La Mara Salvatrucha derrota a Donald Trump - Gatopardo

La Mara derrota a Trump

‘Crónicas de la región más violenta’, narra cómo los asesinatos de nueve jóvenes latinoamericanos en Long Island, en 2016, pusieron a un montón de comunidades de migrantes en el radar. Todos culparon a la M-13 y Trump utilizó estos homicidios para su agenda antiinmigrante.

 

—¿Por qué viniste a Long Island?

Es 4 de junio de 2017. Estamos en un restaurante Subway, lejos del centro de cualquiera de estos pequeños pueblos habitados en su gran mayoría por migrantes de origen latinoamericano, muchos de ellos indocumentados. A 40 minutos está la capital del mundo, la ciudad de Nueva York, pero aquí es suburbio, extrarradio, periferia. Estamos en el límite entre North Merrick y Uniondale, ciudades dormitorio de obreros, donde las principales atracciones son centros comerciales y ferias itinerantes. Quien responderá mi pregunta es un muchacho salvadoreño de 18 años, hijo de una tortillera, nacido en un cantón que se llama El Niño, en un caserío que se llama La Ceiba, en las faldas del volcán Chaparrastique, en el ardiente departamento de San Miguel.

—Mi mamá y mi hermana ya estaban aquí. Mi papá falleció cuando yo estaba en El Salvador. Andaba tomando cuando un carro lo atropelló. Yo no vivía con él, sino con una tía. Nos daban pija [palizas] parejo a todo mundo, porque mi tía tenía cuatro hijas más que vivían en el mismo solar. Ahí nos daban pija parejo a todos.

Es un muchacho fibroso. Aún conserva el cuerpo campesino, huesudo, de músculos anudados, forjado en milpas. Lleva una gorra de los New York Yankees y se ha puesto dos implantes dorados en los dientes delanteros superiores.

—¿Cómo fue llegar aquí con 11 años?

—La vida aquí sólo es pasar encerrado como perro cuando sos inmigrante que no tenés papeles ni carro ni nadie que te dé cancha y te muestre lugares. Te sentís perdido. Mi mamá ya tiene su esposo, un salvadoreño. Se acompañaron aquí. Rentábamos un basement [sótano]. Los tres vivíamos ahí: un solo cuarto con cocina y baño por 900 dólares. En un pedacito yo tenía mi cama y mi ropero. Mi mamá entraba a trabajar a las cuatro de la mañana y salía a las tres. A veces dobleteaba turno y se quedaba hasta las 11 de la noche. Sólo a dormir venía, y a darle al otro día a las cuatro de la mañana otra vez.

El niño de cantón rural llegó en 2010 a un lugar que no entendía, a vivir con una señora que durante años fue sólo una voz en el teléfono. Ser joven era jodido en Long Island, aun antes de escuchar hablar de la Mara Salvatrucha.

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