Marcelo Bielsa, diecinueve formas de ser - Gatopardo

¿Qué Marcelo? Diecinueve formas de ser Marcelo Bielsa

Cuando la gente habla de Marcelo Bielsa, lo hacen como si fuera una especie de jesuita: cuentan su historia, evangelizados. Por cuatro años fue el director técnico del Leeds United, en el fútbol británico. Después de la cuarentena, ganó casi todos los partidos, y consiguió el ascenso a primera. El método Bielsa es estar siempre ante una empresa imposible. Y el rigor científico, su gran sello.

Tiempo de lectura: 25 minutos

 

 

1.

Marcelo Bielsa da una charla en un evento organizado por la Confederación Brasileña de Fútbol. Usa ropa holgada de algodón; zapatillas, pantalón y buzo, todo de marca Adidas, lo más sobrio y funcional de su catálogo. Uno puede imaginar una larga mesa de expertos en mercadeo y tendencias debatiendo en las oficinas de Adidas: parece un dominguero de principios de los noventa, un hombre a punto de lavar su Ford Sierra en la puerta de la casa; parece cómodo también, por momentos, feliz. Quizá el nuevo Wes Anderson vista a sus personajes así.

“Yo sé que los esquemas tácticos en el fútbol son 10, no hay más que 10”, dice Bielsa, quien en los últimos 40 años vio unos 50 mil partidos junto con colaboradores y lo hizo con un método, registrando siempre cómo estaba parado cada equipo. Con base en esos estudios ha llegado a la conclusión de que los esquemas son 10, ni más ni menos. Para darle nombres propios a su demostración, toma el ejemplo de los últimos partidos del seleccionado brasileño y aprovecha la presencia del propio seleccionador, Tite, para pedirle que lo corrija si incurre en alguna equivocación.

Es inútil la pretensión, por parte de los entrenadores, de imponer un esquema inamovible, porque el juego mismo te lleva al cambio, dice Bielsa, y cita a otro extécnico de la selección argentina, Alfio “Coco” Basile: “Yo, a los jugadores, los pongo donde creo que es lo mejor, pero ellos se mueven”. El público en las gradas no reacciona. Bielsa explica el chiste y el silencio es aún mayor. Gira hacia la pantalla como para seguir la charla, pero algo lo detiene: su mente se quedó escaneando la relación estímulo-resultado del chiste de Basile. Entonces se vuelve al público y dice: “Normalmente, debería haber generado una sonrisa que no provoqué, lo cual quiere decir que no lo conté lo suficientemente bien, porque los que lo cuentan bien esto, provocan que se rían”.

2.

Marcelo Bielsa nació el 21 de julio de 1955 en Rosario, hijo de una docente y un reconocido abogado. A los 13 años arrancó en las divisiones inferiores de Newell’s. Por un tiempo, dejó la comodidad de su casa y se fue a vivir a la pensión del club. El 29 de febrero de 1976 debutó en primera. En ese partido jugaron otros futuros técnicos (o ayudantes técnicos) de la selección argentina: Passarella y Sabella para River, el Tolo Gallego para Newell’s. Dos años después, se lesionó la rodilla y pasó al Instituto de Córdoba. Tras 16 partidos, perdió la titularidad y rescindió su contrato. A su carrera como jugador sólo le quedaba un breve pasaje por el Argentino de Rosario, donde anotó su único gol oficial. Mientras jugaba sus últimos partidos, empezó el profesorado de educación física. A los 25 años, tras una nueva lesión, colgó los botines y puso un quiosco de diarios y revistas.

¿Cómo era el Bielsa jugador? Así lo definen algunos de sus excompañeros: “Era un dos zurdo, algo muy raro. Iba bien de arriba, pero por abajo era más limitado”. “Le gustaba hablar en difícil. Se paraba frente al técnico y decía: yo disiento”. “Una vez nos planteó a los jugadores que deberíamos reclamarle al técnico mayor preparación física”. “Un día vino la barra a apretarnos al vestuario. Él se plantó con uno de los capos y le dijo: deje el arma si vamos a hablar”. “Sabía todo sobre los rivales: cuál era su pierna hábil, si tenían amarilla; sabía todas sus flaquezas y virtudes”. “Nosotros llevábamos los bolsos cargados de casetes y él, en cambio, los tenía cargados de libros”. “Malo, muy malo”, se definió el propio Bielsa cuando le preguntaron. Jorge Griffa, su gran maestro, lo recuerda como “un zaguero temperamental, de velocidad aceptable, quizá un poco falto de la reacción y giro que requiere su puesto”.

Veo una foto de ese Newells’-River del ’76: Sabella desborda por la punta izquierda; por la posición del cuerpo es probable que esté a punto de tirar un centro con zurda o de amagar un centro y profundizar aún más su carrera. Bielsa lo está cruzando para tratar de impedir el centro o el desborde. Sea cual fuere el desenlace, se nota que Bielsa está llegando tarde. Se nota, además, que Bielsa sabe que está llegando tarde. Se nota (si forzamos el zoom) que Bielsa sabe que, a pesar de estar tapado por el Beto Alonso, Alejandro Sabella tiene una zurda exquisita y un arranque en velocidad muy superior al suyo; es decir, Bielsa sabe que aún haciendo al pie de la letra todo lo que debe hacer, no será capaz de cumplirlo de manera eficiente y que esto le va a suceder la mayor parte de las veces que enfrente a un jugador de primer nivel. Bielsa es espantosamente consciente de su propia ineficacia; la irá comprobando contra rivales de cada vez menor categoría y, entonces, toma su primera decisión como director técnico: a los 25 años, se saca a sí mismo del equipo, de todos los equipos.

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Marcelo Bielsa es espantosamente consciente de su propia ineficacia. Su primera decisión como director técnico fue a los 25 años cuando se sacó a sí mismo del equipo, de todos los equipos. Fotografía de Lee Smith / Action Images.

3.

Marcelo Bielsa da una charla en el marco del evento Aspire Academy en el estadio del Ajax, en Ámsterdam. Dice: “El juego asociado, que parece que no tiene normas, tiene infinidad de normas que uno debe enseñarle a un jugador. Copiando de los que lo hacen bien. No inventando nada uno. Copiando”. Como el narrador de El aleph de Borges, Bielsa se encuentra ante una empresa imposible: “La enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito”. Empieza, aquí, su desesperación de técnico.

“Hay cinco maneras de desmarcarse. Yo estoy seguro que son cinco. Ni seis ni siete ni tres. ¿Por qué son cinco? Porque no encontré una diferente a estas cinco. Entonces estoy seguro de que son cinco. Si alguien toma este trabajo, a lo mejor, por su capacidad, encuentra cosas que yo no alcancé a ver”. Los cinco tipos de desmarque individual son:

-Recepción con giro perfilado.
-Recepción a la espalda del rival.
-Recepción al costado del rival.
-Recepción contraanticipando.
-Recepción por detrás del rival con pase aéreo.

Bielsa explica cada uno de estos puntos mostrando jugadas en una pantalla y explica las variables dentro de cada desmarque. En el punto uno, por ejemplo, el pase puede ser largo o corto; el descenso del delantero puede ser vertical o en diagonal o en la infinidad de ángulos intermedios. Luego da un ejemplo del “sinfín de normas” que puede haber dentro de cada variable que, a su vez serán afectadas por las variables propias de cada jugador: velocidad, precisión, estado anímico. ¿Cómo llevar a la práctica esta cantidad de abstracciones? Bielsa muestra en la pantalla una serie de rutinas de entrenamiento para cada desmarque. Por ejemplo: el jugador 1 desciende hasta la estaca X; luego corre oblicuamente hacia la estaca Y para recibir el pase del jugador 2.

En “El rigor de la ciencia”, Borges imagina unos cartógrafos tan obsesionados con la precisión que terminan por levantar “un mapa del Imperio que tenía el mismo tamaño del imperio y que coincidía puntualmente con él”. Es decir, un mapa inútil, un antimapa. En el cuento “Funes el memorioso”, la mecánica es similar: la memoria absoluta convierte a un hombre en un ente incapaz de funcionar.

Los entrenamientos de Bielsa tienen algo de paradoja borgeana. “El juego tiene 36 formas de comunicarse a través del pase. Hay 11 formas de definir frente al arquero. Hay 17 estaciones para ejercitar la recuperación defensiva”, dice Bielsa, y al escucharlo, uno tiene la impresión de que le gustaría representar con estacas y ejercicios absolutamente todos los escenarios posibles de un partido. Para que la imitación sea completa, exige además a sus jugadores una entrega emocional que parece tomada del método Stanislavski. “Al ejercicio hay que vivirlo, no actuarlo. Cuando el jugador lo actúa, el ejercicio no sirve”, dice Bielsa y alguien podría pensar: “¿Qué te pensás que soy? ¿Marlon Brando?”

4.

Marcelo Bielsa inició su carrera como director técnico en el seleccionado de la Universidad de Buenos Aires. Cuenta Alejando Forti, estudiante de arquitectura y arquero de ese equipo, que en una oportunidad Bielsa discutió con Eloy del Val, la figura del equipo, grande como un ropero. Cuando llegaron a las escalinatas del vestuario, Bielsa se quitó el reloj y el saco y le dijo: “Arreglemos esto como caballeros, señor del Val”. Era 1982 y Bielsa tenía 27 años. Al poco tiempo empezó a trabajar en las divisiones inferiores de Newell’s bajo el ala de Jorge Griffa. Dividieron el mapa del país en 70 regiones y lo fueron recorriendo con la idea de probar a 1000 jugadores. En esos viajes, a bordo de un Fiat 147 blanco que hoy debería estar exhibido en el museo del club, encontraron a Pochettino, Lunari, Berizzo, Batistuta; jugadores con los que Newell’s dominaría las inferiores y luego la primera división. El resto ya es historia conocida: Atlas, América, Vélez, Español, Argentina, Chile, Bilbao, Marsella, Lille, Leeds.

Javier Zanetti y Marcelo Bielsa en la Copa del Mundo 2010

Javier Zanetti y Marcelo Bielsa en el partido de calificación para la Copa del Mundo 2010. Fotografía de Enrique Marcarian / Reuters.

5.

En deportes colectivos como el básquet, el fútbol americano, el vóley o el rugby, las jugadas preparadas son moneda corriente. En el fútbol, por lo general, se restringen a las pelotas paradas y hay cierto orgullo en que las cosas sean así, sobre todo en el fútbol sudamericano. Fútbol: ¿arte o ciencia? Éste es un debate que se repite casi todos los días entre periodistas deportivos. Lo cierto es que ahora se acostumbra a medir a los futbolistas por sus números fríos: goles, asistencias, kilómetros recorridos, pases que llegaron a destino. Hasta las transmisiones han cambiado y se parecen, cada vez más con sus constantes estadísticas, a las transmisiones de “los deportes yanquis”. La vieja escuela, por otro lado, dice que puede reconocer a un buen jugador con sólo verlo parar una pelota. Éste no es, aunque nos guste creerlo, un debate exclusivamente futbolístico o argentino. El personaje de Jonah Hill en la película Moneyball arma un equipo exitoso, sin saber nada de béisbol, con un método basado en porcentajes y estadísticas. El personaje de Clint Eastwood, en la película Curvas de la vida, dice que puede reconocer a un gran jugador sólo por el sonido de sus lanzamientos.

El rigor científico es, sin dudas, una marca registrada de Bielsa, pero no es ésta la cualidad que más le destacan sus jugadores sino una que, en principio, podría parecer opuesta: el poder de convencimiento, las emociones transmitidas. “Tiene una manera de hablar que te saca el amateur de adentro”: esto lo dice Ricardo Lunari, figura del Newell’s campeón de 1991, pero casi todos sus dirigidos tienen su “momento Bielsa” que contar y no son historias de números o correcciones tácticas; son historias con el termómetro en rojo, momentos de revelación personal o grupal en cuya esencia se encuentra el factor humano.

Lucho González, exjugador del seleccionado argentino que hasta el más purista podría identificar con el fútbol-arte, lleva a Bielsa literalmente bajo su piel: en su pierna hábil, un Bielsa en tinta negra, cabezón, acuclillado.

6.

Hay, sin embargo, un patrón de comportamiento que supongo que el propio Bielsa debe haber notado. En dos de sus últimos equipos —Athletic Bilbao y Olympique de Marsella— se dio un proceso muy parecido al arco dramático de los enamorados. Los primeros meses son puro amor, no pueden dejar de tocarse; los jugadores están convencidos tanto a nivel individual como grupal, cada uno muestra su mejor versión. Se podría decir que durante este período juegan por encima de sus posibilidades. El equipo entra en racha ganadora.

Luego pasa un tiempo y el convencimiento disminuye, los jugadores y el equipo vuelven al puesto de la tabla que se corresponde con sus aptitudes. Pero esta situación, que antes era la natural, ahora, a la luz de lo que supieron ser, tiene gusto a fracaso y todo comienza a desmoronarse. El nivel de convencimiento que les pide Bielsa a sus jugadores pareciera ser algo que, por su misma esencia, no puede durar. Ese grado de intensidad no se puede sostener en el tiempo. Quizá por esta razón, los procesos en los seleccionados, libres del desgaste diario, son los que mejor le sientan a su método de trabajo. Cuando uno escucha a sus exdirigidos, a veces se puede notar esa mezcla de emociones: fue maravilloso tenerlo, fue un alivio dejarlo partir. En el recuerdo, sin embargo, siempre prevalece lo positivo.

En su equipo actual, el Leeds de Inglaterra, Bielsa parece estar revirtiendo la tendencia. Apenas llegó al club, en julio de 2018, empezaron el idilio y el buen juego. Luego entraron en un bajón y se les escapó el ascenso cuando todos lo daban por hecho. Acusaron a Bielsa de mandar a uno de sus colaboradores a espiar el entrenamiento de un rival. No era una actividad ilícita, pero sí contraria a la “ética deportiva”, un valor que a los ingleses les encanta consagrar. Bielsa aceptó los cargos. Dijo que no sólo había espiado a ese rival, sino a todos los rivales y dio una charla de dos horas para explicar cómo y por qué lo había hecho. Era el momento perfecto para que la relación se derrumbara y, sin embargo, pasó un tiempo y Bielsa y sus dirigidos encontraron una segunda primavera. Después del parate por la cuarentena, Leeds ganó casi todos los partidos que disputó, consiguió el ascenso a primera después de 16 años y ahora todo es amor, abrazos y celebración.

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En su equipo actual, el Leeds de Inglaterra, Bielsa parece estar revirtiendo la tendencia. Apenas llegó al club, en julio de 2018, empezaron el idilio y el buen juego. Fotografía de Craig Brough / Action Images.

7. 

Xavi Hernández, gran majestad del mediocampo del Barcelona y de la selección española, se encuentra presente en la charla en el estadio del Ajax. Es probable que Xavi conozca las 36 formas que tiene el juego para comunicarse a través del pase que menciona Bielsa. Si le preguntaran en una entrevista, quizá no podría nombrar más de 10, pero eso no quiere decir que no las conozca todas.

¿Cuántas decisiones toma un jugador por partido? Seguro Bielsa tiene una respuesta aproximada y debe saber que estos índices son relativos. Cuando un jugador decide dar un pase en profundidad, tiene que decidir también la fuerza, la dirección, el efecto, si debe ser por arriba o por abajo; y para tomar estas decisiones, a su vez, debe tener en cuenta el viento, la velocidad del receptor, la de su marcador, si el arquero rival juega adelantado, y así se puede seguir subdividiendo hasta la náusea. Todo esto sucede en la cabeza del pasador en una fracción de segundo. Y ni siquiera tiene que ser un genio. Cualquiera que juegue al fútbol, aunque sea de manera amateur, tiene, al menos, uno o dos compañeros capaces de manejar este tipo de variables. Después, por supuesto, hay distintos niveles de precisión. ¿Cómo aprenden los jugadores a tomar estas decisiones? ¿Cómo llega un jugador como Xavi a ser casi incapaz de tomar una decisión errada?

“Jugar bien al fútbol es saber resolver situaciones y uno aprende a resolverlas, como en todo proceso educativo, enfrentándolas”, dice Marcelo Bielsa en una charla en Valparaíso sobre su proyecto para la formación de jugadores. “Hay dos tipos de formación: la formación silvestre, sin normas: la mejor de todas. El que juega cinco horas, todos los días, durante diez años, encuentra soluciones a los problemas de la competencia. Se necesitan tiempo, espacio y amor por el juego. Como esto es cada vez más infrecuente, hay que armar un programa que articule y sintetice todo lo que una persona hace durante la formación silvestre”.

En la charla en el Ajax, Bielsa da un pantallazo de este programa. Hay al menos dos contras en el video que se encuentra en YouTube: la traductora al inglés le habla encima y el director de cámara muestra más la cara de Bielsa que la pantalla con los ejercicios. También hay una falla propia de la charla: la falta de coordinación entre Bielsa y Diego, el encargado de pasar las imágenes. “¡Podés mostrar la siguiente, Diego!”, “¡En el orden en que están, Diego!” Diego pareciera ser un sobrino al que Bielsa delegó el mando de la computadora, y las idas y vueltas entre ambos tienen momentos de comicidad y ternura, más aún si se tiene en cuenta que la charla está centrada en la sincronía y precisión del juego.

8.

Mi hija acaba de adoptar un perrito y casi todos los días le lee un capítulo de Perros y gatos bajo la lupa de los científicos. Al principio se limitaba a la lectura textual: “Los perros tienen más de 200 millones de receptores olfativos frente a los cinco millones del hombre.” Ahora, quizá por el efecto de la cuarentena, monta una especie de clase con pizarras y exámenes prácticos. Lo agarra a Pocho para hacer la demostración y le explica: “Hay estudios que demuestran que tu cola irá más hacia el lado izquierdo o derecho según lo que sientas. Si estás contento, tu cola se desplazará más lejos por el lado derecho. Pero si estás tenso, lo hará más bien por el lado izquierdo”.

Según algunos, Bielsa hace algo parecido con sus futbolistas. Él conoce esta acusación y, por eso, mientras explica las 36 formas de vincularse a través del pase, aclara: “Esto no es para Messi. A Messi sólo hay que darle la pelota. Pero hay un montón de jugadores medios a los que se les puede enseñar soluciones que no pueden elaborar por sí mismos”.

En síntesis, el plan formativo de Bielsa es el siguiente: estudiar a los grandes jugadores, copiar, implantar esos conocimientos en los jugadores terrenales mediante ejercicios diseñados para este fin. Es una idea simple, generosa, inviable, filosófica, iluminada; algo que se le podría ocurrir a un niño prodigio muy solo en su habitación. Es, en esencia, un proyecto de ciencia ficción.

En una olvidable película en la que Warren Beatty hace de ex-crack de fútbol americano, le preguntan cómo hacía para pensar tan rápido en la cancha y él dice: “Los grandes no piensan, reaccionan”. Pero ¿de dónde viene esa reacción? Si le preguntaran a Ronaldinho cómo hacía para gambetear, probablemente abriría los brazos como diciendo: no lo sé, ésta es mi naturaleza. Esto dice David Foster Wallace en la conclusión de su ensayo “Cómo Tracy Austin me rompió el corazón”: “Es posible que los espectadores, que no gozamos de un don divino para el deporte, seamos los únicos capaces de ver, articular y animar la experiencia de ese don que nos está negado. Y que aquéllos que reciben y ejecutan el don de la genialidad atlética deban por fuerza ser ciegos y mudos acerca del mismo: y no porque la ceguera y el mutismo sean el precio a pagar por el don, sino porque son su esencia”. Bielsa asume el rol que propone Foster Wallace y le sube la apuesta: no sólo pretende decodificar la genialidad atlética, sino también clonarla.

Lo primero que acepta Bielsa es que el proceso de clonación nunca será completo. Hay cosas que no se pueden enseñar: la intuición, el coraje, la gambeta. “La gambeta es lo más lindo del fútbol y no se puede enseñar”, dice. Tiene, incluso, una mirada romántica sobre este tema que lo acerca a sus detractores: la gambeta como patrimonio de los niños que sólo tienen una pelota para entretenerse, del potrero; la gambeta como una consecuencia positiva del subdesarrollo. Pero todo el resto se puede clonar, total o parcialmente, dependiendo de las cualidades del órgano receptor.

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Después de la cuarentena, Leeds ganó casi todos los partidos que disputó, consiguió el ascenso a primera y ahora todo es amor, abrazos y celebración. Fotografía de Lee Smith / Reuters.

Intentemos bajar el experimento a la práctica. Podríamos pensar en los movimientos de Romario dentro del área o en la conexión entre Messi y Jordi Alba, pero tomemos un caso defensivo e individual para mayor simpleza. Entonces, se estudia qué hace Virgil Van Dijk, quizá el mejor zaguero central de la actualidad, en situación defensiva a campo abierto. En cientos de partidos, miles de resoluciones, se empiezan a encontrar patrones en los cruces de las variables: si el que lleva la pelota está solo, ocho de cada diez veces Van Dijk hace X; si hay un posible receptor, nueve de diez veces hace Y; si el que ataca es zurdo, hace Z, etc. Detrás de esa naturalidad con la que Van Dijk parece adivinar lo que van a hacer los rivales, aparece una lógica y esa lógica, esa forma de resolver ante cada escenario, es lo que se le puede enseñar a los defensores terrenales. Para lograr la inoculación de este conocimiento, es esencial que el jugador viva los ejercicios, sin actuar, sin memorizar; el jugador siente el ejercicio, percibe, incorpora, y luego, en el partido, en una fracción de segundo, toma la decisión correcta (reacciona, diría Warren Beatty) sin saber bien por qué lo hizo. El resultado del experimento, por supuesto, va a depender de las condiciones del jugador inoculado, pero si trata de optimizar los recursos con los que se cuentan, ese debería ser el parámetro como para evaluar su validez. Es decir, alcanza con que tu defensor terrenal se parezca un poco más a Van Dijk para que el procedimiento valga la pena.

9.

En la terraza de un hostal en Lima hay tres argentinos, un peruano y dos alemanes que hablan un español correcto. Uno de los argentinos soy yo; otra, mi novia; y la otra, una chica que vive en Perú que está contando una historia sobre un tal Marcelo que organiza viajes espirituales a un pueblo en las montañas. Mientras la chica habla, pienso: “¿Qué Marcelo?” y “¿Qué pasaría si hago esta pregunta la próxima vez que lo nombre?, ¿cómo evaluar a lo Bielsa las probabilidades de éxito de este chiste?”.

El primer problema es regional. Si en una conversación rioplatense alguien pregunta: “¿Qué Marcelo?”, el otro responderá: “¡Agachate y conocelo!” La efectividad de la broma está delimitada por la lengua. Para que funcione, hace falta la rima y para que haya rima, hace falta el imperativo grave: “conocelo”, una conjugación que se usa sobre todo en Argentina y Uruguay. El objeto omitido en la respuesta es el miembro sexual y uno puede hacer el gesto de agarrárselo cuando dice el remate, pero se trata de una broma inocente, juvenil. Un ritual de amistad. Una persona, cualquiera fuese su país de origen, podría hacer el experimento social de dejar flotando la pregunta “¿Qué Marcelo?” frente a un grupo de argentinos. Quizá, por delicadeza, nadie diga el remate en voz alta, pero podrá notar que todos lo están pensando; el remate aparecerá en sus cabezas como una reacción inevitable, escolar, identitaria. Éste es el segundo problema: por más que se explique, es un tipo de chiste que sólo tiene gracia si te llega a tocar el nervio blando de la infancia.                      

Entonces, supongo que las argentinas van a entender la intención de mi pregunta. Mi novia tiene un 100% de probabilidades, creo. La chica que habla también organiza viajes espirituales a las montañas, pero, antes que nada, es argentina. Por primera vez en la historia, un Papa, el siervo de los siervos de Dios, conoce el chiste de “¿Qué Marcelo?”, y si le encuentra la vuelta a la traducción, podría convertirlo en un exitazo humorístico entre los curas y obispos de la Iglesia católica. Tanto a la chica como al Papa les voy a dar un 95% de probabilidades.

Por lo que puedo entender, el peruano es el novio de la chica argentina y vivió mucho tiempo en Estados Unidos. La primera variable aumenta la probabilidad y la segunda, la disminuye. Le voy a dar un 35%. Las probabilidades de los alemanes son remotas, aunque no iguales. Uno de ellos dice “boludo” en casi todas sus oraciones desde que sabe que está hablando con argentinos, tiene un diente de tiburón colgando del cuello y al menos dos prendas con figuras de llamas y otros motivos andinos. Pareciera ser uno de esos gringos que se quieren distanciar de los turistas tradicionales y, en ese afán folclórico, es más probable que haya estado expuesto a la broma de “¿Qué Marcelo?”. Le voy a dar un 12%. El otro alemán, por ahora, no ha abierto la boca y parece salido de un video de Krafwerk: 3% para él.

¿Y cómo va a reaccionar la chica que habla si, como es de suponer, reconoce la intención de mi pregunta?; ¿hará el remate? Se trata, en principio, de una broma masculina, pero esto se ha ido diluyendo. ¿Se sentirá ofendida? Le podría molestar el remate, pero no la invitación a hacerlo. Lo más probable es que sonría apenas y siga hablando sobre Marcelo y las montañas. Quizá el chiste elemental la lleve a pensar en Buenos Aires, cuando era más joven y la vida, menos complicada. Quizá se sonroje, ya que, por más lavado que esté, el chiste tiene una referencia sexual. Y en ese caso, ¿cómo irá a reaccionar el novio? Si no lo entiende, quizá se sienta excluido y le pregunte por qué se sonrojó así ante la pregunta “¿Qué Marcelo?”. Es bastante mayor que ella y parece del tipo posesivo. Quizá se guarde la duda en algún lugar del pecho y recién la haga estallar en la próxima discusión, ya sea por conveniencia o por pura rabia.

La charla sobre Marcelo y sus viajes a las montañas ya lleva unos cincos minutos y siento que se está por agotar. La chica habla de la sucesión de pasos necesarios para llegar a la plenitud espiritual, pero no vuelve a nombrar a Marcelo. Traen más cervezas y la conversación deriva en otro tema. ¿Qué me diría Bielsa ahora? En el campo de juego, el exceso de análisis te paraliza. ¿Qué me diría Warren Beatty? En la noche, los grandes no piensan, reaccionan. Siento que perdí mi oportunidad de brillar. Pero justo antes de despedirnos el alemán del diente de tiburón pregunta sobre unos rituales con Ayahuasca y la chica argentina le dice que eso también forma parte de los viajes de Marcelo.

10.

Es 1998 y el Rifle Pandolfi, exquisito delantero de Vélez, acaba de salir de la ducha después de un partido. Se está peinando frente al espejo en el vestuario; pelo largo y escaso, se acomoda con un peine fino su corte a lo Nicolas Cage. Llega su director técnico, Marcelo Bielsa, y empieza a peinarse a su lado con un peine ancho. Lo mira y le dice: “¿Peine fino, Pandolfi? Poco pelo, peine ancho. Peine fino, no sirve. Peine ancho”.

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“Debería haber un castigo contra aquél que ignore la belleza del juego para obtener el triunfo”, dice Marcelo Bielsa. Fotografía de Molly Darlington / Action Images.

11.

“Debería haber un castigo contra aquél que ignore la belleza del juego para obtener el triunfo”, dice Bielsa. No lo dice en serio, creo, sino como si jugara a ser un tirano virtuoso que toma por asalto el mando de la FIFA. Su compromiso estético con el juego es indudable, pero ¿se puede alcanzar la belleza a través de procedimientos mecánicos? Éste es un dilema casi metafísico que se presta para todo tipo de charlatanería.

La Máquina de River Plate de la década del cuarenta; el Real Madrid de Di Stéfano; la Naranja Mecánica de Holanda; el Milan, macchina de Arrigo Sacchi; el Ajax de Van Gaal: los equipos que influenciaron a Bielsa guardan cierta semejanza. A todos se los comparaba con máquinas por la forma de sincronizar sus piezas y, a la vez, todos eran equipos capaces de provocar en los espectadores el placer sensorial, intelectual o espiritual que implica la belleza por definición.

Pep Guardiola dijo públicamente que Bielsa era el mejor entrenador del mundo. Bielsa se siente incómodo ante este elogio, dice que no lo merece pero, internamente, debe sentirse gratificado. El año pasado, Dani Alves, prodigioso lateral derecho brasileño, dijo en una entrevista: “Yo hacía mucho un pase que a Guardiola no le gustaba y que al día de hoy sigue sin gustarle: el pase del lateral hacia la punta. Ése es un pase falso. Para llevar la pelota a la punta sin arriesgar la posesión, el pase debe ir del medio para el lateral y del lateral para el medio. Yo conectaba mucho con Messi ese pase falso. Y cuando Guardiola me reclamaba yo le decía: ‘No, míster, disculpe, pero si Messi pasa dos minutos sin tocar la pelota se desconecta del partido’”. Además del consejo involuntario para la selección argentina, esta declaración muestra dos cosas. La primera es que el Barcelona de Guardiola era también una especie de máquina con cientos de normas y mandamientos; una Deep Blue aplicada al fútbol; un aparato tan plástico y magnífico que te hacía olvidar su propio carácter artificial. La segunda es que hasta el mecanismo más perfecto necesita siempre la revisión intuitiva de los grandes jugadores.

Mi amigo R (tercera generación de fumadores de Parisiennes) sostiene que su ideal de belleza no es el del Barcelona sino el del fútbol brasileño que admirábamos (sin decirlo) cuando éramos chicos. Yo comparto este sentimiento, aunque sea por pura nostalgia. La gran diferencia entre un modelo y el otro, para tomar un parámetro conciso, es la cantidad de gambetas por partido. “Eliminar al rival por medio del pase es el sustituto de la gambeta. Cuando uno no puede gambetear porque no tiene talento, gambetea a través del juego asociado”, dice Bielsa. “La gambeta es una herramienta que soluciona todo, pero el problema es que nadie gambetea, con excepción de Messi y Neymar”, dice Bielsa y supongo que debe estar exagerando, pero su sentencia también deja entrever el nivel de eficacia que pretende de un gambeteador.

Los equipos de Bielsa pueden ser ofensivos y hasta deslumbrantes, según mi amigo R, pero nunca bellos. Ni siquiera esa selección argentina que arrasaba con todo antes del Mundial de 2002 era agradable a la vista. Era como ver a una excelente pareja de tango noruega. Era como ver a Simone, la hermosa chica virtual de la película de Al Pacino. Le faltaba esa cosa nuestra. Le faltaba Riquelme, dice mi amigo R y en eso estoy de acuerdo.

12.

En la década del noventa, Bielsa miró más de 200 partidos del Ajax de Van Gaal que le mandaban en VHS desde Europa. A partir del partido 150, le pidió a un colaborador que le anotara los minutos en que Van Gaal hacía los cambios. Entonces miraba los partidos sabiendo el resultado y jugaba a adivinar los cambios un minuto antes de que sucedieran. Cuando Bielsa cuenta esta historia en el estadio del Ajax dice: “Le pedí a un colaborador…, bah, a mi mujer…” y ante ese chispazo de sinceridad, a diferencia de lo que había sucedido con el chiste de Basile, el público sí se ríe.

En 2002, Bielsa excluyó a Riquelme del Mundial de Corea y Japón, y de esta manera anticipó una decisión que Van Gaal tomaría unos meses más tarde en el Barcelona. “Estos videos son todos de usted. Es el mejor jugador del mundo cuando tiene la pelota, pero cuando no la tiene, jugamos con uno menos. Acá tengo un sistema y confío en él. Usted tiene que jugar de extremo izquierdo”, le dijo Van Gaal a Riquelme, y es razonable pensar que Bielsa tendría un argumento similar. Usted tendría que jugar de extremo izquierdo, le estaba diciendo a Riquelme; es decir, usted no puede jugar conmigo.

No hubo gran revuelo cuando Riquelme quedó fuera del Mundial. En ese momento, a Bielsa lo consideraban un genio y a su equipo, el mejor del mundo. Con el diario del lunes las cosas cambian, pero hay algo que se le puede reclamar a Bielsa desde la más pura lógica. Como sabemos, en el último partido del grupo, Argentina necesitaba ganar y a Suecia le alcanzaba con el empate. En el primer tiempo, Argentina llega por todos lados, hay al menos tres situaciones de gol de Sorín, el jugador que mejor pisaba el área en ese equipo. En el segundo tiempo, a Argentina le faltan ideas. Suecia hace un gol y se repliega. Si Bielsa tiene un listado de formas de vulnerar una defensa cerrada, es probable que incluya estas tres: pase filtrado milimétrico, remate de media distancia y ejecución precisa de pelotas paradas. Tres funciones que eran la marca distintiva de Riquelme y que, en ese equipo, por lo general cumplía Verón, un poco peor y que, además, estaba jugando muy por debajo de su nivel. Quiero decir, es entendible que, dentro de la lógica de Bielsa, Verón fuera el titular, porque había demostrado su valor en las eliminatorias y cumplía, además de estas tres funciones, una tarea defensiva que Riquelme no podía hacer, pero ante el previsible escenario de una defensa que se cierra para dejarte afuera del Mundial, ¿qué argumentos puede haber para privarse de un jugador que tiene en su ADN las probables soluciones para este problema?

marcelo bielsa mundial 2002

Si Bielsa tiene un listado de formas de vulnerar una defensa cerrada, es probable que incluya estas tres: pase filtrado milimétrico, remate de media distancia y ejecución precisa de pelotas paradas. Fotografía de Pascal Rossignol / Reuters.

13.

Cuando era niño, Marcelo Bielsa se escapaba por una ventana de su casa para ir a jugar al fútbol al potrero. Cuenta José, su mejor amigo por aquel entonces, que un día Marcelo estaba por patear un corner y un policía se le puso en el camino. Una vecina, cansada de los pelotazos, los había denunciado. Todos salieron corriendo, salvo Marcelo, que le insistió al policía que tenía que patear el corner. Se lo llevaron detenido y le confiscaron la pelota. Cuando el padre lo fue a sacar de la comisaría, se negó a abandonar el lugar hasta que le devolvieran la pelota. “Cuando volvió, seguimos jugando. Siempre tuvo ese carácter”, recuerda José. Tozudez y tenacidad. No es de extrañar que desde niño mostrara estas cualidades, que son, al mismo tiempo, su fortaleza y su talón de Aquiles. Lo que no me explico es por qué Bielsa estaba pateando el corner y no buscando el cabezazo.

14. 

“La eficacia es, desde luego, factor principal en la administración pública; pero la eficacia es un precepto puramente administrativo, no jurídico ni moral y esto último debe ser la esencia de la actividad de la administración”. La cita, que traigo acá más por su forma que por su contenido, corresponde a Rafael Bielsa, abuelo de Marcelo y jurista reconocido a nivel mundial en materia de derecho administrativo. A fines del siglo pasado, yo estudiaba derecho y tuve que leer su tratado de derecho administrativo, la Biblia de la doctrina bielsista: tres grandes tomos de prosa refinada en los que parecía querer decirlo todo. Como estudiante, encontré la siguiente dificultad: sus ideas eran demasiado largas para ser citadas y, a la vez, eran imposibles de sintetizar. Las construcciones lógicas estaban tan meticulosamente levantadas que uno se sentía un profanador si retiraba un inciso dentro de una oración o una oración dentro de un párrafo.

Marcelo Bielsa asumió como técnico del seleccionado argentino en octubre de 1998. Al año siguiente, mientras yo estudiaba a su abuelo, empezó a usar las conferencias como único modo de relacionarse con la prensa. Para alguien que ya estaba interesado en el discurso, era imposible no hacer la conexión: otro tema, el mismo lenguaje y método; la misma estructura y honestidad, la misma belleza mecánica en el fraseo. Se dice que Bielsa empezó con las conferencias de prensa porque un periodista publicó una charla extraoficial. Había, además, una razón de principios: “Todos los medios de comunicación merecen tener la misma atención, desde el más prominente canal de televisión de la capital, hasta el más pequeño de provincia”, dijo Bielsa. Y también debe haber entendido, sobre todo después del fracaso en el Mundial de 2002, que esa dinámica era una cuestión de supervivencia. “Señores periodistas, ¿quieren hablar de fútbol? Hablemos cinco horas si hace falta. Éste es mi ring: vengan todos juntos y los atiendo de a uno”. Esto no lo dijo Bielsa, pero quizá lo pensó o, al menos, ésa es mi conjetura. Pero sí dijo esto: “El arma suya como periodistas es la palabra escrita. Mi arma es la palabra hablada. Yo uso 50 frases para redondear una idea y después ustedes tienen que ponerla en una línea”.

El mismo problema que tenía hace 20 años con el abuelo, lo tengo ahora con el nieto. Por eso no voy a detenerme en citas memorables. La palabra hablada de Bielsa, casi un género literario, se puede encontrar en infinidad de videos en YouTube. Hay conferencias de prensa completas, hay fragmentos, hay compilados de momentos graciosos, emotivos, aleccionadores; hay un video titulado “Marcelo Bielsa: valores y convicciones” que adornaron con violines de fondo sin ironía alguna.

Hay también varias horas del dueto de Bielsa con el francés Salim Lamrani. Lamrani, doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos en La Sorbonne, conoció a Bielsa en Francia y empezó a “hacerle de traductor” en sus conferencias de prensa en el Marsella. Hasta allí era sólo una historia pintoresca. Pero cuando el Leeds contrató a Bielsa, se llevó a Lamrani como intérprete. Entonces tenemos un discurso complejo en español traducido en vivo al inglés, frase por frase, por un francés que no es traductor y que ni siquiera parece tener al inglés entre sus dos primeras lenguas. ¿Por qué alguien tan obsesionado con la precisión de su mensaje (alguien que dice “prefiero que nadie me conozca a que me conozcan equivocadamente”) usaría como intérprete a alguien que no es un profesional en la materia? ¿Priorizó la lealtad por encima de la eficiencia? Sea como fuere, es mucho lo que se pierden los ingleses en la traducción. Entre los comentarios a estos videos de YouTube hay traductores matriculados que ofrecen sus servicios de manera gratuita y también hay gente que dice cosas como: “Salim y el Loco: entrañable relación humana. Los amo a los dos”.

marcelo bielsa tecnicas

“Señores periodistas, ¿quieren hablar de fútbol? Hablemos cinco horas si hace falta. Éste es mi ring: vengan todos juntos y los atiendo de a uno”. Fotografía de Ivan Alvarado / Reuters.

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Ya sé que dije que no lo iba a hacer y sin embargo: “El mismo argumento que se utiliza para amplificar un comportamiento en la victoria es el que se utiliza para condenar el comportamiento en la derrota. Y lo traduzco. Si Neymar recupera la pelota, contraatacamos y hacemos un gol y ganamos ocho partidos seguidos: ‘Mirá, lo domesticó a Neymar; hizo que Neymar fuera colectivo en vez de individual. Pero el día que pierda: ‘Este burro, en lugar de hacerlo jugar a Neymar al lado del arco, lo hace perseguir al marcador de punta rival’. Y eso es la especialidad de los medios de comunicación”.

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“He sido protagonista del peor fracaso de la historia de la selección”, dijo Bielsa muchos años después de que Argentina quedara fuera en la primera ronda del Mundial de 2002. Cuentan los jugadores que después del partido con Suecia lo vieron llorar en el vestuario como nunca habían visto llorar a un director técnico. Bielsa reunió al grupo y les explicó por qué pensaba que habían quedado fuera del Mundial. Germán Burgos, al que Bielsa le había sacado la titularidad (es decir, el sueño de atajar en el que seguramente sería su último Mundial), fue el primero en pararse y darle un abrazo. “Le pegó un abrazo que nos pusimos a llorar todos”, cuenta Simeone y en los relatos de los otros jugadores se puede sentir lo mismo: estaban tristes por ellos mismos, por supuesto, estaban tristes por el grupo y la gente pero, sobre todo, parecían estar tristes por Bielsa.

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En una entrevista radial, el extenista Gastón Gaudio contó que, en medio de una charla privada, Marcelo Bielsa le reveló las cinco formas que existen para ser feliz:

-“La primera es dar. Encontrar a alguien en la calle y dar. Eso te da una satisfacción que te acerca a la felicidad. Pero no la pude cumplir porque al final siempre acabo dándole a la gente que conozco”, dice Bielsa, según Gaudio. En internet se pueden encontrar decenas de testimonios de este tipo: “Le dije que me gustaba ver películas pero que se me había roto el aparato y al día siguiente apareció Marcelo con una videocasetera nueva”. Dinero, trabajo, autos, medicamentos, infraestructura, utilería; la gente habla de él como si fuera una especie de jesuita. Cuentan su historia, evangelizados, y les brillan los ojos cuando lo recuerdan.

-“La segunda es la fe. Creer en algo: Dios, la religión. Cuando Argentina quedó fuera del Mundial me encerré en un convento por tres meses. Pero llega un momento en que estás tan solo que empezás a hablar con vos mismo y no se puede aguantar”, dice Bielsa, siempre según Gaudio. No cuesta mucho imaginar a Bielsa como seminarista,:la sotana negra, la papada blanda sobre el alzacuellos o quizá, más informal, como un cura del tercer mundo, durmiendo en camas de una plaza en habitaciones despojadas, muy parecidas a las que se hace preparar en los complejos deportivos donde siempre termina viviendo.

-“La tercera es la familia y el amor. Pero después de un tiempo te aburrís. Ese enamoramiento es la felicidad plena pero, seamos sinceros, eso dura un año”, dice Bielsa, más que nunca según Gaudio Bielsa tiene esposa e hijos. Me lo imagino estricto, justo, leal, mañoso para la convivencia. ¡Hay tres formas de untar una tostada! Me lo imagino ausente, con la cabeza y/o el cuerpo en el fútbol. Recuerdo lo que decía una de las hijas del Che Guevara: no se puede ser un buen revolucionario y un buen hombre de familia.

-“La cuarta es el éxito profesional. Para mí, salir campeón con Newell’s era la felicidad total. Dirigir la selección era mucho más de lo que había soñado. Pero el éxito no se puede mantener para siempre”, dice Bielsa según Gaudio.

-“La quinta la estoy buscando y todavía no la pude encontrar”, dice Bielsa, siempre según Gaudio, para rematar una historia que Paulo Coelho podría transformar casi sin esfuerzo en una novela existencialista para millones.

“He sido protagonista del peor fracaso de la historia de la selección”, dijo Bielsa muchos años después de que Argentina quedara fuera en la primera ronda del Mundial de 2002. Action Images.

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Bielsa bien podría ser un personaje del escritor norteamericano David Foster Wallace, un hombre que no puede dejar estímulo sin analizar: hay siete formas de controlar la pelota con el pecho, tres formas de reaccionar a un golpe en la cabeza; hay 78 formas de coger, dos formas de hacer el amor; hay ocho maneras de ejecutar un tiro libre; hay nueve posibles reacciones ante el estímulo de una caricia en el cuello; hay dos respuestas ante la sangre rival; hay tres tipos de nostalgia; hay ocho formas de vulnerar una defensa que achica hacia adelante.

Un hombre de una autoconciencia intolerable, un hombre empecinado en decodificar la genialidad. Un director técnico de culto, director de directores, abanderado del juego limpio, espía confeso, gurú incómodo; un hombre que cuanto menos títulos gana más prestigio obtiene. El más duro y el más sensible de los directores, como Clint Eastwood: muy máquina y muy humano, los dos elementos en constante fricción.

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Cuando Bielsa renunció a la selección argentina en 2004 pensé en escribirle una carta. Creo que llegué a hacer un borrador. En ese momento, no sabía bien qué hacer de mi vida y sentía que, si tenía la oportunidad de hablar con él por un par de horas, podía convencerlo de empezar a trabajar como su colaborador. En mi cabeza, nuestro encuentro era una especie de Notting Hill futbolístico e intelectual. Una historia como la de Salim Lamrani. Ahora ya no tengo esa fantasía. Salvo que agarre la selección de Uruguay, donde vivo hace tiempo. Ahora que lo pienso, eso tendría muchísimo sentido. De cualquier manera, siento que debo terminar estas páginas como si fueran esa carta.

Gracias por todo, Marcelo.
Le deseo lo mejor.

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