Refugiados climáticos: los parias de este siglo - Gatopardo

Refugiados climáticos: los parias de este siglo

Las altas temperaturas están detrás los últimos desastres naturales en América Latina: incendios forestales, vendavales, inundaciones y deslizamientos. Eventos como el del huracán Iota se han vuelto cada vez más fuertes y frecuentes. En Colombia, por ejemplo, ninguna dependencia gubernamental está contabilizando a los refugiados climáticos. Es un fenómeno invisible. Para 2050 se estima que cerca de 216 millones de personas en el mundo tendrán que abandonar sus tierras por cuenta del clima.

 

 

Colombia es un país de lluvias torrenciales. Una de las razones para que eso sea así es que está ubicado al norte de la cordillera de los Andes, donde las montañas se dividen en tres ramas boscosas y húmedas, donde se juntan los vientos que provienen del Caribe y el Pacífico. Justo allí, en la región andina, puede llover hasta 250 días al año, lluvias que se intensifican en el macizo, estrella hídrica donde nacen ríos como el Cauca y el Magdalena, que recorren todo un costado del país, bañando a cientos de caseríos que conviven con las crecientes desde hace décadas. Pero todo ha cambiado en los últimos años: los tiempos de sequías arreciaron y también aumentaron los desbordes de los ríos. Al cierre de esta edición, en lo que va de 2021, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ha reportado un 40% más de lluvias que en 2020. 

Los años más lluviosos en Colombia fueron 2010 y 2011, según el Ideam; en esa época el desbordamiento del río Magdalena inundó más de setecientas mil hectáreas y el desastre se comparó con el paso del huracán Katrina, que destruyó Nueva Orleans, en Estados Unidos. Solamente en el departamento del Atlántico, más de 92 000 personas resultaron afectadas de algún modo: perdieron la casa, las cosechas, los animales de cría. Como las inundaciones fueron paulatinas, nadie murió, pero cientos terminaron por abandonar sus casas rurales para buscar vivienda en ciudades como Barranquilla y Cartagena. Otra tragedia ligada a las lluvias ocurrió la noche del 31 de marzo y la madrugada del primero de abril de 2017 en Mocoa —capital del departamento del Putumayo—, cuando llovió tan intensamente que los ríos Mocoa, Mulato y Sangoyaco se salieron de su cauce y se transformaron en uno solo. Fue una gigantesca avalancha de agua y lodo que hizo desaparecer diecisiete barrios y mató a cuatrocientas personas. En el primer caso 552 175 casas se cayeron o sufrieron daños y más de cincuenta mil familias tuvieron que reubicarse en zonas urbanas. En el segundo, en Mocoa —que perdió casi la mitad de su infraestructura: casas, colegios, acueducto—, la reconstrucción no se ha terminado, se estima que lleva 20%, y la comunidad calcula que hay más de cien personas desaparecidas cuyos cuerpos nunca se recuperaron. 

Ahora las lluvias, cuando aparecen, son torrenciales, portentosas, y arrastran animales, tierra, rocas, casas, cuerpos. En el mar traen tormentas tropicales, huracanes inéditos.  

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