SAPE. La sociedad de juerguistas elegantes

Los sapeurs congoleses y el poder colonizador de la elegancia.

EL LICENCIADO está contento: es viernes, una mujer que llegó a visitarlo de sorpresa coquetea con él, y un periodista está interesado en los entresijos de su elegancia. Jocelyn Almir, alias el Licenciado, tiene cincuenta y un años, mide un metro con sesenta y cinco centímetros y bajo un traje de tres piezas de corte ceñido oculta muy bien una barriga apenas pronunciada. Es, en ese mundo del vestir refinado, una autoridad y un motor. Habla con elocuencia, se apasiona, gesticula con manos, ojos y caderas y posa ante la cámara con alarde de rapero viejo.

En su tienda, un local modesto con piso de baldosa y anaqueles de aluminio copados con trajes, camisas, corbatas y zapatos que cubren todo el espectro de la paleta cromática, el volumen de un televisor permanece a tope. Las imágenes se suceden en bucle mostrando, con el registro viscoso del video casero, orquestas de africanos con trajes y camisas floreadas que tocan algo parecido al calipso. Cada tanto, mientras no hay clientes, el Licenciado se mira en un espejo, se pone las manos en la cintura y arranca un bailecito rústico como el de “El meneíto”: dos pasitos para un lado, dos pasitos para el otro, media vuelta, saltito. Cuando entra alguien, para y saluda diciendo: “Buenos días, el venerable Licenciado“.

Él es el propietario de la marca y la boutique Connivences. Si las matrices de Dior o Chanel son templos de la alta costura, su tienda es un santuario de la SAPE: un culto a la elegancia con adeptos que lo practican como estilo de vida.

Sape es una palabra del argot francés utilizada de manera general como sinónimo de vestimenta, pero que, retomada por ciertas poblaciones de África Central y sus comunidades asentadas en Europa, designa a un fenómeno sociocultural en el que el éxito y el prestigio se miden en función de la belleza del atuendo. Su puntal es el sapeur, individuo apasionado por el buen vestir que lleva a la SAPE en el alma y la conciencia. Ésta, nombrada con mayúsculas, es la Société des Ambianceurs et des Personnes Élégantes, algo así como Sociedad de Juerguistas y de Personas Elegantes, una institución simbólica pensada para otorgarle solemnidad a la pasión. Sin sede ni estatutos. Puro honor y pura gloria.

No cae sobre París un invierno despiadado, pero hay en el ambiente una lámina grisácea y la gente aún no se ha desprendido de sus abrigos oscuros. Por eso él resalta como la luna en plena noche.

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