Daniel Divinsky - El último de su raza - Gatopardo

Daniel Divinsky – El último de su raza

El primer editor de autores como Fontanarrosa, el mismo que publica a Quino desde 1970, Daniel Divin

—Aquella es la isla de los elefantes, y en ese espejo de agua que ves ahí están las focas y los lobos marinos.

El primer editor de autores como Fontanarrosa, Maitena y Liniers, el mismo que publica a Quino desde 1970, el hombre señalado como uno de los últimos ejemplares de la raza en extinción de editores independientes, vive frente al zoológico de Buenos Aires, y como si fuera el dueño del paisaje muestra los manchones violetas de las jacarandas en flor. Hay once mil en toda la ciudad y muchas se deben ver desde el balcón en el que Daniel Divinsky está parado ahora. Empieza noviembre, es sábado por la mañana y hoy no trabaja. Eso explica su jean un poco gastado y la camisa informal. Robusto, canoso, de barba, usa lentes gruesos con marcos de carey. Cierra la puerta del balcón y se pasea frente a la biblioteca. Parte de las obras publicadas por la editorial que fundó en 1966, a los veinticuatro años, están allí. Junto a los libros de historietas y humor gráfico que identifican a Ediciones de la Flor con personajes como Mafalda, que agotó doscientos mil ejemplares en dos días, están las firmas de Boris Vian, Paul Nizan, Georges Brassens, Vinícius de Moraes, John Berger, Umberto Eco, Rodolfo Fogwill, Martín Caparrós, sólo por enumerar algunos de los autores que forman el cuerpo cuidado y ecléctico de un catálogo de casi setecientos títulos que supo ser tremendamente innovador y que Divinsky financió, en gran parte, con los longsellers de Quino, Roberto Fontanarrosa, y del periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh, autor de Operación Masacre, la obra clásica de no ficción que lleva vendidas más de ochenta ediciones.

Antes de este primer encuentro, Divinsky canceló varias citas a través de correos electrónicos que replican la retórica formal de las cartas. En el encabezado, un “Querida”, dos puntos, sangría y el texto diligente: “Leo tu mensaje en París. Mañana viajo a Barcelona y luego a Frankfurt”; “A cada momento surgen imprevistos. Debo ir a la entrega del Premio Clarín de Novela. Y luego viajo a México como jurado de un Premio Internacional de Traducción Literaria”; “No soy una figurita difícil, la época es complicada. El miércoles tengo reunión con Nik (un historietista argentino que agota cuarenta mil ejemplares en semanas) y luego el festejo de los cien años de la librería El Ateneo”. Siempre fue protagonista de la agenda cultural, pero desde que Ediciones de la Flor cumplió cuarenta años —hace cinco— su figura se hizo símbolo: Divinsky es el editor que sobrevivió a la censura, la prisión y el exilio, a los nuevos paradigmas de la industria, al absolutismo de los sellos internacionales, a la piratería y los problemas de distribución; el que supo conservar a autores que toda editorial quiere para sí, y el que insiste en descubrir talentos con una fe militante.

—Nací el 1 de abril de 1942. Soy claramente un April’s Fool —dice, en alusión al “día de los tontos de abril”, que se celebra en esa fecha en varias partes del mundo.

Sobre las paredes blancas se ven pinturas y dibujos de artistas argentinos que son sus amigos; sobre una mesa baja, fotografías y cartas que el tiempo ha vuelto ambarinas; en los portarretratos, los hombres de la familia: abuelo, padre, hijo y nieto. Es un ambiente elegante. Muy distinto a la casa humilde de su infancia, en un barrio donde las calles se inundaban.
—Miraba cómo el agua iba cubriendo las patas de los caballos; enfrente había una panadería que tenía un carro para hacer el reparto. Como verás, hablo de la prehistoria. Me sentaba aquí, arriba de esta misma mesa.

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