Turismo de siglo XXI: ¿Motor del desarrollo o némesis ambiental?

Turismo de siglo XXI: ¿Motor del desarrollo o némesis ambiental?

Cuando nos dicen que el turismo es el motor de la economía y que urge reactivarlo, hay que preguntarnos, ¿de la economía de quién? y ¿de qué tamaño es la huella social, económica y medioambiental que dejamos cada vez que viajamos?

Tiempo de lectura: 6 minutos

Son vacaciones de verano. Ya sé, llevamos tres meses encerrados y finalmente el semáforo epidemiológico dice naranja. Además, quién quita que en alguna playa ya sea amarillo. Nos queman las ansias de viajar de nuevo, aunque sea en coche, para ir a la playa. Seguro el mar es antiviral y si no, el sol y la arena quizás sí.

Aunque de eso no hay ninguna evidencia, es lo que queremos creer. Pero querido lector, ¿te has puesto a pensar en el costo ecológico del turismo? ¿Cuál es la huella social, económica y medioambiental que dejamos cada vez que decidimos viajar? Cuando nos dicen que el turismo es el motor de la economía, yo me pregunto, ¿de la economía de quién?

Analicemos dos sitios contrastantes: Cancún y Cuatro Ciénegas. El primero es un destino de playa en el Caribe con fama internacional, cuyo aeropuerto era hasta hace poco el segundo más transitado del país. El otro es un pueblo en el desierto, en el estado de Coahuila. Para llegar ahí hay que manejar al menos tres horas luego de llegar en avión a alguna de las ciudades cercanas: Torreón, Saltillo o Monterrey. Ambos tienen aguas transparentes color turquesa, pero en uno de ellos, durante los últimos 25 años, el recurso natural ha sido abusado en nombre del progreso y la economía (recordemos al Lorax de la columna pasada) y en el otro, debido a la intensa investigación científica, la mayor parte de sus pozas están protegidas.

Cancún tiene más de 200 hoteles, al menos 50,000 habitaciones. La mayoría de estos enormes complejos turísticos son “all inclusive”, así que no aportan a la economía local, solo a la de los dueños, en su mayoría extranjeros, que pagan salarios bajos a la mayor parte de sus empleados. Seis de cada 10 cuartos pertenecen a familias españolas multimillonarias. Para construirlos se destruyó el manglar y el sistema lagunar, se han sobreexplotado los acuíferos y contaminado las aguas. ¿Todo esto a cambio de qué?

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