Una conversación con José María Yazpik - Gatopardo

José María Yazpik

En una conversación informal con Gatopardo, José María Yazpik habló a fondo sobre su carrera. A pesar de ser uno de los actores más prolíficos del cine mexicano dice que sólo acepta los papeles que lo retan y que le dejan una enseñanza de vida.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Gatopardo: Acabas de terminar una temporada en el teatro con uno de los dramaturgos más importantes del momento, ¿cómo te sientes en las tablas?

José María Yazpik: Sí, terminé la temporada de Un hombre ajeno en el DF. Pero a lo largo de junio y julio haremos una gira por el país. La obra es de Alejandro Ricaño, que es un maestro: tiene treinta años y está escribiendo como si tuviera cincuenta. Ésta es una obra que habla sobre la incapacidad del ser humano —en estos tiempos— de mantener una relación con la gente que lo rodea. En el teatro me siento mucho mejor que en cualquier otro medio, mucho más cómodo. El cine es tramposo, milimétrico. Tú vas, haces una escena, la repites cinco, seis veces y un año después ves el resultado, que pasó por cualquier cantidad de filtros. En realidad nunca tienes la posibilidad de cambiar el resultado o estar involucrado durante el proceso. En el teatro, en cambio, ensayas con el director y en cuanto dicen “tercera llamada”, sólo eres tú con el público y no interviene nadie más.

G: ¿Crees que la experiencia en el teatro es fundamental para un actor?

JMY: Absolutamente. Para ser un actor completo tienes que experimentar todos los géneros. En lo personal, aprendí conforme la marcha. Yo estudié en Televisa, en el CEA, y fui un estudiante mediocre. Lo que quería era graduarme para salir y trabajar con la gente que admiraba, como Daniel Giménez Cacho, Jesús Ochoa, Damián Alcázar, Julieta Egurrola y Margarita Sanz.

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