Lydia Cacho: Mi tortura, el exilio y los criminales - Gatopardo

Mi tortura, el exilio y los criminales

Lydia Cacho lleva un año de vivir en desplazamiento forzado, luego de que dos sicarios entraron a su hogar armados. En todo este tiempo, ha solicitado asilo temporal a varios países. Las tres fiscalías que llevan su caso se han negado a darle audiencia virtual.

En las grabaciones se escucha la conversación: “Tráeme a una de trece años, pero que sea virgen. ¿De Miami? Sí esa, para [palabras que describen crudamente violación infantil] ¿Cuánto? [se ríe]”. Al otro lado del teléfono, el traficante de niñas responde: “Tres mil dólares mas los papeles… sí, una virgen pero que haga [descripción de violación infantil por dos adultos] como a ti te gusta papá”.

Este es el fragmento de una de más de quince conversaciones que escucharon las y los ministros de la Suprema Corte de Justicia de México en abril de 2006. Se cumplían unos meses de que yo había sido secuestrada y torturada física, sicológica y sexualmente durante más de veinte horas por policías; esto por haber escrito uno de mis 16 libros: la investigación Los demonios del Edén: el poder detrás de la pornografía infantil, gracias a la cuál uno de los tratantes está purgando una sentencia de 113 años de prisión.

El entonces gobernador de Puebla, Mario Marín Torres (PRI) encabezó la red de protección política que pretendía silenciar la operación político-empresarial de explotación sexual comercial de niñas de entre 4 y 13 años más documentada de la historia mexicana. Para torturarme, encarcelarme ilícitamente e intentar silenciarme hace 15 años, se coludieron servidores públicos de alto nivel; miembros del senado, los gobernadores de Quintana Roo, Chiapas y Veracruz, el presidente del Poder Judicial de Puebla, una jueza, el director de la policía judicial, empresarios que blanquean capitales ilícitos, policías municipales y ministerios públicos. Todos sus nombres están en los expedientes de la Fiscalía General de la República (FGR) señalados por mí, por testigos, criminólogos y víctimas, como parte de la trama criminal Demonios del Edén, sólo en nuestra región este delito deja a los tratantes 1,3 mil millones de dólares, mientras México es el mayor consumidor de pornografía infantil.

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