La trama rusa
Luego de una larga investigación, Rusiagate parece ser el sello de la administración de Donald Trump
junio 2, 2019

En un arrebatado mensaje, como han demostrado ser en reiteradas ocasiones sus publicaciones en Twitter, el mandatario estadounidense, Donald Trump, aceptó haber recibido ayuda de Rusia para ganar la presidencia en 2016. “No tuve nada que ver con que Rusia me ayudara a ser elegido”, escribió Trump con tono de mofa para celebrar lo que aparentemente él percibió como el fin de la investigación de la trama rusa. Horas más tarde, mientras se preparaba para partir de la Casa Blanca hacia Colorado Springs, el mandatario, más consciente de la importancia de su declaración, negó sus propias palabras y afirmó que la victoria en las elecciones de hace dos años había sido por mérito propio. “La gente me eligió”, aseguró.

Es verdad que la administración del presidente Trump se ha caracterizado por constantes escándalos relacionados con su vida privada y su particular forma de llevar la política estadounidense, sin embargo, la trama rusa es quizá el sello distintivo de su administración. La injerencia rusa a su favor durante la contienda frente a la candidata demócrata Hillary Clinton y los aparentes lazos entre el mandatario, sus cercanos y los rusos, han sido elementos que han acompañado de cerca a Trump a lo largo de su presidencia.

Hasta ahora, el presidente nunca había aceptado haber recibido ayuda de los rusos y junto a los miembros de su administración se había dedicado a negar esa versión de los hechos, sin embargo, la mañana del 30 de mayo, aparentemente Trump se traicionó a sí mismo. Su declaración vino horas después de que el fiscal especial encargado de investigar la trama rusa o Rusiagate, Robert S. Mueller, diera a conocer que se retiraba del caso. El anuncio fue sorpresivo, en poco menos de dos años que duró la investigación, el fiscal nunca había hecho una declaración pública, pero ahora, con el escudo del Departamento de Justicia de fondo, Mueller se despidió, no sin antes afirmar que en su momento no pudo acusar a Donald Trump por limitaciones jurídicas. “Si tuviésemos confianza en que no cometió delito, lo habríamos dicho”, aseguró.

Robert Mueller

Robert Mueller luego de la conferencia de prensa en la que anunció su retiro del caso sobre la trama rusa el 29 de mayo de 2019. Foto vía @lualemedina

Con la decisión de Mueller todo ha quedado técnicamente en manos del Congreso. Sin embargo, así como hubo quienes celebraron la partida del ahora ex fiscal especial como el fin del Rusiagate, hubo quienes interpretaron sus palabras como un llamado a aplicar el impeachment a Trump. Luego de 20 meses de investigación, Mueller, de 74 años, entregó al Departamento de Justicia el informe final del caso. A lo largo de las 400 páginas que lo componen dejó detallado cada uno de los hallazgos en torno a los movimientos realizados por Rusia en favor del entonces candidato republicano.

Robert Mueller confirmó una operación estratégica desde Moscú para llevar a Trump a la presidencia de Estados Unidos. Durante su discurso, el cual se transmitió la noche del 29 de mayo, el ex fiscal especial reiteró la gravedad de la injerencia rusa en el proceso electoral. Sin embargo, en la investigación sobre Rusiagate no se encontraron pruebas suficientes para vincular a algún ciudadano estadounidense, ni a ningún otro colaborador, con la conspiración Rusa, por lo que no hay elementos suficientes que permitan exonerar a Trump.

“Acusar al presidente de un delito no era, por lo tanto, una opción que pudiéramos considerar”, dijo Mueller. Debido a una vieja política del Departamento de Justicia, el presidente no puede ser acusado de un delito federal mientras ocupa el cargo. “Es inconstitucional”, señaló Muller sin dejar escapar mueca alguna de su rostro.

Con el mensaje de Mueller, el clima político en Estados Unidos se radicalizó. Luego de que el ex fiscal dejó claro que no tenía la capacidad para encausar al presidente Trump se abre la posibilidad de apuntar a un juicio político por parte del congreso. El impeachment es una herramienta que, desde hace meses, el partido opositor intenta realizar para culpar a Trump y resolver, de una vez por todas, si el éxito tras la campaña electoral estuvo ligada con las fuerzas de inteligencia rusa.

De frente a las elecciones de 2020, este cuadro sería perfecto para los demócratas. Llevar al actual presidente de Estados Unidos al banquillo y someterlo a un juicio político reduciría la reputación del partido y le daría vía libre a la oposición para las próximas elecciones presidenciales.

Fotografía de portada por Gage Skidmore


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