Shakespeare cruento
La más reciente adaptación de la tragedia de William Shakespeare, Titus, se presenta en el Helénico.
septiembre 10, 2019

Nailea Norvind grita como señal de liberación —calentando motores y como sólo ella sabe hacerlo—, vestida de negro poco antes del ensayo de Titus, la famosa tragedia de William Shakespeare. Los actores están parados alrededor de ella en el escenario, en espera de la señal de inicio, que es otro grito de Norvind, pero esta vez de angustia y desesperación. Ella interpreta a Tamora, la reina de los godos, recién derrotada en la guerra por el general romano Titus Andrónico. Al llegar a Roma como su prisionera de guerra, mira cómo uno de sus hijos es sacrificado a manos del cruel Titus. Construir a este personaje ha implicado todo.

Montar una obra de Shakespeare casi medio milenio después de su creación es más que un reto para los creadores detrás de esta puesta, que se presenta desde el pasado septiembre en el Centro Cultural Helénico de la Ciudad de México. “Las armas han evolucionado desde entonces, pero no la forma de usarlas. Es brutal. Espanta la cantidad de sangre que tiene la obra y la cantidad de asesinatos que hay en ella… Pero un día abres el periódico y te encuentras que en Veracruz incendiaron un antro y quemaron a todos dentro. La realidad supera a la ficción”, dice en entrevista la directora Angélica Rogel, para quien esta obra significa tomar las palabras de alguien más y buscar ahora decir algo nuevo. 

Rogel sitúa esta obra en una modernidad distópica. En la trama, Titus (interpretado por Mauricio García Lozano) cede su título como emperador de Roma a Saturnino (Antonio Vega), y pacta su propia caída. Porque éste, una vez en el poder, y enamorado de Tamora, la nombra emperatriz. Entonces sus hijos, en venganza, violan y mutilan a Lavinia (Inés de Tavira), la hija de Titus. A partir de ese momento, la violencia escala y escala cada vez más.

titus obra de teatro helénico

Montar una obra de Shakespeare casi medio milenio después de su creación es más que un reto para los creadores detrás de esta puesta, que se presenta desde el pasado septiembre en el Centro Cultural Helénico de la Ciudad de México.

Para Norvind, actriz de teatro, cine y televisión, la violencia de Shakespeare es “tarantinesca” y un llamado de reacción. Porque Titus es el arte que combina la belleza y el dolor. “Cuando ves que algo bello es destruido y te duele, te hace reaccionar. Tal vez todos debamos confrontar esta obra para que reaccionemos ante la realidad que vivimos”, dice Nailea, quien interpreta a la reina frívola. 

Otro cambio que Rogel hace a Titus es Marco, el hermano del emperador. Rogel convierte a Marco en mujer, Antonia, quien será la única persona empática y consciente de la brutalidad que comenten con Lavinia. Encuentra paradójico que, al abordar la violencia de género, hubiera un universo muy varonil, mientras que Lavinia era invisibilizada y acallada. “Cada vez es más escandaloso el número de mujeres que aparecen silenciadas en nuestro país”, dice la directora.  

En Titus se siente a Macbeth, a Lear, a Otelo y un poco de Hamlet. El actor García Lozano ve en Titus la representación de la masculinidad, que pasa de tener el poder absoluto a ver cómo su mundo se derrumba emocionalmente y vulnera su sentido de virilidad. Al ser violentada Lavinia, ella se convierte en el vehículo del horror. “No es hasta que pierde su sentido de masculinidad que Titus es más empático con el mundo femenino. Lo fuerte también es que su venganza está dirigida hacia la otra gran mujer antagonista [Tamora], que tiene todos los motivos del mundo para querer vengarse de él”, dice García. 

Titus se presenta hasta el 10 de noviembre en el Helénico y cuenta con un elenco diverso que irónicamente se ha convertido en una familia. “Todos mis compañeros de escena son bestias del teatro. Son verdaderos animales que les gusta comerse la escena y, si hay una obra que te obliga a comerte las cosas, pues es Titus Andrónico”, concluye García Lozano. 


 

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