El héroe enmascarado más grande de México
Así se construyó la leyenda del luchador más famoso de México.
septiembre 24, 2019

Entre máquinas especiales que reviven muertos, marcianos que buscan detener la proliferación nuclear, criaturas monstruosas como hombres lobo o mujeres vampiro  y tecnología que precedió a los gadgets de James Bond, se construyó la mitología en torno al luchador más renombrado de todos los tiempos: El Santo. Anclar al Enmascarado de Plata en una tradición o manifestación específica es imposible, su impacto en la cultura mexicana se resiente en las tiras cómicas o historietas, en sus películas perfectamente cutres y en la influencia que a lo largo de los años ha tenido el ring entre los mexicanos. El Santo es, más allá de un luchador, un símbolo internacional de la mexicanidad.

Hoy en día, este luchador que trasnocha como superhéroe se puede encontrar en cualquier puesto de juguetes mexicanos, tiendas de ropa, e incluso zapatos de marcas extranjeras. Sin embargo, no siempre fue así. Antes de los 70 la lucha libre era vista como un espectáculo vulgar y poco digno, críticas que venían cargadas de clasismo . De acuerdo al escritor Jezreel Salazar, la revaloración que hicieron de las luchas y sus protagonistas, personajes como Carlos Monsiváis, Sergio Arau o Lourdes Grobet, ayudó a despojarlas de amenazas de clase, y a reconocerlas como una capa más de nuestra compleja cultura popular. 

De acuerdo a Heather Levi, doctora en antropología y especialista en lucha libre, el deporte llegó a México en los años 30 como producto de exportación norteamericana, y rápidamente fue transformado a una versión mexicana, que incluía dosis histriónicas de melodrama protagonizadas por técnicos/científicos (faces) contra rudos (heels). Los rudos eran los villanos, mezquinos y tramposos, mientras que los técnicos eran más justos y sus movimientos más impresionantes y exagerados.

Rodolfo Guzmán Huerta, mejor conocido como El Santo, nació el 23 de septiembre de 1917. Antes de convertirse “El enmascarado de plata”, adoptó la identidad de El Murciélago, un rudo.

Guzmán eligió ese nombre en homenaje a El Murciélago de Plata, pero cuando éste último se objetó, el luchador decidió convertirse en El Santo, luchador enmascarado, cuyo nombre estaba inspirado en Simon Templar “The Saint”, el anti-héroe de las novelas de Leslie Charteris. El Santo, personaje creado oficialmente en 1942, asumió el bando de los técnicos, así como una de sus más grandes proezas: jamás aparecer en público sin la máscara, un compromiso que mantuvo hasta 1984, año de su muerte. La máscara fue especialmente importante en la lucha libre mexicana; de acuerdo a Levi, ésta no sólo representa al personaje del luchador, sino a la mística de la lucha libre en sí. Removerla es despojarse del carisma y de la posibilidad de una vida personal. 

El Santo se apegó a estos principios, y su identidad jamás fue ampliamente difundida. Fue así que el anonimato contribuyó a construir el ícono que hoy recordamos. Guzmán se tomaba esta protección tan en serio, que si tenía que viajar para grabar una película o algo similar, el equipo de grabación debía viajar en un vuelo distinto, para que nunca lo vieran fuera de su disfraz. Su sencilla máscara ayudó a que este personaje cautivara a las audiencias de la lucha libre, y cosechó una personalidad austera y simple, que representaba el noble triunfo del bien contra el mal. 

Para 1952, El Santo era el luchador más popular del país, y fue entonces que el empresario y escritor José Guadalupe Cruz le propuso protagonizar un cómic. Fue gracias a esta publicación que se le conoció también como “El Enmascarado de Plata” (anteriormente, El Santo, era “El Atómico”), ya que así se llamó la tira cómica. Inicialmente, esta historieta se hacía con una innovadora técnica, que combinaba fotografías, y era muy similar a un collage o fotomontaje secuencial, donde era el mismísimo Rodolfo Guzmán quien posaba como El Enmascarado de Plata. Eventualmente dejó de posar en las tiras cómicas, pues se empezaron a dibujar y entintar como un cómic convencional, que dejó de publicarse en los años ochenta. 

Si El Santo ya era popular gracias a su actitud en el ring, los cómics lo llevaron mucho más lejos. En estas historias, El Santo se enfrentaba contra maleantes, asesinos y asaltantes, y a seres sobrenaturales como hombres lobo y vampiros. Al mismo tiempo, en los años 50, un género cinematográfico comenzaba a surgir: el cine de luchador, y lo invitaron a participar muchas veces, pero no fue sino hasta 1958 que accedió a aparecer en El Cerebro del Mal y Hombres Infernales, interpretando a un personaje secundario, y cuyo éxito fue más bien moderado.

Sin embargo, en 1961 llegó El Santo contra los zombis, una aventura de ciencia ficción al estilo serie-b, con bajo presupuesto y mucha acción. La película fue un éxito rotundo, y cimentó al Santo como una de las figuras más representativas de México alrededor del mundo. En total, El Santo realizó alrededor de 52 películas, y prácticamente todas explican la simple trama en el título: Santo contra los extraterrestres, Santo contra Capulina, Santo contra las momias, Santo contra el cerebro del mal, Santo en el Museo de Cera, etc. A pesar de su simpleza, bajos presupuestos y pobres valores de producción (la voz de Guzmán era considerada poco apta para la pantalla, así que siempre fue doblada), su protagonista no dejó de hacer películas hasta poco antes de morir. Santo contra las mujeres vampiro, considerada de las mejores en este conjunto, se estrenó durante el Festival de cine de San Sebastián (España) en 1965, uno de los foros cinematográficos más importantes del mundo. En  Turquía, el director T. Fikret Uçak filmó 3 Grandes Hombres, una película donde El Capitán América, junto con un imitador de El Santo. se enfrentaban a un criminal del inframundo local: Spider-Man, en una producción aún más pobre que las mexicanas y no autorizada en materia de copyright. La película, un éxito del cine underground de presupuesto ínfimo, puede verse en su totalidad en YouTube.

Por cuestiones de salud, a los 60 años, El Santo decidió alejarse del ring y los foros de cine, era 1982. Dos años después, en 1984, El Santo rompería uno de sus más importantes principios como figura pública. Durante el programa Contrapunto, conducido por Jacobo Zabludovsky, en el marco de un especial llamado “¿Circo, maroma, teatro o deporte?”, El Santo se quitó la máscara frente a las cámaras y dejó ver su rostro durante unos segundos, revelando la cara de un hombre común y corriente. “Hasta parece profesor”, dijo una de las personas en el foro. Guzmán murió unas semanas después y se llevó la máscara a la tumba.

Hoy, El Santo está por todos lados. Sin desprenderse de su aura kitsch, es uno de los íconos más representativos de la cultura popular mexicana alrededor del mundo, Independientemente de las películas, los cómics, o sus actuaciones el ring, El Santo es reconocido por derrotar a los malos. Jezreel Salazar escribió sobre el luchador: “Quien no es devoto de las gestas que se desatan entre las cuerdas del ring, puede sin embargo reconocer que el héroe mitificado es parte de los suyos. Quien ve sus películas con los anteojos de la alta cultura, puede no comprender la función social de lo que ahí se proyecta, pero no puede negar que en alguna medida es parte de ese mundo de lances y situaciones imposibles”.

*Fotografía de portada: El Santo contra Cerebro del mal (1959, dir. Joselito Rodríguez).


 

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