Tetas y paraíso

¿Qué pasó cuando Natalia Paris, la gran seductora de los colombianos, decidió cambiar el tamaño de sus senos?

"No importa cuánto hagan esas chicas para verse como yo. Nunca serán Natalia Paris"

“No importa cuánto hagan esas chicas para verse como yo. Nunca serán Natalia Paris”

Colombia es uno de los más grandes productores de ropa interior femenina en el mundo, y sus pasarelas no le piden nada a las de Victoria Secret, pero es imposible encontrar un brassiere sin relleno en todo el país —ya he visitado más de una docena de tiendas—. “Nadie los fabrica —me dicen—, porque ninguna mujer los pide”. Todo esto se debe a Natalia Paris, la menuda modelo de Medellín que ha posado en ropa íntima a lo largo de los últimos veinte años. Natalia Paris ha sido y sigue siendo la consentida de Colombia. Aunque prefiere confesar que tiene “varias piedras en el zapato” a decir su edad, sabe que sus días como niñita mimada en liguero están contados. A finales de 2009 decidió abrirse camino como actriz. Yo viajé a Bogotá para presenciar esta transformación.

Llego a la sesión fotográfica en el Bardot Bar, en el barrio de moda del Parque de la Calle 93, para conocer a la mujer que por sí sola transformó la apariencia de las mujeres colombianas. Llego puntual a la cita, a las tres de la tarde, pero la sesión no ha comenzado aún. Natalia Paris me da la bienvenida, se disculpa por la tardanza con una vocecita dulzona mientras el dueño del bar y una batería de productores, estilistas, asistentes, periodistas y diseñadores no ocultan su felicidad por pasar tiempo con la celebridad. La señora del aseo prende incienso porque sabe que Natalia no trabaja sin su olor.

Rodeada de babydolls, corsets, ligueros y una estola de piel blanca, la supermodelo más famosa del país escucha atentamente mientras el fotógrafo Raúl Higuera le dice que quiere que se convierta en Brigitte Bardot. “Es perfecto —ronronea mordiendo una ciruela y mirandome a mí—, al igual que ella, yo quiero pasar de modelo a actriz. Voy a debutar el mes que entra”.

Le pregunto cuál va a ser su primer papel.
—Una rubia tonta —me dice con el susurro sensual que ha hecho famoso.
—¿En ropa interior? —le pregunto.
—Por supuesto —contesta ella.

La BlackBerry rosa de Natalia suena. Su cara se torna seria. “Pónganlo al teléfono”, dice ella en el mismo tonito con que contesta mis preguntas. Dejándose caer sobre los cojines dorados y púrpuras del afamado establecimiento con decoración de burdel, la controvertida modelo colombiana vuelve a ronronear: “Buenas tardes, teniente. Es Natalia Paris”. Después de escuchar por algunos minutos, le agradece: “Ha sido usted de lo más comprensivo”, dice sensualmente antes de colgar.

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