La industria del aguacate en México está en discordia – Gatopardo

La fiebre del aguacate. El fruto de la discordia en Michoacán

La fiebre por cultivar aguacate, fruto originario de Mesoamérica, al costo que sea solo encuentra explicación en su demanda. Estados Unidos compra miles de toneladas y el guacamole es la botana predilecta para ver el Super Bowl. Michoacán, cuna de este cultivo, es un territorio asediado por la violencia, donde los campesinos y pequeños productores se enfrentan a un monocultivo intenso, sequías frecuentes y la sobreexplotación de los recursos naturales. Hoy las ganancias del “oro verde” se antojan millonarias.

 

A los pocos días de la caída del muro de Berlín, en 1989, las personas que habían vivido en Alemania del Este se encontraron con que los supermercados estaban repletos de plátanos y la gente les regalaba racimos de éstos como gesto de bienvenida al mundo “libre”. Plátanos y chocolates eran, en Europa, símbolo de libertad; del otro lado del mundo, en cambio, en Centroamérica y el Caribe, estaban al centro de una realidad de trabajo forzado, destrucción de comunidades y erosión de la tierra. Modas y crisis no solo van de la mano, sino que forman parte de un ciclo perverso.

El aguacate se encuentra hoy en un cenit de la moda parecido. Lo llaman el “oro verde”, pero quienes lo recolectan trabajan duras jornadas y, en ocasiones, son víctimas de una violencia que no termina; un oro cuya producción conlleva consecuencias graves para el medio ambiente —nada distinto del metal precioso— y pone en riesgo la supervivencia de otras fuentes agrícolas locales, que no pueden competir contra esta agroindustria. Según datos oficiales de Michoacán —el epicentro de este reino en México—, el aguacate deja, año con año, una ganancia de 70 mil millones de pesos tan solo de la exportación directa con la Unión Americana. Existen hoy oficialmente alrededor de 75 mil productores, sin embargo, esta cifra se ha disparado desde 2016, cuando la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM), una asociación civil, registró 20 mil 500 productores afiliados en el país.

Esta tendencia no es reciente. Hacia finales de los ochenta, el mercado estadounidense comenzó a perfilar el aguacate como parte de una dieta saludable, lo que fortaleció la producción interna, específicamente, en California. En ese momento, no había exportación mexicana —incluso estuvo prohibida durante setenta años—, sin embargo, para finales de los noventa, este cultivo emigró en sentido opuesto: la producción estadounidense creció exponencialmente gracias al traslado del negocio a tierras mexicanas, lo que motivó el cultivo local bajo los estándares de calidad norteamericanos. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994 fue crucial y también el fin del veto del producto mexicano. El costo de la producción se redujo y las condiciones climáticas en Michoacán (de clima templado, boscoso y con alto nivel de agua) mostraron ser las idóneas para que el negocio se desarrollara exitosamente.

En algún punto, cuando la idea de las “grasas buenas” de este fruto ya había cundido, a alguien se le ocurrió que comer un pan tostado con aguacate encima era buena idea. La combinación se hizo tan popular que tuvo un alcance mundial y los comerciales televisivos empezaron a promocionarlo como el nuevo desayuno predilecto de este siglo. En Nueva York hay lugares como Avocaderia, que se anuncia como “bar de aguacate” o Avocado Apetit, donde ofrecen menús innovadores a partir de este ingrediente, y lo mismo ocurre en las principales ciudades de países como Francia y Alemania. En la exclusiva cadena de supermercados Whole Foods, en Nueva York, el costo del aguacate Hass es de 1.49 dólares la pieza, mientras que el orgánico tiene un costo de 1.99 dólares; ambos tipos provienen de Michoacán.

El mercado de ese estado está dirigido casi exclusivamente a los millones de toneladas de aguacate que se envían a nuestro vecino del norte. El 26 de enero de 2021, el diario Milenio estimó que cada siete minutos se envía un camión de Michoacán a Estados Unidos para atender la demanda que se calculaba para la más reciente edición del Super Bowl. Según las cifras que se publicaron en El Economista, al final de la temporada de venta (junio de 2020) se alcanzó una cifra récord, de un millón 272 mil toneladas. Otros países, como República Dominicana, Perú y Chile, compiten por estar entre los primeros cinco productores, pero el estado mexicano sigue siendo el “reino” de este fruto, como indica un monumento a la entrada de Tancítaro, a seis horas de la Ciudad de México, una localidad con cerca de 30 mil habitantes y que se considera la capital mundial del aguacate. Esta escultura minimalista representa un aguacate y, a manera de hueso, tiene un globo terráqueo: un homenaje a la fuerza de este negocio, pero también un recordatorio permanente de las disputas que su producción ha generado; de la violencia y la ambición que acompañan a este monocultivo.

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