Cartoneros: ¿quién creó la cooperativa de reciclaje más grande de América Latina?

El alquimista: ¿quién creó la cooperativa de cartoneros más grande de América Latina?

La palabra “cartonero” en Argentina tiene una carga de insulto: llaman así a los recicladores informales que buscan y sacan materiales de la basura para subsistir. En veinte años el reciclaje pasó de ser casi un delito a convertirse en una industria pujante. Sergio Sánchez fue un hombre clave para su impulso: le hizo frente al hostigamiento de la policía y el gobierno, se convirtió en líder social y les consiguió seguridad social, jubilación y un sueldo fijo a los cartoneros afiliados.

 

 

Sergio Sánchez está a punto de ser atropellado por uno de los tractores que empujan la basura. Su cuerpo queda inmóvil, suspendido. Las manos en los bolsillos de la campera. El rostro redondo y opaco, los ojos negros impasibles, iluminados por el cigarrillo que cuelga de su labio inferior. El tractor frena en seco. Se desparraman algunas botellas de vidrio y plásticos amontonados en la pala mecánica. Levantada sobre sus ruedas traseras, la máquina gira hacia un costado y rodea el cuerpo macizo, de panza abultada, piernas cortas y robustas, que tiene enfrente. Sigue su camino hacia el fondo del inmenso galpón en donde se apelmazan, uno arriba del otro, los fardos de basura. Sergio Sánchez mantiene su trayectoria inalterable. Como un planeta que apenas percibe, en las capas más lejanas de su atmósfera, el roce de un asteroide perdido.

—¡Voy a cagar a pedos a todos por los barbijos! —dice.

La voz es grave, rasposa, esforzada. Las palabras salen como pegadas entre sí.

Son las siete de la tarde y acaba de llegar en una vieja camioneta Peugeot Partner de vidrios polarizados para controlar el tercer y último turno en esta planta de reciclaje que se ubica en Parque Patricios, un barrio popular al sur de la Ciudad de Buenos Aires. Es una de las cuatro plantas que funcionan bajo la tutela de Sergio Sánchez, que procesan dos mil toneladas de basura al mes: un cuarto de lo que produce la ciudad entera.

—Cuando termine el quilombo, arrancamos.

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