Un cuerpo propio. Mujeres contra el androcentrismo médico - Gatopardo

Un cuerpo propio. Mujeres contra el androcentrismo médico

Eugenia Coppel
Fotografía de Ana Hop

Una cardióloga neoyorquina demostró en 1991 que muchas mujeres morían por infarto en los hospitales. La razón: los síntomas se habían estudiado siempre en hombres y variaban en el cuerpo de las mujeres. Desde entonces, cada vez más médicas e investigadoras trabajan para entender mejor las diferencias fisiológicas entre sexos y para difundir que el sesgo de género en la medicina destruye vidas.

 

¿Qué sucedería si de pronto, por arte de magia, los hombres menstruaran y las mujeres no? De esta pregunta partió Gloria Steinem —periodista, activista y uno de los íconos del movimiento feminista estadounidense— para escribir un ensayo satírico que la revista Ms. publicó en 1978. El texto iluminaba con humor la manera en que un grupo social dominante utiliza sus atributos para justificar su condición de superioridad. Si los hombres menstruaran, en un mundo controlado por ellos, escribió, “la menstruación se convertiría en un evento envidiable, petulante y masculino. Harían alarde de la duración y de la cantidad del sangrado, y los chicos hablarían de esto como el anhelado inicio de la masculinidad. Los regalos, las ceremonias religiosas, las cenas y las fiestas de solteros marcarían el día. Para evitar las bajas laborales de cada mes entre los poderosos, el Congreso fundaría el Instituto Nacional de la Dismenorrea [dolores menstruales]. Los doctores harían menos investigaciones sobre los ataques al corazón, pues los hombres estarían protegidos gracias a las hormonas, y sabrían todo sobre los cólicos”.

Lo que sucede en la vida real es, por supuesto, lo contrario a lo que Steinem escribió en “Si los hombres pudieran menstruar”. A pesar de ser una realidad cotidiana para las mujeres en edad fértil y una función biológica estrechamente relacionada con la reproducción, se le ha considerado un asunto vergonzoso, del que no se debe hablar en público. En muchas sociedades antiguas, segregaban a las mujeres menstruantes con base en supersticiones; en la actualidad, incluso la ciencia médica minimiza los dolores asociados a esta función biológica. Las expertas coinciden en que aun en el siglo xxi son escasas las investigaciones sobre el ciclo menstrual y trastornos como la endometriosis o el ovario poliquístico. No existe a la fecha un fármaco específico para aliviar un dolor que, de acuerdo con la revista American Family Physician, se presenta de forma severa en dos de cada 10 mujeres.

Elizabeth Rosales se encuentra en ese grupo. Desde que empezó a menstruar, a los 11 años, no sólo debió lidiar con la presencia del dolor intenso y recurrente en su vida, sino también con defender la veracidad del sufrimiento, que la paralizaba mes con mes, ante familiares y profesionales de la salud. Como le pasa a la mayoría de las mujeres con endometriosis antes de saber que la padecen, Elizabeth emprendió una larga peregrinación en busca de respuestas científicas y tuvo que escuchar a decenas de doctoras y doctores por igual desestimar una y otra vez sus síntomas. Finalmente, recibió un diagnóstico a los 24 años y esto la llevó a fundar, tiempo después, Endometriosis México, la primera y única asociación de pacientes con este padecimiento en el país.

CONTINUAR LEYENDO

COMPARTE

Recomendaciones Gatopardo

Más historias que podrían interesarte.