Claude Debussy: la historia de un niño prodigio
A los diez años ya había conquistado el Conservatorio de París y la historia apenas comenzaba.
abril 1, 2019

Era 1872, y Madame Mauté de Fleurville, supuesta discípula del gran compositor Frédéric Chopin, se había empeñado en que Claude Debussy, un niño prodigio del piano que a penas hacía dos años había tenido una introducción al instrumento, fuera admitido en la más importante institución musical de Francia. El joven Debussy entró al Conservatorio de París el 22 de octubre de 1872, cuando tenía 10 años.

La infancia de Achille-Claude Debussy no fue para nada ostentosa. Nació el 22 de agosto de 1862. Su padre, Manuel-Achille Debussy, era dueño de una tienda de porcelana en Saint-Germain-en-Laye, ciudad en la que nació el pianista. Su madre, Victorine Manoury, era costurera y con el trabajo de ambos lograban mantener a sus cinco hijos, de los cuales Claude era el mayor.

El negocio del padre no prosperó y en 1868 se mudaron a París, donde comenzó a trabajar en una imprenta. Ahí se involucró en la política y dentro de poco tiempo se volvió uno de los altos mandos de La Comuna, proyecto político popular socialista autogestionario que gobernó París durante un poco más de tres meses en 1871 y por el cual lo condenaron a cuatro años de prisión, aunque sólo cumplió con un año.

Claude Debussy

Sus primeras clases de piano fueron en Cannes, en casa de su tía y madrina Clementina Debussy, a los siete años. Su  familia llegó ahí huyendo de la guerra franco-prusiana que sometía París y fue también ahí donde Antoinette Mauté de Fleurville notó su talento y emprendió la tarea de hacerlo llegar al Conservatorio. Ella era la madre de Charles de Sivry, un compositor y director de ópera reconocido sobre todo por sus obras para ballet, que estuvo en la cárcel con el padre de la familia Debussy.

Las primeras clases de piano que tomó el joven Debussy en el Conservatorio fueron con Antoine François Marmontel –el cual decía que era un chico encantador del cual se podía esperar mucho– y de solfeo con Albert Lavignac. En ambasconsiguió un gran número de reconocimientos. Mientras estudiaba el joven de 18 años conoció a Nadezhda von Meck, una mujer rusa con muchísimo dinero, famosa por ser la patrona de Tchaikovsky. Lo contrató para que fuera el maestro de sus hijos, pidiéndole que acompañara a la familia en viajes, conciertos y eventos, permitiéndole entrar al mundo de la música culta y de élite, a la cual antes no tuvo acceso. Esto lo expuso a las obras de grandes compositores rusos como Borodin, Mussorgsy y otros artistas que se convirtieron en influencias para él. En el verano de 1880 descubrió a Richard Wagner, cuando en Viena vio por primera vez la ópera Tristan e Isolda, del compositor alemán.

En 1884 Debussy recibió el Prix de Rome, una beca del gobierno francés para estudiantes de arte, que aunque comúnmente se le otorgaba a artistas plásticos, ese la obtuvo él por la cantata L’enfant prodigue, de la que hizo la composición musical y Édouard Guinand el texto. Para ese entonces los maestros del Conservatorio no tenían tan buenas opiniones de él, especialmente por su falta de disciplina. “Debussy sería un excelente pupilo si no fuera tan raro y arrogante”, declaró en un reporte su profesor Émile Durand.

Claude Debussy biografía

Claude Debussy en una fotografía de grupo en la Villa Médicis, el 27 de enero de 1885 / Wikimedia Commons.

Además del reconocimiento, el Prix de Rome,  le dio al músico la oportunidad de irse a vivir a la capital italiana para continuar con sus estudios. De inicios de 1885 a marzo de 1887 se hospedó en la Villa Mèdicis y asistió a la Academia Francesa en Roma, aunque con varias ausencias, pues había dejado en París a su enamorada, Marie Vasnier.

La conoció en una clase de canto en la que él acompañaba con el piano y al poco tiempo de conocerla se consideró sucumbido de amor. Vasnier era el apellido de su esposo, Henri, que nunca detuvo a ninguno de los dos en su arrebato amoroso. Al poco tiempo de conocerse comenzaron un romance y ella se convirtió en la musa de Debussy, a la cual le escribió más de 27 piezas en los siete años que duró su relación. Al esposo nunca pareció importarle mucho –o se cuidó ignorante– y mantuvo una muy buena amistad con el compositor y pianista, al cual nunca dejó de apoyar.

La beca que había obtenido exigía que Debussy entregara periódicamente un número de composiciones, sin embargo, el francés consideraba que las influencias que recibía en Roma eran insulsas y sufrió mucho en sus entregas. En 1889 el compositor viajó a Bayreuth, en Alemania, donde escuchó Parsifal de Wagner, y “fue conmovido hasta las lágrimas”, según su biógrafo, Louis Laloy. Cuando regresó a Roma, Debussy conoció a un gran músico de culto con quien conversó de música rusa y quien le enseñó piezas inéditas de grandes compositores de aquellas latitudes. Ambos descubrimientos lo influenciaron profundamente y, desilusionado por la escena musical en Italia, aseguró que una persona no podría amar nunca dos formas tan distintas de arte.

En junio del 85, el compositor francés escribió una carta sobre sus deseos de abandonar la academia: “Estoy seguro que el Instituto no aprobará, pues se trata del camino que ellos ordenan como correcto. ¡Pero no sirve de nada! Estoy demasiado enamorado de mi libertad, demasiado indulgente de mis propias ideas”.

Antes de regresar a París en 1887 entregó la oda sinfónica Zuleima (basada en un texto de Heinrich Heine), la pieza orquestal Printemps, la cantata La Damoiselle élue (que en realidad no terminó hasta 1888) y la pieza para piano y orquesta Fantasie, que estaba fuertemente influenciada por su antiguo profesor y organista Cesar Franck, y que después desestimó. La Academia consideró con estas entregas, que Debussy estaba escribiendo música “bizarra, incomprensible y impresentable”.

Claude Debussy tocando el piano

Debussy en el salón de Ernest Chausson, 1893 / Wikimedia Commons.

Sus piezas tenían formas poco convencionales, en gran parte influenciadas por los viajes que hizo a Europa del Este, pero también por la música oriental a la que tuvo acceso en exposiciones universales en París. Ahí, por ejemplo, conoció la música gamelán, originaria de Indonesia y Bali, y empezó a implementar sus melodías, ritmos y texturas típicas, que se pueden escuchar, por ejemplo, en Estampes (1903).

Su vida personal fue enormemente criticada por ser muy mujeriego. También se le criticaba por su inestabilidad económica y su fascinación por la vida bohemia del París de principios del siglo XX. Leía mucha poesía y solía crear música para sus poemas favoritos. Hizo música para el Ariettes oubliées de Leilán y Cinq Poèmes de Baudelaire; también fue influenciado por Mallarmé y Pierre Louys.

Aunque para principios del siglo XX Debussy ya había compuesto decenas de piezas y había ganado prestigio en el gremio de la música, en el mundo real prácticamente nadie lo conocía. Su nombre no fue famoso hasta la mañana del 30 de abril de 1902, después de que su pieza Pelléas et Mélisande fue interpretada en El Teatro Nacional de la Opéra-Comique. El periódico The Times comentó que esa ópera había “provocado más discusión que cualquier otro trabajo en tiempos modernos, excepto, por supuesto, el de Richard Strauss”. Mientras el Conservatorio hizo esfuerzos inauditos para que los estudiantes no fueran a verla, el grupo de intelectuales Les Apaches –del cual Debussy formaba parte– se dedicó a promocionarla.

Debussy fue rechazado por sus ideas, por su estilo de vida desmedido y poco ortodoxo, pero también fue el niño prodigio que no descansó hasta encontrar una voz propia dentro de la música. Se influenció de las otras artes, especialmente de la poesía y la literatura y llevó la composición clásica y la historia de la música hacia el impresionismo, que rompe con la rigurosidad de las formas tradicionales para darle cabida a nuevas expresiones, más sonidos, tonos y texturas, apelando también a las capacidades de la voz humana.

El músico francés murió el 25 de marzo de 1918, a los 55 años y sus piezas Clair de Lune, La mer, Suite Bergamesque, Prélude A L’Après-Midi D’Un Faune (Preludio a la siesta de un fauno) y Petite Suite, son algunas de las composiciones más famosas del mundo.

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