los señores de la Costa, el escritor Carlos Tello Díaz cuenta cómo se construyó este paraíso.

1. El sueño de Carlos F. Landero
La costa de Cuixmala, Careyes y Chamela ha sido sin interrupciones propiedad privada con acceso a pozo de agua desde mediados del siglo XIX. En 1861, el presidente Benito Juárez firmó el primer título de propiedad en esa parte de la costa de Jalisco. Los terrenos baldíos, originalmente de la Iglesia, fueron expropiados para ser adjudicados a un español de Nayarit llamado José María Castaños, quien había ayudado a la causa de los liberales en la guerra de Reforma. “La hacienda original iba desde el río Cuixmala hasta el río San Nicolás y tenía más de 900 kilómetros cuadrados”, afirma la persona que durante varias décadas administró la propiedad. “Eran más o menos 30 kilómetros por 30 kilómetros, o sea, unas 90 mil hectáreas.” [1] Años más tarde, una parte de la propiedad sería adquirida por el ingeniero Carlos F. Landero.

Los Landero llegaron a México en 1768 procedentes de Galicia, España, para sentar reales en Veracruz. Eran propietarios de tierras, comercios y minas de plata. Su miembro más destacado fue José Landero y Cos, ministro de Hacienda en tiempos de don Porfirio Díaz. “Pepe Landero era uno de los mineros mexicanos más prominentes del siglo XIX”, recuerda José Carral, el presidente del Club de Industriales. “Y era uno de los hombres más ricos de México.” [2] Su hijo Carlos le compró una parte de la hacienda de Cuixmala a Fernando Castaños, quien estaba emparentado con su madre, Elena Castaños. Tenía una superficie de “catorce patios, diez caballerías, cuatro fanegas”, que lindaba con los siguientes polos: “al oriente, con terrenos de don Manuel y don Margarito Domínguez, río Cuixmala de por medio, lo mismo que por el sur; al poniente, con el Océano Pacífico; al norte, con terrenos de Pérula y Chamela”. [3]

Carlos F. Landero era, escribe un experto de la costa de Jalisco, “un ingeniero que a fines del siglo XIX recorrió pausadamente la región para determinar la posible ruta de un ferrocarril de Aguascalientes a Chamela”. [4] El ingeniero Landero, en efecto, promovió el trazo de un ferrocarril de 673 kilómetros, con un costo de casi 18 millones de pesos, para conectar a Chamela con Aguascalientes. Fue él mismo quien recogió la información económica y geográfica de apoyo, a menudo en recorridos realizados a pie por la selva. “Era una gente muy estudiosa, geólogo, con una biblioteca muy grande”, recuerdan en su familia. [5] El ferrocarril, que tendería puentes, túneles y telégrafos, pretendía explotar las minas de metal de la región y deseaba promover los cultivos de algodón y tabaco en las vegas de los ríos Cuixmala y San Nicolás, así como aprovechar las salinas de Careyes, Chamela y Pérula. “Creo no incurrir en ninguna exageración al asegurar que el ferrocarril que se proyecta —sentenció Landero— convertirá en breve tiempo la casi totalidad de la región por él atravesada en una de las más ricas y florecientes de la República.” [6]

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