Los Ángeles nunca mueren

Cuando Los Ángeles Azules pisan el escenario hace que la multitud se convierta en una sola voz.

De mandil y zapatillas de plástico sobre su puerta, la señora Herrera Costilla me ve perdido en Iztapalapa, la zona más poblada de la ciudad de México, y repite la pregunta que le acabo de hacer: “¿Que dónde viven Los Ángeles Azules? Toda esta cuadra les pertenece: desde aquí hasta allá —se ríe mientras balancea su brazo de un extremo a otro—. Pero para más seguridad, toque ahí”.

El índice de la vecina de la colonia La Era señala una casa: la única de tres pisos, estilizados balcones de piedra y un elevado árbol verde entre la gris desolación. Rebosa cemento esta calle del oriente capitalino, avasallado por peseros, refaccionarias y tropas de puestos ambulantes de la Línea 8 del metro.

La fachada triangular, sostenida por cinco columnas, quizás inspiradas en el Partenón ateniense, ha sufrido el ultraje de grafitis negros.

Encajado en un muro exterior, un viejo y enorme cartel vertical indica: “Médico General. Dentista. RX. Ortodon ia”, sin la “c” que algún día se cayó.

La empleada doméstica me invita a la sala de la casa de Elías Mejía Avante, el Doc, bajista, médico y líder de Los Ángeles Azules, desde hace cuarenta y cinco años el más grande grupo de cumbia que haya existido en el DF. “Espérelo, por favor”, me pide.

En minutos, sus hermanos, miembros base de la banda, se juntarán aquí para trasladarse juntos al popular festival de rock Vive Latino: llegarán el arquitecto Jorge (acordeón), los abogados Alfredo (piano) y Pepe (percusiones), y las dentistas Lupita (güiro) y Cristina (guacharaca).

CONTINUAR LEYENDO
COMPARTE

Recomendaciones Gatopardo

Más historias que podrían interesarte.