El periodista que inventó un libro de conversaciones con García Márquez

El hombre que se convirtió en espejo

Nahuel Maciel, el periodista que inventó un libro de conversaciones con Gabriel García Márquez

El mesón de Jeremías es un restaurante que no existe, ubicado en un punto preciso de la costanera de Gualeguaychú, una pequeña ciudad turística del noreste argentino, en la provincia de Entre Ríos, conocida por sus carnavales. Lo inventó Nahuel Maciel, que no se llama Nahuel Maciel, para escribir sobre cocina en el diario El Argentino —el más antiguo de Gualeguaychú— en algunas ediciones de 2010: los clientes de Jeremías nacían al llegar al lugar y morían un párrafo después del proceso de cocción, una vez agotadas sus historias de pasiones cotidianas, la receta y el espacio disponible para el texto.

—Hubo lectores que llamaron al diario para saber cómo podían llegar al restaurante —dice Nahuel Maciel, mirando hacia el río.
Es de noche, la costanera de Gualeguaychú está iluminada.
—En un momento llegó a haber como diez o quince personas que aseguraban que habían comido en el mesón de Jeremías. Era una ficción, ¡un recurso!
Maciel abandona una sonrisa a mitad de camino y apura el cigarrillo. Lo tira. Lo pisa.
—Pero claro, algunos ya preguntaban: “¿Volviste a las andanzas, Nahuel?”.

Aprincipios de los noventa, Nahuel Maciel se convirtió en leyenda por plagiar e inventar con eficacia, sin vacilación, largas entrevistas a personalidades como Gabriel García Márquez, Carl Sagan, Umberto Eco, Mario Vargas Llosa y Juan Carlos Onetti, que fueron publicadas entre 1991 y 1992 por el suplemento de cultura de El Cronista Comercial, un diario de la capital argentina. Los hechos ocurrieron hace dos décadas en Buenos Aires, y tuvieron su continuación durante algunos años en Paraná, capital de Entre Ríos, donde Maciel fue a vivir después del hito más conocido de su pasado, lo que se considera el punto más elevado al que lo llevó el ciclo ascendente de la mitomanía: en 1992, ante una sala repleta con más de quinientas personas, el joven Nahuel Maciel presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires Elogio de la utopía, una recopilación de conversaciones con García Márquez que no eran reales, prologada por un texto del escritor uruguayo Eduardo Galeano que Galeano nunca escribió, con un prefacio a cada capítulo plagiado, palabra por palabra, de un libro del sacerdote argentino Mamerto Menapace, a cuyos textos sólo les había cambiado la palabra “Dios” por “Utopía”.

Mamerto Menapace es un cura célebre del monasterio benedictino Santa María de los Toldos, en la provincia de Buenos Aires, que ha encarnado una figura folclórica —el cura de campo— como autor de cuentos y poemas en los que predominan las moralejas de la vida rural y las parábolas religiosas. Fue el primero en denunciar el plagio, a pocos meses de la presentación: Elogio de la utopía era un collage de distintas fuentes, y su publicación supuso el final de la carrera meteórica de Nahuel Maciel en la capital del país.

En la contratapa del libro se puede ver un retrato suyo de aquellos años: un joven de camisa que sonríe apenas a la cámara; el pelo negro, abundante, se une con la barba, negra y abundante, de tal modo que dibujan el contorno de un rostro delgado, anguloso, donde sobresalen —levemente— los pómulos y las cejas pobladas. Debajo de la foto, un texto breve en primera persona, “Palabras de un autorretrato”, sin más información de origen que la siguiente: “Esto era así allá en la cordillera, en Neuquén, el lugar donde crecí. Pero aquí en Buenos Aires, las cosas son algo diferentes”.

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