Edwin S. Porter: el primer director de cine norteamericano - Gatopardo

Edwin S. Porter, el primer director de cine norteamericano

Muchos lo consideran precursor del género Western y de la industria hollywoodense

El productor estadounidense Edwin Stanton Porter es considerado por la historia cinematográfica como el pecursor oficial del género western, joya comercial de la industria del cine durante la primera década del siglo XX. Entre sus aportaciones, logró construir una secuencia lógica través de planos aislados, una estrategia hasta entonces sin precedentes. Poco tiempo después, el éxito de Porter y el western originarían una revolución en la historia del cine: Hollywood.

Porter fue el primero en construir una historia cinematográfica con un lenguaje alternado, esto significa que el sentido de un plano podía ser modificado al unirlo con otros, rompiendo así la continuidad del pionero narrativo francés, George Méliés.

En 1902, Porter produjo su película Life of an american fireman (La vida de un bombero americano), donde utilizó material ya rodado sobre las actividades de los bombero sin romper la lógica de la acción. A pesar de los cortes logró construir para el espectador una dimensión temporal con una narrativa lógica y continua retomando la propuesta de elipsis hecha por la Escuela de Brighton, en Inglaterra: es decir, unió planos y fotogramas aislados para construir una historia. En pocas palabras, planteó por primera vez el montaje cinematográfico.

Más tarde, en 1903, estrenó su  proyección muda The Great Train Robbery. En esta historia de 12 minutos de duración, narra el ataque de bandidos que buscan saquear un tren en movimiento. Las escenas muestran explosivos, tiroteos, cowboys, ladrones en caballos y más que heroísmo, entretenimiento puro, características escenciales de una típica narrativa estadounidense.

“La compleja trama de este filme, el desarrollo de la acción, obligaron al autor a usar una forma simplificada de montaje alternado. Así hizo que las escenas de ladrones, trenes y caballos sucedieran en escenarios naturales, y las de crímenes, sentimientos, o de inspiración  teatral, en decorados pintados. De estos métodos nacería una fórmula completamente nueva”, explican René Jeanne y Charles Ford, en su libro Historia ilustrada del cine.

Las nuevas salas de cine nickel-odeon

Las moving pictures ya tenían personalidad y estilo propios. El éxito comercial de The Great Train Robbery fue considerable y tuvo su inmediata réplica en The Bold Bank Robbery, del productor Sigmund Lubin.

La película de Porter constituyó el programa de inauguración de una sala de doscientas localidades situada en una calle que daba a la 5° Avenida: el primer cine de Nueva York y el inicio de la moda de los nickel-odeon.

En argot americano, un nickel es una moneda de cinco centavos, y un nickel-odeon, un teatro donde por cinco centavos se puede asistir a un espectáculo que se desarrolla sobre la pantalla. Estas salas de entretenimiento pronto nacieron en todo el país: en Nueva York se abrieron cuatrocientos en menos de tres años, y en Chicago más de cien. En total, más de diez mil salas en 1909, a través de los 48 estados del país.

Life of an american fireman de Edwin S. Porter

Life of an american fireman de Edwin S. Porter

Con el nacimiento del western, las salas de cine comenzaron a expandirse por Estados Unidos y al mismo tiempo,  aumentaba la necesidad de alimentarlas con más producciones cinematográficas. Fue entonces que surgió un nuevo mundo par ala industria cultural llamado Hollywood, un acontecimiento que revolucionó e institucionalizó el cine estadounidense (y del mundo).

El género western encontraría en California la escenografía indispensable: pasajes, decorados y extras, porque allí había aún algunas tribus cahuenga y cherokee. Esta razón fue suficiente para que el pequeño pueblo de Hollywood, vecino de Los Ángeles, fuera elegido como centro de escenarios y locaciones por productores y casas cinematográficas, entre ellas las casi recién nacidas Paramount, Universal, Fox y Warner Bros..

La aportación cinematográfica de Edwin S. Porter contribuyó a la consolidación del cine como espectáculo. El único para las multitudes americanas.


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