Festival de Cine de Morelia, FICM 2020 – Gatopardo

FICM 2020: una edición de resiliencia

Se inauguró la más reciente edición del Festival Internacional de Cine de Morelia. En medio de una crisis sanitaria, su selección oficial ofrece un respiro frente al confinamiento y un espacio para pensar lo que viene. Aquí nuestras recomendaciones.

El Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) regresa con 89 películas en competencia. Nada mal para un año en el que los festivales de cine más importantes, desde Cannes hasta Locarno, fueron reducidos o cancelados, o impulsaron esa tendencia híbrida de ver la programación en línea desde casa. El FICM vuelve en consonancia con estas tendencias producto de la pandemia, y ha decidido proyectar parte de su programación en línea y por televisión, de manera inédita. Dadas las circunstancias, quizá resulte útil una guía para orientarse entre tantas posibilidades que ofrece el festival más importante del cine mexicano. No pretendo —ni puedo— abarcar toda su programación, pero me gustaría alertar a los espectadores (que estén en Morelia o vean las transmisiones en Filminlatino, Cinépolis Klic y Canal 22) de algunas de las mejores propuestas en competencia.

Ficción

Quizá porque popularmente se acostumbra a ver más largos de ficción que documentales, la sección que los abarca es la más esperada por el público. Este año las películas abarcan desde los géneros más queridos, como la comedia y el melodrama, hasta originales exploraciones de la narrativa cinematográfica. Hablemos de cuatro historias que abarcan la violencia en México, elegidas no porque la sordidez las haga mejores obras, si no porque en ellas hay un dominio pleno del lenguaje fílmico que se equilibra con la complejidad humana de sus personajes.

Ricochet, de Rodrigo Fiallega, presenta a un holandés que, después de una tragedia, y ante una enfermedad mortal, pasa un día conversando sobre él con la gente en un pueblo mexicano donde vive, para tomar una decisión trágica. Lo más interesante de la película es su narración, que va enterándonos poco a poco de la identidad y las ideas del protagonista, y que construye inteligentemente la tensión antes que la catarsis. Es un suspenso similar al que encontramos en Fuego adentro, de Jesús Mario Lozano, una interesante película sobre la violencia orientada al narcotráfico. Si en la mayoría del cine decidido a explorar los balazos y las decapitaciones nos encontramos tarde o temprano con imágenes explícitas, Fuego adentro, que cuenta la historia de un hombre perseguido por un grupo criminal, expresa las infernales torturas mediante el diálogo y resalta así el valor cinematográfico del lenguaje hablado. Las interpretaciones de Hugo Catalán y Armando Espitia son, claro, fundamentales para evocar la violencia más grotesca mediante las palabras, y lograr un efecto tan escalofriante como el que provocarían las imágenes.

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