Julia Carabias, la defensora de la selva - Gatopardo
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Reportajes

La defensora de la selva

Desde hace décadas, Julia Carabias se ha enfrentado a enormes obstáculos para defender el medio ambiente en México. Su lucha es contra su principal depredador: las invasiones humanas. Hoy es una de las investigadoras más reconocidas en el mundo.

El calor en la selva se enquista en la respiración. La humedad del entorno se mimetiza con la piel que transpira. Cuando el sol está alto, una quieta zozobra se cierne sobre el dosel de los árboles: no hay quien resista el pundonor de la canícula.

Durante nuestra visita a la estación Chajul en la Selva Lacandona, el río Lacantún exhibía zonas bajas y estancadas: hacía tiempo que no llovía. Las marcas dejadas por los niveles del río sobre la ladera nos mostraron que estábamos al menos un metro por debajo de su caudal tradicional. Avanzamos por lancha para tratar de encontrar un punto desde el cual, a pesar de las humaredas que producen las quemas en el ejido Marqués de Comillas, el fotógrafo Santiago Arau pudiera levantar su dron y mirar tanto la majestuosidad orográfica de los árboles como la creciente devastación que amenaza la Reserva de la Biosfera Montes Azules.

Cuando por fin encontramos un buen punto para levantar el aparato, la ambientalista Julia Carabias se asomó a la pantalla y nos explicó los límites territoriales de la reserva y la ubicación de los asentamientos ilegales que hoy constituyen una de las amenazas más grandes para la conservación de uno de los sitios de mayor biodiversidad en el mundo.

Después de días de recorridos por río y a pie a través de los senderos de la selva, volvimos a la Ciudad de México. En el aeropuerto recibí fotografías y mensajes de voz de Rosaura Cadena y Alejandra Rabasa, cómplices y colaboradoras de Carabias: lejos de los recorridos de inspección que vivimos nosotros, a ellas les tocó trabajo de campo. Bajo el sol inclemente, las tres dedicaron toda su mañana y buena parte de la tarde a restaurar la laguna de Lacanjá. Tras cinco horas de trabajo arduo, Cadena y Rabasa mostraron acuse de la insolación y el cansancio, y se sentaron bajo unas sillas y una sombra improvisada mientras Carabias seguía. “Es infatigable”, explica Rosaura, “no sólo puede estar midiendo plantitas, el manto freático y recogiendo basura sin parar un segundo durante horas, sino que lo hace sin perder entusiasmo”. Lejos de regresar a resguardarse de las jornadas extenuantes, Carabias suele usar las tardes para apuntalar uno de los proyectos principales de la estación: la instrucción de la población más joven.

Durante nuestra estancia, pasó una noche proyectando una presentación que explicaba el avance de la devastación en la Selva Lacandona, cómo las interacciones que se generan de manera natural pueden tardar cientos de años en restaurarse y el impacto que las políticas de conservación ha tenido en reestablecer poblaciones de fauna amenazada. Otra noche se la dedicó a trabajar con uno de los chicos beneficiarios de los sistemas de becas que tienen en alianza con organizaciones no gubernamentales: el chico quiere ser chef y trabajar en uno de los proyectos de ecoturismo que hay en la región para promover el desarrollo económico sin tener que desmontar selva. Cientos de niños y jóvenes han pasado por la estación Chajul, en procesos de sensibilización e instrucción en temas ambientales de conservación y protección de recursos naturales. Además se han becado a chicos para que estudien temas vinculados con la biología o la gastronomía, con la intención de que regresen a sus comunidades a impulsar proyectos productivos que tengan siempre una óptica de conservación.

La estación de Chajul

La estación de Chajul es un centro de monitoreo de especies, educación ambiental, capacitación y vigilancia al pie del río Lacantún.

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