Luciérnagas, un sensible retrato sobre la migración
Un curioso relato sobre la migración con una perspectiva alternativa.
diciembre 9, 2019

“Yo veo todo lo relacionado con migración” menciona Bani Khoshnoudi, directora de la película Luciérnagas en entrevista con Gatopardo. “Hay gente interesada en la tecnología o alguna otra cosa, pero la migración es mi tema”. Luciérnagas aborda un singular relato tan humano como improbable: un joven migrante iraní, que escapa del clima político de su país, se encuentra atascado en el puerto de Veracruz, sin posibilidad de salir y muy pocas oportunidades para establecer una vida en ese lugar. Ramin, el protagonista, también es homosexual y sumado a su status migratorio, muestra que la experiencia migratoria —hoy tan relevante— se compone de una serie de matices.

Bani no es ajena a una narrativa de migración. Nativa de Irán, ella se mudó a Estados Unidos desde Teherán gracias a la Revolución Iraní, y su familia se estableció en Texas. Una vez que terminó sus estudios en Austin, y la situación política en su país no era tumultuosa, Khoshnoudi regresó a Irán, conoció el país donde no había estado desde su infancia. Viviendo entre Francia e Irán, la directora pasó su tiempo en la realización de proyectos fotográficos y cinematográficos, hasta que en 2007 la post-producción de un documental la trajo a México. Una vez aquí, Khoshnoudi encontró un país muy similar al suyo, y su interés también lo suscitó la vibrante comunidad de artistas exiliados asentados en tierras mexicanas.

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Bani Khoshnoudi en el set de Luciérnagas

Para 2009, Bani Khoshnoudi se relocalizó completamente en México. Durante ese año, la directora realizó un documental sobre la revuelta iraní conocida como la Revolución Verde, que protestaba la reelección del presidente Mahmoud Ahmadinejad. Durante dicho levantamiento, Khoshnoudi se percató de la presencia de personas LGBT en las calles, pese a que esta comunidad suele ser borrada y hasta criminalizada. Al mismo tiempo, y de manera fortuita, México se convirtió en el hogar de Khoshnoudi y la combinación entre estos dos factores fue inevitable.

“Leí un artículo en una revista de aquí sobre un iraquí rechazado de los procesos de asilo político en Europa, que había llegado a Veracruz en barco, entonces me di cuenta que algo así es posible. Nadie lo va a creer, pero puede pasar” explica Kahshnoudi a Gatopardo. La historia de Luciérnagas podrá parecer como una rareza, pero no sólo es factible, sino que también está llena de la precaria situación que atraviesa una persona migrante a lo largo de su vida: falta de oportunidades, una barrera lingüística inicialmente insuperable y un rechazo inmediato por la población. 

A pesar de la preparación personal que Khoshnoudi tenía al respecto, reconoce que siempre hay un grado de desconocimiento cuando no se realiza una investigación previa. Decidida a conocer más del tema, la directora se aventuró al primer destino de los migrantes iraníes: Turquía. Una vez ahí, levantó entrevistas con alrededor de 15 personas migrantes pertenecientes a la comunidad LGBT.

“Una vez escrito el personaje ahora había que construirlo” elabora Khoshnoudi, “hablé con los migrantes para conocer su situación a detalle, porque muchos se iban no sólo por la represión, sino para escapar del prejuicio de sus hermanos, papás y familia. Estaban llenos de separación, de sus seres queridos, parejas, novios, unos en Turquía y los otros en Estados Unidos. Gracias a lo que compartieron pude entender mejor a mi personaje.”

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Arash Marandi y Luis Alberti en Luciérnagas

La construcción de los personajes, no obstante, también depende de de los actores. Luciérnagas la estelariza Arash Marandi, que interpreta a Ramin, y es un actor ya conocido por su papel estelar en la película de Ana Lily Amirpour, A Girl Walks Home Alone at Night. Los personajes secundarios corren a cargo de Flor Eduarda Gurrola y Luis Alberti (ganador del premio al mejor actor en el Festival Internacional de Cine de Morelia en 2019 por su trabajo en Mano de Obra). Para Khoshnoudi, los actores debían tener conocimiento del contexto de la historia y las motivaciones de estos personajes, el resto fue libertad de interpretación, lo cual dio paso a sesiones breves de ensayo.

Khoshnoudi también aclara que con cada actor adoptaron un proceso diferente. Marandi y algunos otros miembros del elenco escucharon las entrevistas turcas realizadas por la directora, mientras que a Luis Alberti, cuyo personaje atraviesa un cuestionamiento a su arraigada masculinidad, tuvo otro método: “Le mandé películas que quería que viera, en especial al personaje femenino, no al masculino. Trabajamos hablando y lo que me ofreció fue muy impactante”.

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Flor Eduarda Gurrola en Luciérnagas

El trabajo de actuación en Luciérnagas es una de sus piezas más relevantes. Arash Marandi y Luis Alberti son garantía de un trabajo excelente, y cada uno asume los conflictos de sus personajes con aplomo, ya sea en la retracción de Ramin o en los violentos desplantes de Guillermo, personaje de Luis Alberti. No obstante, Flor Eduarda Gurrola es la triunfadora de esta arista. Luciérnagas se distingue de la narrativa migrante no sólo por su fijación en otros problemas, sino también en su estilo: es una película sensible, sobre las emociones y el contacto humano, y es Gurrola la que aporta más a esta forma en el papel de Leti, una sencilla encargada de un hotel, que le sirve de bastón y apoyo a Ramin.

Luciérnagas no sólo observa la migración y homosexualidad con lentes alternativos, sino que le imprime una calidez particular. Entre la dulzura empática y la cruda realidad de la xenofobia y machismo, Luciérnagas es un vistazo de optimismo desde una trinchera poco amigable. “Para hacer esta película entrevisté a gente que no había cambiado sus calcetas en un mes. A pesar de no tener nada, entre ellos existía una profunda comunión con arte, fiesta y diversión. La gente que no posee nada y no sabe qué le depara su futuro a veces tiene mucha más esperanza. La deben tener”, concluye Khoshnoudi.


 

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