La ola de violencia en la Ciudad de México - Gatopardo

Ola de violencia en la CDMX

Las cifras oficiales muestran que la violencia en la CDMX ha crecido de forma alarmante.

Hasta hace poco, la Ciudad de México era vista como una isla donde la violencia generada por la llamada “guerra contra el narcotráfico” no generaba tantas bajas. Lejos estaban los escenarios de las fosas localizadas en Veracruz o en Tamaulipas, los gráficos asesinatos en Sinaloa o Michoacán. La CDMX parecía lejana de las escalofriantes cifras de feminicidios que padecía Chihuaha o el Estado de México. Pero desde el 2015, todos los crímenes, toda la violencia: los asesinatos, los robos, la de género, la extorsión, las desapariciones y el acoso sexual, han tenido un severo repunte en la capital del país, mostrando una cara diferente a la que se tenía pensada de la megalópolis.

Para muchos estas cifras son la conclusiones del fin de un sexenio, del actuar o no actuar de las autoridades, pero para otros son historias de lo que no debería ser cotidiano, ese anecdotario de la violencia que se platica o que se imprime cada mañana a colores en las primeras planas de los periódicos amarillistas y que muchas veces no es denunciado y tampoco investigado.

Tepito, cercano al Centro Histórico, es uno de los barrios más antiguos de la capital. Edgar nació ahí, en el “barrio bravo“, hace 27 años, donde el comercio y el boxeo son un estilo de vida. El boxeo, que le ha dado al barrio una fama mundial, está presente hasta en la señalética de su estación del Metro. 

Edgar creció en una calle céntrica, la de Fray Bartolomé de las Casas, donde los coloridos puestos del comercio ambulante se funden con pequeñas casas de pintura desteñida. A un par de cuadras de ahí, Edgar y otro amigo abrieron un negocio de cerveza preparada. Cada tarde—al menos hasta hace unas semanas— vendían sobre la calle, en una carpa blanca, enormes vasos de unicel que rebosaban de espumosa cerveza oscura, adornados con chile piquín, sal y limón. En tiempos de calor su negocio era un oasis con un éxito tan socorrido que le permitió conocer a cada miembro de la colonia.

Sin una muestra clara de angustia sobre el rostro, mas de la que le podría tener alguien que intenta recordar con precisión un evento, me dice:  

“Una tarde mientras un grupo de mis amigos se encontraba echando desmadre acá, aparecieron tres motonetas y dispararon. Todo pasó rápido. Vi a unos caerse el piso. Hubo dos muertos”.

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Mercado de San Cristobal en el barrio de Tepito / Fotografía vía Wikimedia Commons.

Como si los detalles revivieran en su memoria, me cuenta que vio como la sangre se mezclaba con la cerveza sobre el pavimento. “Fue una pelea de bandos”.

Desde esa tarde no han dejado de amenazarlo a él, ni a los demás sobrevivientes y sus familias. “Crecí en Tepito, ese es el pan de cada día”, afirma. 

Según datos de la Procuraduría capitalina, las tasas de los delitos de alto impacto (como homicidio, robo a mano armada, secuestros, etc.) han aumentado un 64%, en contraste con las cifras recabadas en 2012. Comparadas con las entregadas el año pasado, estas han aumentado hasta en un 25%. Un  aumento que es más visible en alcaldías como Cuauhtémoc, —donde se encuentra Tepito—, Miguel Hidalgo, Venustiano Carranza, Azcapotzalco y Xochimilco, donde el problema de inseguridad ya era grave.

La violencia ha cubierto como una oscura nube a colonias que se consideraban medianamente seguras, apoderándose de ellas. .

La semana pasada en un operativo en calles de la colonia Narvarte  y en un residencial privado de la moderna zona de Santa Fe, atraparon a siete personas señaladas por las autoridades de pertenecer a un grupo delictivo conocido como “La Unión”, una banda relacionada con el cobro de piso y la venta de droga en la CDMX.

Estas personas han sido acusadas no sólo de narcotráfico, también de trata de personas y del reciente tiroteo en Garibaldi, en la víspera de las fiestas patrias. Un crimen que perpetraron un grupo de hombres vestidos de Mariachi contra un negocio donde, según los relatos periodísticos, se encontraban sus “enemigos”. Este ataque acabó con la vida de seis personas y con la recién recuperada fama de Garibaldi como parte de la Zona Turística del Centro Histórico de la Ciudad de México. 

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Plaza dee Garibaldi durante la noche / Fotografía vía Wikimedia Commons.

En la colonia Vértiz-Narvarte, a unos minutos de donde capturaron a David N. “El Pistache”, presunto líder de “La Union”, hubo un ataque y en una taquería famosa de la zona.  A las tres de la mañana del 3 de agosto, cuando un grupo de cuatro hombres a bordo de un auto blanco llegaron al lugar de fachada azul . “Don Beto” (como se refieren al hombre detrás de la barra) vestido también de azul, con un delantal blanco y una gorra de baseball, cuenta el hecho sin mucha intención de entrar en detalles. Esta concentrado preparando una orden de “tacos de cochinada”, la especialidad de la casa

Uno de  los meseros dice casualmente mientras abre un par de refrescos, que sólo robaron a la clientela, unas diez personas a quienes  les quitaron, bolsas, celulares y carteras. Dice también que la policía les pidió  alguna imagen de una cámara de seguridad, que entonces no tenían, para dar con los responsable. Ese es uno de los tantos asaltos a negocios que ha sufrido en tiempos recientes la alcadía Benito Juárez, la que tiene la tasa más alta de robo a negocios con violencia, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, una institución que ha sido criticada por corrupción y acusada de tener nexos con el crimen organizado.

Al menos eso dice el 65% de la población, en una encuesta realizada por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados. Cifras como esa han generado desconfianza en las autoridades, algo que también ha afectado las tasas de denuncia. Por ello, obtener una cifra real del fenómeno de la violencia es muy complicado.

Según cifras de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública , realizada por el INEGI, en nuestro país sólo se denuncian siete de cada 100 delitos.  

“Nunca he denunciado. Pero si me pasara otra vez, lo haría como una especie de ‘responsabilidad social’, aunque francamente no creo que cambie mucho la situación si lo hago”, dice Daniela, una entrenadora de Crossfit de 27 años. Este 2018 ha sufrido dos asaltos, uno con agresión sexual. “Soy una mujer bastante grande y la verdad es que me siento fuerte y con la capacidad física de responder a las agresiones, pero aún así me da miedo andar sola. No imagino cómo se sienten otras mujeres”, dice.  Ese sentir es generalizado. En lo que va del año se han cometido 28 feminicidios en la CDMX y el acoso sexual, especialmente en el transporte público, según InMujeres ha aumentado hasta un 400%.

Ante las cifras que afectan a todos y que podrían de continuar así para convertir a este sexenio en el más violento, no sólo a nivel federal, sino también local, en los últimos 30 años, no ha existido por parte de las autoridades un planteamiento claro para atacar este fenómeno de violencia que le ha quitado la tranquilidad a los habitantes de la capital. El inmenso reto de encontrar soluciones caerá en manos de la  próxima alcaldesa de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quien tomará el poder este 1º de diciembre.

*Fotografía de portada vía Notimex.

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