El amor según Guillermo del Toro

La forma del agua, la nueva cinta de Guillermo del Toro, está motivada en una profunda necesidad de combatir el cinismo contemporáneo.

Guillermo del Toro llegó al XV Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) como un huracán de buenas intenciones. La presencia del cineasta y el estreno en México de su nueva película, La forma del agua, fueron las joyas de la corona en la celebración de 15 años de uno de los festivales de cine más importantes del país. Acompañado siempre por la directora del FICM, Daniela Michel, y por un equipo de seguridad personal, el director pasó cuatro días entre cinéfilos, siempre bromista y sonriente.

Presentó su nueva cinta en una función de gala donde, además, se develó una butaca especial con su nombre, firmó autógrafos en la alfombra roja, ofreció dos clases magistrales gratuitas y atendió una función de beneficencia para afectados por los sismos de septiembre en México. Mientras estuvo en Morelia, capturó la atención de transeúntes, audiencia, reporteros y miembros de la organización del festival. Se cumplía por fin lo que quiso hacerse en 2015, cuando el FICM estrenó en México el largometraje anterior de del Toro, La cumbre escarlata; en esa ocasión, serios problemas de salud le impidieron asistir al festival. Las visitas públicas de Guillermo del Toro a su país de origen no son frecuentes, de modo que las reacciones desbordan efusividad en cada oportunidad de verlo caminar por México y atender a la audiencia local.

Este mexicano, nacido en Guadalajara en 1964, ha construido en más de 20 años de carrera cinematográfica un universo poblado por hadas, monstruos, princesas y fantasmas. Su película más reciente, La forma del agua, sorprendió al llevarse el León de Oro a Mejor Película en la 73ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia. Los críticos la adoran y cada día suena más fuerte la posibilidad de que sea esta cinta la que por fin le dé un premio Oscar.

Del Toro reinvirtió su salario en ella para asegurarse de que se hiciera exactamente como él quería. Dedicó tres años de trabajo de diseño hasta conseguir la escultura perfecta para su criatura protagónica. La forma del agua —coescrita con Vanessa Taylor— es una cinta conmovedora con dos metas claras: revalorar al amor como la fuerza más poderosa del mundo y comprender que vivimos en matices de gris y no únicamente en blanco y negro.

Por petición de del Toro, lo que originalmente serían conversaciones de cinco minutos uno a uno con medios de comunicación se convirtieron en encuentros de casi una hora con seis o siete reporteros por vez. Reunidos en una sala privada del Hotel Virrey de Mendoza, en el centro histórico de Morelia, el director explicó sobre su cinta: “La única manera de respirar es en el gris. En la vida lo único que nos da permiso de existir es que vivimos en esa área gris, por eso hay tantísima rabia. Es muy bonito que en esta película el único personaje obsesionado con la blancura moral es el antagonista”.

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