Marcelo Bielsa, diecinueve formas de ser - Gatopardo

¿Qué Marcelo? Diecinueve formas de ser Marcelo Bielsa

La gente habla de Marcelo Bielsa como si fuera una especie de jesuita: cuentan su historia, evangelizados. Es el director técnico detrás del éxito del Leeds, del fútbol británico. Después de la cuarentena, ganó casi todos los partidos, consiguió el ascenso a primera y ahora, todo es celebración. El método Bielsa es estar siempre ante una empresa imposible. Y el rigor científico, su gran sello.

 

 

1

Marcelo Bielsa da una charla en un evento organizado por la Confederación Brasileña de Fútbol. Usa ropa holgada de algodón; zapatillas, pantalón y buzo, todo de marca Adidas, lo más sobrio y funcional de su catálogo. Uno puede imaginar una larga mesa de expertos en mercadeo y tendencias debatiendo en las oficinas de Adidas: parece un dominguero de principios de los noventa, un hombre a punto de lavar su Ford Sierra en la puerta de la casa; parece cómodo también, por momentos, feliz. Quizá el nuevo Wes Anderson vista a sus personajes así.

“Yo sé que los esquemas tácticos en el fútbol son 10, no hay más que 10”, dice Bielsa, quien en los últimos 40 años vio unos 50 mil partidos junto con colaboradores y lo hizo con un método, registrando siempre cómo estaba parado cada equipo. Con base en esos estudios ha llegado a la conclusión de que los esquemas son 10, ni más ni menos. Para darle nombres propios a su demostración, toma el ejemplo de los últimos partidos del seleccionado brasileño y aprovecha la presencia del propio seleccionador, Tite, para pedirle que lo corrija si incurre en alguna equivocación.

Es inútil la pretensión, por parte de los entrenadores, de imponer un esquema inamovible, porque el juego mismo te lleva al cambio, dice Bielsa, y cita a otro extécnico de la selección argentina, Alfio “Coco” Basile: “Yo, a los jugadores, los pongo donde creo que es lo mejor, pero ellos se mueven”. El público en las gradas no reacciona. Bielsa explica el chiste y el silencio es aún mayor. Gira hacia la pantalla como para seguir la charla, pero algo lo detiene: su mente se quedó escaneando la relación estímulo-resultado del chiste de Basile. Entonces se vuelve al público y dice: “Normalmente, debería haber generado una sonrisa que no provoqué, lo cual quiere decir que no lo conté lo suficientemente bien, porque los que lo cuentan bien esto, provocan que se rían”.

2

Marcelo Bielsa nació el 21 de julio de 1955 en Rosario, hijo de una docente y un reconocido abogado. A los 13 años arrancó en las divisiones inferiores de Newell’s. Por un tiempo, dejó la comodidad de su casa y se fue a vivir a la pensión del club. El 29 de febrero de 1976 debutó en primera. En ese partido jugaron otros futuros técnicos (o ayudantes técnicos) de la selección argentina: Passarella y Sabella para River, el Tolo Gallego para Newell’s. Dos años después, se lesionó la rodilla y pasó al Instituto de Córdoba. Tras 16 partidos, perdió la titularidad y rescindió su contrato. A su carrera como jugador sólo le quedaba un breve pasaje por el Argentino de Rosario, donde anotó su único gol oficial. Mientras jugaba sus últimos partidos, empezó el profesorado de educación física. A los 25 años, tras una nueva lesión, colgó los botines y puso un quiosco de diarios y revistas.

¿Cómo era el Bielsa jugador? Así lo definen algunos de sus excompañeros: “Era un dos zurdo, algo muy raro. Iba bien de arriba, pero por abajo era más limitado”. “Le gustaba hablar en difícil. Se paraba frente al técnico y decía: yo disiento”. “Una vez nos planteó a los jugadores que deberíamos reclamarle al técnico mayor preparación física”. “Un día vino la barra a apretarnos al vestuario. Él se plantó con uno de los capos y le dijo: deje el arma si vamos a hablar”. “Sabía todo sobre los rivales: cuál era su pierna hábil, si tenían amarilla; sabía todas sus flaquezas y virtudes”. “Nosotros llevábamos los bolsos cargados de casetes y él, en cambio, los tenía cargados de libros”. “Malo, muy malo”, se definió el propio Bielsa cuando le preguntaron. Jorge Griffa, su gran maestro, lo recuerda como “un zaguero temperamental, de velocidad aceptable, quizá un poco falto de la reacción y giro que requiere su puesto”.

Veo una foto de ese Newells’-River del ’76: Sabella desborda por la punta izquierda; por la posición del cuerpo es probable que esté a punto de tirar un centro con zurda o de amagar un centro y profundizar aún más su carrera. Bielsa lo está cruzando para tratar de impedir el centro o el desborde. Sea cual fuere el desenlace, se nota que Bielsa está llegando tarde. Se nota, además, que Bielsa sabe que está llegando tarde. Se nota (si forzamos el zoom) que Bielsa sabe que, a pesar de estar tapado por el Beto Alonso, Alejandro Sabella tiene una zurda exquisita y un arranque en velocidad muy superior al suyo; es decir, Bielsa sabe que aún haciendo al pie de la letra todo lo que debe hacer, no será capaz de cumplirlo de manera eficiente y que esto le va a suceder la mayor parte de las veces que enfrente a un jugador de primer nivel. Bielsa es espantosamente consciente de su propia ineficacia; la irá comprobando contra rivales de cada vez menor categoría y, entonces, toma su primera decisión como director técnico: a los 25 años, se saca a sí mismo del equipo, de todos los equipos.

CONTINUAR LEYENDO
COMPARTE

Recomendaciones Gatopardo

Más historias que podrían interesarte.