La Revolución de Emiliano Zapata frente al gobierno represor

O te alineas o te vas: La Revolución de Emiliano Zapata

Óscar Humberto Rojas recopila la época en la que el rock se criminalizó en México

Afuera del Sanborns a la vuelta del Museo Universitario del Chopo hay un hombre con pantalones negros casi acampanados, una camisa blanca estilo vaquero con un saco gris abierto. El sujeto lleva cabello largo, lacio y canoso, peinado hacia atrás, es delgado y busca en Avenida Insurgentes algo que podrá encontrar en su smartphone, que retira de su bolsillo del saco. Sube con mucho estilo y actitud su mano hacia su abundante y negro bigote, aplacado de por sí para peinarlo hacia abajo. Se trata de Óscar Humberto Rojas, co fundador del grupo musical La Revolución de Emiliano Zapata en 1969. Del suburbio de Jardines del Bosque en Jalisco, planificado por Luis Barragán en 1955, emanó una de las bandas de rock más representativas de los años setenta, ya sea dentro o fuera del país.

Camino al Museo Universitario del Chopo, se rememora que hace 50 años se dio el Festival de Música de Woodstock y lo menciona. “También se cumplieron 50 años del Abbey Road. Mucha gente compartió fotos en la avenida”, comenta Óscar con nostalgia. El músico dejó los escenarios hace más de 40 años, gracias a la censura gubernamental de rock. “Tuve un padre demasiado estricto”, recuerda más comprensivo que quejoso. Los amigos de Rojas tenían el pelo largo y se vestían como hippies, pero a él no lo dejaban. Le advertían que, o se alineaba o se iba. Al principio mejor se dejó crecer el bigote al estilo ranchero o Emiliano Zapata, y esa fue su protesta por no llevar pelo largo.

A sus 16 años, Rojas se integró en su primera banda de rock: Los Frenéticos. Pronto se juntó con Marco Carrasco en otro proyecto, donde ambos interpretaban guitarra y armonías. En esta agrupación también se encontraban Francisco  Martínez Ornelas en el bajo, Antonio Cruz en la batería y Javier “El Javis” Martín del campo en la guitarra. “Y a un amigo psicólogo que se juntaba con nosotros se le ocurrió el nombre cuando estábamos guitarreando. Y nos gustó La Revolución de Emiliano Zapata porque todo mundo tenía nombres en inglés cortitos. Es un nombre bien mexicano y largo”, dice entusiasmado como si hubiera oído por primera vez la propuesta.

En ese momento, a sus 18 años, también dejó su casa para poder tener el cabello largo. A finales de los 60, varios de sus amigos terminaban en la cárcel sólo por su cabello largo, así como su vestimenta “jipiteca”. Era esa vida o quedarse quieto sin hacer lo que quería. “Lamento haber sido el dolor de cabeza de mis padres, pero no me arrepiento”, declara Óscar con su acento jaliscience que enfatiza la satisfacción que muestra en su rostro.

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El disco homónimo de La Revolución de Emiliano Zapata llegó en 1971, y fue un éxito en Europa y América Latina. Recientemente, dos sencillos del álbum son utilizados en películas de Alfonso Cuaraón. En Y tu mamá también, aparece “Nasty Sex”, canción más famosa de la banda, que algunos han comparado y criticado su similitud al sonido rock bayou de Creedence. La Revolución de Emiliano Zapata era una banda con un nombre muy mexicano que cantaba canciones en inglés poco sofisticado. La voz de Óscar en “Nasty Sex” era refrescante y juvenil; tanto este elemento como los solos de guitarra y riff principal son muy diferentes al rock sureño de EUA. En 2019, la película Roma también incluyó el sencillo “Ciudad perdida”. Al ver la película, Óscar sintió que Cuarón le concedía un gran honor.

“Dije ‘caray qué padre que (Alfonso) nos toma en cuenta’. Gente tan encumbrada en el cine mundial como él, gente muy exitosa”, declara Óscar agradecido. Según él, llegar a ese punto en su carrera fue cuestión de suerte. Él recuerda que el público y las radiodifusoras trataban a La Revolución de Emiliano Zapata con alfombra roja y pagos decentes junto a otros grupos tapatíos o del norte como Los Spiders, La Fachada de Piedra, 39.4., La Quinta Visión y Toncho Pilatos. “En el año setenta cuando grabamos ‘Nasty Sex’ se empezó a difundir primero en Guadalajara, luego a nivel nacional y luego fuera de México. Es que no había competencia de grupos nacionales en la radio. Ya estaban [Javier] Bátiz, los Dug Dugs y otros con música propia, pero no los programaban en la radio. A nosotros por la labor que hizo la compañía Polydor nos metieron a las radiodifusoras que tocaban rock”.

Para Óscar, Guadalajara es una ciudad crucial en la geografía del rock mexicano. Fue ahí donde se difundió y comercializó esta música original en el país. Alejandro Díaz, propietario en Radio Comerciales (difusora tapatía), convocó a los grupos que tuvieran algún tema original en inglés para grabarlo. Después se hizo un concurso musical para elegir a la mejor canción y banda. Díaz, que para Óscar fue un revolucionario del mercado musical del rock, recibió cientos de llamadas diarias para votar por la canción ganadora. Al ver el éxito del concurso, Alejandro decidió tocar de forma permanente los discos que concursaron. El público pedía las canciones y hasta iban a las tiendas en busca de acetatos. “Pero no existían”, dice asombrado Óscar Rojas. “Eso causó el boom del rock tapatío y las disqueras nos contactaron en Guadalajara, se difundió el material y se comercializaron los discos de Los Spiders, La Quinta Visión y la Fachada de Piedra”.

Sobre el parecido musical con Creedence Clearwater, Óscar relata molesto que alguien en Facebook le escribió que su música no era original, era música de Creedence mal tocada. Eventualmente se dijo a sí mismo que es la opinión del usuario. Ya después con sus “cuates” platicó sobre cómo los Beatles al principio empezaron tocando canciones de Little Richard, mientras que los Rolling Stones hacían covers de Muddy Waters.

Así como ellos se inspiraron en las corrientes de rock tanto inglesas como estadounidenses, Óscar reconoce que ellos marcaron a otros músicos de diferente generación. “Había unos chavitos que se juntaban en la colonia la Ciudad del Sol, en donde vivía El Javis  y esos chavitos se subían a la barda para oírnos ensayar y después ellos formaron Sombrero Verde y se convirtieron en Maná. Si tú oyes los primeros discos de ellos, notas que la manera de tocar la armónica es igualita a la de Javis. Igualita”.

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Avándaro asustó al gobierno y cancelaron conciertos masivos, todo lo que tuviera que ver con “greñudos” o rock, recuerda Óscar Rojas. “Fuimos perseguidos y encarcelados, porque el gobierno es una mierda era sumamente represivo. No tenía mucho que pasó lo de Tlatelolco y el mismo año del 71 fue lo del Halconazo. El gobierno se asustó”. José Argil, productor y locutor de radio, que llega al Museo del Chopo temprano para la presentación del libro de Óscar, Raíces del rock tapatío 1959-1972, le recuerda que él estaba chavito en Avándaro y que no se enteró de muchas cosas.

“¿Qué drogas iba a haber en Avándaro? La coca apenas alguien y se metía. Había mariguana, hongos, peyote, al menos los que nos sentíamos hippies. Otros se metían las pingas -cuenta Oscar Rojas ante la difamación de los medios oficialistas de entonces”.

“¿Cuáles son las pingas?” le pregunta José Argil a Oscar, impresionado de no conocer el término.

“Las pastillas. Pero eran casos más aislados, la mayoría fumaban mota, por eso eran pacíficos.”

Con la llegada de la prohibición al rock, Óscar Rojas se enfrentó a la disyuntiva de “o te alineas o te vas” que conoció a sus 18 años en casa de sus padres, pero esta vez, la advertencia venía del gobierno y la amenaza era para dejar de tocar. Grupos como La Fachada de Piedra partieron a Estados Unidos para poder vivir de la música. No hubo más que claudicar, emigrar o cambiar de género, evoca Óscar Rojas aún con desilusión. “Muchos hicieron eso. Los que se quedaron en la Revolución se convirtieron en baladistas, y unos hacen hasta música grupera. Tocaban con Rigo Tovar, los Bukis y todas esas ondas. Y fueron muy criticados, pero yo ya no tengo la culpa. Yo ya no estaba”.

Revolución de Emiliano Zapata

La música de la Revolución de Emiliano Zapata en 1971 llegó a Europa y a América Latina con gran éxito.

Óscar Rojas prefirió convertirse en un luchador incansable para dignificar y revaluar al rockero nacional. El veto al rock se removió, y ahora se reconocen a muchas bandas, pero no es suficiente: “El rock es un tronco común que finalmente nunca va a pasar de moda. Yo creo”, afirma convencido Oscar. José Argil le pregunta si ha considerado volver a tocar pronto o emitir alguna compilación de la Revolución. Escéptico, Óscar Rojas, escucha esa idea por segunda vez en el día, y ahora se muestra interesado. Pepe, como le llama Óscar, le menciona que la presentación de su libro junto con el de Federico Aranas, Grandezas y miserias del rock mexicano. Desde los precursores hasta vísperas de Avándaro, es el primero de varios experimentos.

“Muchos creen erróneamente que su material no despertará interés. Estamos en un momento en el que la gente está buscando lo viejo. Es el momento de hacer y hasta se están juntando grupos. Si tienes algo que vender, es el momento de hacerlo”, le canta sin más José Argil a Óscar Rojas. Óscar admite no creer que la inversión valga la pena, y le cuenta que por las canciones de La Revolución de Emiliano Zapata usadas en las películas de Cuarón, tanto él como Javis recibieron 500 dólares cada uno, y Warner Chappell recibió mil.

Pero tampoco lo descarta. Óscar llegó al Museo del Chopo ese 15 de agosto de 2019 creyendo que la presentación del libro Raíces del rock tapatío 1959-1972, era la culminación narrativa para una generación musical de Guadalajara, pero ahora ve que podría ser el inicio de otra etapa en La Revolución. Óscar aún lamenta en qué se convirtió La Revolución después de Avándaro. Tuvieron que cambiar de género, y en su momento esto fue traición para el público. “Les llamaron la revo grupera. Era sobrevivencia. Ellos son mis amigos los sigo estimando. Aunque me dio tristeza verlos en una película con trajes con los que parecían Bukis”, exclama Óscar Rojas.

La Revolución de Emiliano Zapata tuvo varias apariciones en programas de televisión y en películas mexicanas, entre ellas, La verdadera vocación de Magdalena de 1972 con Angélica María y los integrantes de la banda.

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En Guadalajara, La Revolución de Emiliano Zapata no fue una banda de rock fácil de olvidar. En su momento alcanzaron tal fama que, en Morelos, descendientes del revolucionario Emiliano Zapata los invitaron a tocar y a comer, cuenta Óscar.  “Uno de ellos hasta me ofreció un terreno en las faldas del Popo y como ganábamos mucha lana, sí lo hubiera comprado, pero me amensé, fíjate”.

En otras ciudades se conocía muy poco de La Revolución, más allá de su  música. “Todo mundo sabe que sacaron un disco, que después quién sabe qué pasó y se convirtieron en baladistas. Es lo que se sabe”, le reprocha José Argil a Óscar Rojas. El ex vocalista y cofundador de la agrupación ve de nuevo el Museo del Chopo, y quiere dar a conocer la historia de otras bandas tapatías de la época: Los Gibson Boys, Los Blue Jeans y Los Tramps.

Óscar Humberto Rojas aún escucha muchas bandas de rock de los sesenta y setenta. Algunas, incluso, no las conocía. El vocalista de ‘Nasty Sex’ cree que el rock está evolucionando y ve talento. “Todo es la pasión por el rock que no se nos acaba a muchos, sino al revés. Con el tiempo se afianza más”, concluye Óscar quien se muestra resistente de abandonar la conversación con su amigo Pepe, pero debe hacerlo porque le avisan que es una entrevista para televisión.


 

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