Líderes comunitarias en peligro constante

Durante ese estremecedor periodo de persecución, silencio, impunidad y estigmatización por parte del Estado que fue la guerra contra las FARC, ellas encontraron fuerza para reconstruir su dignidad y exigir su reparación.

Ser voceras comunitarias y defensoras de Derechos Humanos es una convicción, una fuerza interior que empodera a otras. Es, también, una denuncia continua y un inmenso riesgo debido a la violencia estructural que históricamente ha afectado sus derechos en razón de su género.

Ellas tienen el doble de probabilidad de ser violadas y torturadas que los hombres.

La mayoría de estas mujeres son de las zonas rurales de Colombia, donde han sido víctimas y sobrevivientes de un conflicto que, entre tanto, les arrebató a sus familiares, las despojó de sus territorios o las violentó física y emocionalmente.

Durante ese estremecedor periodo de persecución, silencio, impunidad y estigmatización por parte del Estado que fue la guerra contra las FARC, ellas encontraron fuerza para reconstruir su dignidad y exigir su reparación. Fue así como entre las montañas, al pie de los ríos y en los barrios improvisados se unieron para encarar a sus victimarios, reclamar información sobre sus familiares desaparecidos y trabajar de forma pacífica por sus poblaciones, en particular por las más jóvenes.

En 2012, esas voces, invisibilizadas en las zonas urbanas, comenzaron a oírse en las asambleas municipales y las mesas que discutían los Acuerdos de Paz entre el gobierno y las FARC, después de presionar por una participación más igualitaria. Incluyeron, entonces, el enfoque de género en los pactos de La Habana para reparar de una forma diferencial a las mujeres sobrevivientes de la guerra y las personas con identidad sexual diversa, especialmente en temas de justicia y territorio, lo que reivindicó su papel.

En 2016, sin embargo, los sectores más conservadores confundieron estratégicamente el concepto de enfoque con ideología, tras un discurso en el que Humberto De la Calle, jefe del equipo negociador del gobierno, aseguró que, “el enfoque de género toca concepciones de carácter cultural e histórico (…) Son construcciones que abarcan patrones de comportamiento y de valoración asignados a cada género”.

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