Temacapulín, Jalisco: Un pueblo que se niega a ahogarse

Un pueblo que no se ahoga

¿Por qué la comunidad de Temacapulín, Jalisco, se rehusa a ser inundada para la construcción de la presa y el acueducto El Zapotillo?

Hortensia le da crédito a sus pesadillas: Soñé que el agua llegaba hasta el Señor de la Peñita. De ahí para abajo estaba todo inundado. Haga de cuenta que los muertos salían de las azoteas escupidos por el agua y mi hija recogía los cadáveres ahogados. Temaca se convertía en un lago, pero sus aguas se postraban a los pies del Señor de la Peñita y de ahí no pasaban.”

Ha soñado con sus hijos enfermos y a las pocas semanas se han enfermado de muerte. También le tiene mucha fe al Señor de la Peñita: una mancha de óxido que apareció en la roca pelada de un cerro y que parece la crucifixión creada por un pintor surrealista. Cuando su hijo estaba desahuciado, Hortensia le rezó al Señor de la Peñita y, milagro, el niño se curó. Hortensia no se quiere ir de Temacapulín, desea que no se inunde, pero ¿entonces en dónde pone su sueño?

De esta azotea salían los muertos, me dice. Hoy viernes 22 de septiembre en ese techo unos 50 kilos de chile de árbol, rojos como brasa encendida, se secan al sol. Son la cosecha de los últimos días. Hortensia y Chuy, su marido, viven en la parte alta de Temacapulín. Desde ahí se ve la iglesia de cantera rosa que remata en una cúpula de mosaico blanco. Si el gobierno cumple su amenaza y este pueblo queda bajo el agua, sólo ese campanario se asomará a la superficie como una minúscula isla desierta.

Además de los chiles, Hortensia y Chuy cortaron 64 sandías, que guardan a la sombra de un cuarto fresco. El fotógrafo Felipe Luna le toma fotografías y ella bromea:

Se va a romper la cámara.

Cómo cree, si usted es muy guapa –le respondo.

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