Las cuentas de Videgaray. El hombre que le habla al oído al presidente.

Las cuentas de Videgaray

Nacho Lozano
Fotografía de Ana Hop

Desde muy joven, Luis Videgaray se ha preparado para estar en las grandes ligas de la política mexicana. Hoy es uno de los hombres de mayor confianza del presidente Enrique Peña Nieto y ocupa uno de los cargos con mayor responsabilidad en el país: secretario de Hacienda y Crédito Público.

Luis Videgaray Alzada prendió el televisor de su casa para ver el último informe presidencial de Luis Echeverría Álvarez. Por más que movía la antena hacia la derecha o la izquierda, la señal transmitida en vivo no era estable. La imagen del presidente de la República en la pantalla dejó de bailar entre tantas interferencias y al fin la quietud se apoderó de la imagen y de los aplausos. Pasaron varias horas y el informe parecía no tener fin: el tiempo se estacionó en esos tres colores de la banda presidencial que atravesaba el pecho de Echeverría. El hombre se despedía de la presidencia ante seis u ocho micrófonos, todos iguales. Hablaba desde la antigua Cámara de Diputados (hoy Asamblea Legislativa del Distrito Federal) para todo el país. Al lado de Videgaray Alzada estaba sentado su hijo Luis, de apenas siete años, quien desde pequeño desarrolló una curiosa afición por los interminables informes presidenciales. No entendía del fondo, pero semejante ritual de la política mexicana priista lo deslumbró. Le apasionaron las formas, los símbolos y la ceremonia. Desde entonces, Luis Videgaray Caso no se perdió un informe presidencial, sino hasta que estudió fuera de México.

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Cuando Videgaray Caso cursaba primero de primaria decidió organizar una revuelta a la hora de la salida. “Aunque el término revuelta es grandilocuente, lo que armé fue un mitote”, dice el secretario de Hacienda y Crédito Público, sentado cómodamente en su despacho. Ahora de 46 años, se relaja en la silla de lo que parece una sala de juntas en sus oficinas alternas en Julio Verne, Polanco. Sonríe al recordar esos años: “Junté a los niños de preprimaria, a los de primero y uno que otro despistado de segundo e hicimos unos carteles que decían: ‘¡Queremos más recreo!'”. En algún lado el niño había visto “una manifestación y me pareció una buena idea”, así que su arenga cautivó a sus compañeros, ¿quién se iba a resistir a apoyar semejante demanda? “Nos paramos en la ventana de la directora, gritamos y gritamos que queríamos ‘¡Más recreo!’. A ella le dio mucha risa y me suspendió un día de clases —recuerda Videgaray entre risas—. Me estás haciendo recordar esos años, caray”.

Videgaray Alzada falleció cuando su hijo Luis tenía 11 años de edad. Para entonces, el pequeño había heredado, entre otras cosas, la afición por la discusión de la política en casa durante las sobremesas, deporte que practicaba todo el tiempo su padre, un ingeniero que fue funcionario bancario hasta los últimos años de su vida. Nadie en su familia era o había sido político, pero Luis Videgaray Caso quería serlo. Tal vez desde sus primeros años soñó con subir al podio en el Congreso, hablar frente a la soberanía y dar su informe presidencial.

Años más tarde, Videgaray fue bautizado por el PRI en las aguas de la política cuando cumplió 19 años. El suceso ocurrió en la oficina priista que en ese entonces correspondía a la sede del 38 distrito federal en Magdalena Contreras, del Distrito Federal, ciudad donde nació. No era recomendado de nadie, “para mí el PRI, con todos sus defectos en aquel entonces, representaba una vocación social más clara”, dice Videgaray para explicar por qué no se enfiló en algún otro partido. A partir de ese momento, su trayectoria profesional lo ha llevado a las esferas más altas del poder en México y a estar a cargo hoy de uno de los despachos más influyentes en el gabinete del presidente Enrique Peña Nieto.

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Su vida académica es determinante para comprender su trayectoria. Estudió Economía en el Instituto Tecnológico de México (ITAM) al mismo tiempo que cursaba Derecho en la Universidad Autónoma de México (UNAM). Dicen algunos de sus compañeros que siempre fue un alumno “clavado con las tareas”. Imaginemos a un joven que de vez en cuando mostraba sentido del humor, pero que no salía de fiesta tan seguido, que pasaba buena parte de su tiempo libre en la biblioteca o estudiando en los pasillos del ITAM. Videgaray solía mostrarse “como si estuviera planeando algo”, “tal vez resolviendo alguna tarea o planeando cómo llegar a ser el próximo presidente”, presidente del Consejo de Alumnos del ITAM. Meta que cumplió.

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