¿Cómo han cambiado los sitios que inspiraron los paisajes de Velasco? - Gatopardo

¿Cómo han cambiado los sitios que inspiraron los paisajes de Velasco?

Tanto la urbanización descontrolada y sin planeación como la devastación ambiental en los siglos XX y XXI provocaron que las vistas que inspiraron los paisajes de José María Velasco cambiaran radicalmente. Si pasas el cursor por encima de las imágenes (o, en algunas versiones, si le das clic), verás la comparación entre el paisaje pintado y la vista actual.

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“La poesía es indispensable, pero me gustaría saber para qué”, dijo Jean Cocteau en un discurso que ofreció en la Academia Francesa en 1955. Habrá que aceptar que el “para qué” se renueva en cada contexto: la función del arte cobra sentido no sólo en el momento en que se crea, sino en el se interpreta. Casi 150 años han pasado desde que, en la década de 1870, José María Velasco arrancó su labor artística con los paisajes mexicanos. En las cuatro décadas venideras, pintó cerca de 300 óleos que lograron el reconocimiento de la pintura mexicana. Cuadros como Patio de una casa vieja (1861) y Catedral de Oaxaca (1887) equipararon a México con Europa en el ámbito cultural, y el pintor fue laureado en España, Francia y Estados Unidos, erigiéndose como un orgullo nacional. Tener esto en mente a la hora de apreciar un Velasco por supuesto que entusiasma, sin embargo, si se intenta situar su obra en el siglo XXI, el entusiasmo se desvanece.

Impulsado por su admiración de la obra de Velasco, el arquitecto documentalista Emiliano Bautista Neumann se dio a la tarea de localizar mediante Google Earth los puntos desde los que el pintor creó sus más icónicas representaciones de la cuenca de México. Es importante aclarar que Velasco interpretó esos paisajes, es decir, que no podemos entender su obra como un registro fiel; sin embargo, el contraste del escenario que Velasco pintó con las vistas actuales son una declaración: el valle de México fue consumido por la urbanización y por la crisis climática.

Cerro de Santa Isabel, 1877 / Foto montaje Emiliano Bautista.

Cerro de Santa Isabel, 1877 / Foto montaje Emiliano Bautista.

Vista del valle de México desde el cerro de Santa Isabel (1877) es el cuadro más reconocido del pintor. Lo es por su uso del color, con el que representó la atmósfera fría de las montañas y los volcanes y el reflejo azul grisáceo del lago de Texcoco, y porque el cuadro es un registro meticuloso de la flora y la fauna del lugar, pues Velasco, además de pintor, era un científico y, con su conocimiento de botánica, geología, zoología y paleontología, era capaz de recrear la hierba, los arbustos, el tipo de tierra y las rocas características del cerro de Santa Isabel. El sitio que inspiró aquel óleo –impregnado de símbolos nacionalistas, como el águila que lleva en el pico una serpiente y el nopal que crece de la tierra– ha sido exterminado.

“Se puede ver cómo la ciudad ha avanzado y se ha comido todo ese terreno para construir sobre lo que en algún punto fue un lago; luego, terrenos de cultivo; y ahora, en términos muy fuertes, sólo se podría decir que es una mancha gris”, explica Emiliano Bautista sobre el montaje que hizo entre la pintura de Velasco y una fotografía actual del Valle de México, vista desde el mismo punto, y en la que no se aprecia más que la vasta extensión del concreto.

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