Cinco películas para conocer a François Ozon - Gatopardo

Conocer a François Ozon

Estas son cinco de sus mejores películas.

Tiempo de lectura: 5 minutos

La curiosidad ha sido el motor que ha impulsado la carrera del cineasta francés François Ozon, conocido como uno de los pilares de la “nueva ola” del cine galo.

Ozon, nacido el 15 de noviembre de 1967 en París, siempre se ha dejado llevar por sus aficiones y su interés por experimentar en los diversos géneros y técnicas que conforman al cine. Desde su ingreso a la prestigiosa escuela de cine La Fernis y su posterior debut en el cortometraje a finales de la década de los ochenta, el cineasta ha abogado por sus historias retratándolas de manera fiel y sin tapujos, guiándose genuinamente por sus emociones.

Inspirado en el cine de Godard, Cronenberg, Fassbinder y Buñuel, Ozon se ha hecho de un nombre propio como director, guionista, editor y hasta director de fotografía, intentando cuidar hasta el más mínimo detalle en producciones como Sitcom, su primer largometraje; la comedia Mujeres al poder (Potiche); el drama erótico Joven y bella (Jeune & Jolie) y el thriller Amante doble, doble amante (L’Amant double), recientemente estrenado en nuestro país.

A propósito del aniversario de su nacimiento y la espera de la presentación de Alexandre, drama protagonizado por Melvil Poupaud —uno de los colaboradores recurrentes del director—, presentamos cinco películas indispensables para entender la importancia que François Ozon tiene en el mundo del cine contemporáneo.

Mirando al mar (1998)
Desde sus primeros trabajos tras la cámara, el entonces joven cineasta había jugado con el uso de los espacios y, lo que en cine se conoce como “el momento indicado” (que no es más que el encuentro de dos personajes en un lugar y tiempo específico para desarrollar su trama) en pro del suspenso propio de la vida. Por ejemplo, en su cortometraje Action vérité de 1994, Ozon exponía a cuatro amigos adolescentes a un juego de verdad o reto que complicaba el ambiente cada vez que se conocía una de las respuestas solicitadas.

Bajo ese mismo concepto, el director presentó en 1998 la que sería considerada su primera gran película, Mirando al mar (Regarde la mer), en la que presentaba el encuentro entre dos mujeres en una costa casi desierta: Sasha (Sasha Hails), una madre inglesa que ha llegado con su bebé a la playa de Ile d’Yeu para unas vacaciones y Tatiana (Marina de Van), una joven misteriosa que manifiesta un profundo interés por la mujer. Del encuentro fortuito nace una curiosa relación entre ambas que podría no terminar bien para cualquiera de ellas.

La película de 52 minutos sorprendería a los críticos especializados en Francia, quienes encontrarían en el director una mirada fresca que no era ajena a la controversia o los convencionalismos propios del cine nacional. Mirando al mar conseguiría pronto distribución dentro y fuera de Europa, proyectando a Ozon dentro del circuito de festivales especializados en el mundo.

Under the sand (2001)
Con la aprobación de la comunidad cinematográfica de su país, Ozon sintió la libertad de hacer lo que siempre había querido, desde el thriller psicológico Les amants criminels (1999) hasta una adaptación al clásico de Fassbinder, Tropfen auf heisse Steine, titulado internacionalmente como Water Drops on Burning Rocks.

Sin embargo, había una idea que el realizador no podía quitarse de la cabeza: hacer una película sobre el fin de un matrimonio, sin importar la forma como éste se había consumido. La premisa dio origen al argumento principal del drama Bajo la arena (Sous le sable), protagonizada por Charlotte Rampling y Bruno Cremer. En la cinta, presentada en el Festival de Cine de San Sebastián, Rampling interpreta a Marie, una mujer que viaja junto a su esposo Jean (Cremer) a la región de las Landas para pasar unas felices vacaciones. Desafortunadamente, el descanso de Marie se ve interrumpido cuando descubre que su marido ha desaparecido sin dejar rastro.

La película, escrita en colaboración con Emmanuele Bernheim, Marina de Van y Marcia Romano, llamaría la atención de la prensa internacional gracias al control con el que Ozon ejecutaba la psique de su pieza, al mismo tiempo que llevaba a la actriz inglesa Charlotte Rampling por un juego de trampas y secretos. Es cierto que el director obtendría la fama mundial dos años después con el estreno del musical 8 mujeres (8 femmes, 2002), pero resulta imposible imaginarse una carrera tan saludable como la de Ozon sin la existencia de Bajo la arena.

Swimming Pool (2003)
Ya con el respeto de la industria cinematográfica internacional, Ozon arribó a la selección oficial del Festival de Cine de Cannes, en donde concursó contra figuras como Gus Van Sant, Denys Arcand, Lars von Trier y Clint Eastwood con su película Juegos perversos (Swimming Pool, 2003).

En la cinta, Rampling (en la segunda de cuatro colaboraciones que haría con el director) interpreta a Sasha Morton, una escritora británica de misterio que viaja al sur de Francia para descansar y encontrar inspiración para escribir su nueva novela. Al llegar a su destino, la casa de su editor (Charles Dance), Morton descubre a una competitiva mujer joven, la aparente hija de su anfitrión (Ludivine Sagnier), que la atrae a un mundo llevado por el deseo y el poder.

Con el filme, censurado para su exhibición en los Estados Unidos, el cineasta francés fue comparado con Jacques Deray y mantuvo a la sociedad europea hablando sobre el ambiguo final de su filme por meses.

En la casa (2013)
Tras el estreno de Swimming Pool, Ozon pasó diez años realizando películas que lograban conquistar a los programadores de los festivales pero que fracasaban en su acercamiento con el público y la prensa especializada. Estrenó Time to Leave (2005), presentada en la sección Una cierta Mirada de Cannes; Angel (2007) y Ricky (2009), programadas en las ediciones 57 y 59 del Festival de Cine de Berlín; The Refuge (2009), ganadora del premio del Jurado en San Sebastián y Mujeres al poder (Potiche), recibida con beneplácito por las audiencias occidentales.

Su gran regreso se daría en 2013 con el estreno de En la casa (Dans la maison), adaptación de la obra española El chico de la última fila de Juan Mayorga, ganadora de la Concha de Oro del Festival de Cine de San Sebastián y el Premio FIPRESCI del Festival de Cine de Toronto.

En la cinta, el cineasta juega con los límites entre la realidad y la ficción con la historia de un maestro de literatura (Fabrice Luchini) que, entre los trabajos decepcionantes de sus alumnos, encuentra una redacción detallada sobre la familia de uno de sus estudiantes hecha por quien dice ser su mejor amigo (Ernst Umhauer). Conforme avanza el relato, motivado por el interés del profesor por el sentido de observación de su estudiante, el autor comienza a desarrollar una historia en la que la intriga por distinguir qué es cierto y qué es falso comienza a absorber a todos sus personajes, incluyendo al curioso maestro.

Frantz (2017)
Siguiendo con las tramas guiadas por la identidad de sus personajes, Ozon volvió al Festival de Cine de Venecia en 2017 con el drama de época Frantz, protagonizado por Paula Beer y Piérre Niney, uno de los actores jóvenes más reconocidos de la escena cultural francesa.

En el filme, escrito en colaboración con Philippe Piazzo y Ernst Lubitsch, Beer interpretaba a Ana, una joven alemana que todos los días visita la tumba de su prometido Frantz, caído en uno de los combates de la Primer Guerra Mundial. Un día, la chica descubre que un misterioso hombre francés ha dejado flores en la última morada de su amado. Tras acercarse a él, el hombre se describe como el último gran amigo de Frantz. Aunque, con el paso del tiempo, Ana descubrirá que quizá esa amistad surgida entre las trincheras de la guerra podría no ser del todo honesta.

Con su cinta, Ozon se demostraría como un realizador maduro, prometiendo incursionar en tópicos aún más serios que podrían llevar a su cine al exposición internacional que merece. Lo cual, a sus 51 años, seguro podrá hacer.


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