El camino hacia Mazátlan, una crónica de Julian Herbert

El camino hacia Mazatlán

Después de muchos años de no haberla visitado, el escritor mexicano Julián Herbert regresó a la ciudad donde pasó una parte de su juventud. Llegó a Mazatlán para para registrar los cambios que ha vivido uno de los puertos más importantes del país.

Tiempo de lectura: 24 minutos

Luis Jorge y yo— salimos de Saltillo en una van con rumbo a Hermosillo en el verano 2001. Nuestro plan era cruzar las montañas de Chihuahua hacia Sonora; 24 horas de carretera. Antes de pasar Torreón, Luis Jorge dijo que no conocía el mar. Así que cambiamos la ruta: nos desviamos a Durango con la intención de atravesar el Espinazo del Diablo para hacer una parada relámpago en el malecón de Mazatlán. Gera condujo todo el tiempo. Nos agarró la noche en Durango, descansamos un rato y continuamos el viaje de madrugada. 

Faltaba poco para el amanecer cuando llegamos al Espinazo. La niebla te cegaba a medio metro de distancia, hacía frío y las curvas y las luces de los tráileres embestían como dragones medievales. Del lado izquierdo se alzaba una pared de roca tan comprimida como un crochet mineral cuyos pliegues dibujaban a ratos, en claroscuro y entre el vaho, caras de risa malsana y cuerpos en disposición de tortura; un retablo perturbador y más o menos hilarante. A contramano se abrió un barranco del que emergían destellos: reflejo de faros sobre los restos metálicos de alguno de los automóviles despeñados durante décadas. 

El Espinazo del Diablo, única vía terrestre de entonces para conectar a Mazatlán con el noreste del país, era en la mente de mi generación y en la de generaciones anteriores de mexicanos un animal mitológico que se alimentaba de traileros y autobuses, pero que durante el día compensaba sus crímenes ofreciendo paisajes extáticos. Eso esperábamos ver y la experiencia no nos defraudó, aunque nos vino de otro lado: cuando empezaron a filtrarse los primeros atisbos de aurora entre las bocanadas de bruma, un convoy nos rebasó; eran los bártulos de un circo. La última plataforma nos desperezó: en un tráiler abierto de doble extensión viajaban a través de la Sierra Madre Occidental tres o cuatro elefantes dormidos. Me sentí por un instante, no sé si en un golpe de lucidez o en un sueño, montado en una de las bestias que cruzaron los Alpes al mando del comandante Aníbal Barca en el año 218 a. C. Luego la imagen se disipó y el sol clareó sobre nosotros, que descendíamos ya rumbo a la costa. 

Julián Herbert Mazatlán, int1

El malecón del puerto. A diferencia de Los Cabos o Acapulco, cuya vida turística tiene múltiples apoyos y recursos, la de Mazatlán es una industria focalizada.

Nos instalamos en una cantina de la avenida Olas Altas. Gerardo rentó un cuarto y se metió a descansar. Luis Jorge pasó dos o tres horas sentado en la arena, sin apenas haberse mojado los pies, llorando y contemplando la marea. Después de esta experiencia ejemplar, seguimos el peregrinaje rumbo al norte hasta Hermosillo, en los desiertos de Sonora.

Ahora es noviembre de 2018 y el camino a Mazatlán, que recorro a 80 kilómetros por hora en compañía del videasta Sebastián Rico y el fotógrafo Germán Siller, es muy distinto: para empezar es caro y está lleno de horadaciones y milagrería tecnócrata. La nueva carretera de cuota Durango-Mazatlán fue inaugurada por el presidente Felipe Calderón cuando ya nadie le hacía caso: a finales de noviembre de 2012, durante los últimos días de su mandato. Costó 25 mil millones de pesos y generó en su momento mil empleos directos y más de dos mil indirectos. Consta de 63 túneles y 115 puentes, entre estos últimos la joya de la corona: el Baluarte, un puente atirantado que empezó a funcionar hasta finales de 2013 y que hasta 2016 era el de mayor distancia de caída en el mundo. Dicen que el edificio Empire State cabría debajo de él. El Baluarte es una obra de ingeniería tan fantástica que constituye por sí solo un atractivo turístico menor. Los habitantes de sus inmediaciones se las han ingeniado para establecer cerca de él un mirador con comedores para viajeros.

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