Los ojos de Benicio. El chico de barrio que se convirtió en estrella de cine.

Los ojos de Benicio

Benicio del Toro es uno de los grandes intérpretes de nuestro tiempo. En su larga carrera que incluye más de treinta largometrajes, ha ganado casi todos los premios a los que puede aspirar un actor y ha creado personajes memorables.

Benicio del Toro es uno de los grandes intérpretes de nuestro tiempo. En su larga carrera —que incluye más de treinta largometrajes— ha ganado casi todos los premios a los que puede aspirar un actor y ha creado personajes memorables. A pocas semanas del estreno de Sicario, su película más reciente, recibió en exclusiva a Gatopardo en Los Ángeles. En una larga conversación con Silvana Paternostro —con quien trabajó en la cinta Che— habló sobre sus inicios en la serie de James Bond, su larga historia con México, su método de trabajo, su empatía con el Che Guevara y su compleja relación con la fama.


Lo común en este tipo de encuentros es que la entrevistadora y la estrella no se conozcan, pero esta vez es diferente: Benicio del Toro y yo trabajamos juntos durante casi ocho años. Entre 2001 y 2008 hicimos un poco de todo para la película Che, dirigida por Steven Soderbergh. Benicio fue el protagonista —obviamente—, pero también productor, y yo, productora asociada. Antes de filmar una sola escena entrevistamos —en La Habana, en París, en Cancún, en Nueva York— a familiares, sobrevivientes e historiadores de la Revolución Cubana. Durante la filmación, me dio espacio a su lado en un par de escenas. Por ejemplo, cuando filmamos la secuencia del famoso discurso que dio el Che en las Naciones Unidas (si parpadeas, no me ves). Ya con película bajo el brazo, en el Festival de Cannes de 2007, nos paramos en grupo ante las escalinatas del Grand Palais mientras nos encandilaban los flashes de los fotógrafos. A Benicio le dieron la Palma de Plata por su actuación, luego también el premio Goya. En este largo camino nos hicimos amigos y cómplices de una aventura en la que hubo momentos extenuantes, tanto de tensión como de diversión. Aprendimos a movernos en equipo, a entendernos a veces sólo con miradas.

Seis años más tarde nos encontramos de nuevo en las escaleras de Regen Projects, una espaciosa megagalería angelina que se ha convertido, durante unas horas, en un estudio fotográfico para la portada de Gatopardo. “Compañera”, me dice Benicio, y nos damos un abrazo corto y cariñoso. 

—Ella puede escribir el artículo sin hablar conmigo —le dice en inglés a Robin Baum, su publicista.

—Pero tenía ganas de volver a verte, Benicio —le respondo.

Este reencuentro lo hace posible un personaje aterrador. Benicio interpreta en Sicario, película dirigida por el canadiense Denis Villeneuve (Prisoners, Enemy), a Alejandro, un “tirador de droga” dispuesto a todo para lograr su cometido: vengarse de quien mató a su familia. Para ello, se inmiscuye en una operación antidroga liderada por un desaforado operador de la cia, interpretado por Josh Brolin. Los dos no hacen sino atropellar y romper leyes. Atrapada en medio está una inocente Emily Blunt, en el papel de agente antiterrorista, aterrada al ver como estos dos operan sin límite alguno. Villeneuve nos adentra en las entrañas del monstruo de la guerra contra las drogas. El mensaje, que viene lleno de sangre, de nihilismo, de momentos de una violencia absurda es indiscutible: es una guerra que no se puede ganar.

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