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Cambios climáticos ancestrales

El enfriamiento del planeta ocasionó, hace 305 millones de años, lo que ahora conocemos como el colapso de las selvas tropicales del Carbonífero, un evento de extinción masiva.

Hoy en día la Tierra atraviesa por un cambio climático que, al mismo tiempo que nos asusta, nos vale. Lo percibimos inmenso y, muy probablemente, único e irrepetible. Esto último tiene algo de verdad —su causa principal es la sociedad humana industrializada—, pero también encubre que, en 3 800 millones de años de vida en el planeta, ha habido otros cambios climáticos cuyas consecuencias aún marcan el presente. En particular, ciertos procesos que ocurrieron durante el periodo Carbonífero, unos trescientos millones de años atrás, están íntimamente relacionados con la sociedad industrial y, por lo tanto, con la quema de combustibles fósiles que sustentan las sociedades actuales, al tiempo que las ponen en jaque. Para entender todo esto hay que contar una historia antigua que protagonizan una molécula especial, una extinción masiva y ciertos hongos que lo cambiaron todo.

Hace unos quinientos millones de años las plantas ya habían comenzado a colonizar el medio terrestre. Eran pequeñitas, crecían a ras del suelo y una de sus principales constricciones para llegar más alto, o sea, crecer hacia arriba, era que sus cuerpos no tenían la capacidad de mantenerse erguidos sin desguanzarse. Entonces, hace más o menos 450 millones de años, evolucionó la lignina, que hoy está en cualquier lugar donde haya madera y en casi todas las plantas, excepto en musgos y alguna otra especie que sigue siendo chaparrita y aguada.

La lignina es el segundo compuesto biológico más abundante en el mundo (el primero es la celulosa, también presente en las plantas); tiene una estructura compleja y pesada, constituida de 60% de carbono, que provee rigidez estructural a los tejidos vegetales y los vuelve mejores para ciertas cuestiones vitales, como transportar agua en contra de la gravedad de las raíces hacia arriba, o ser un bocado más difícil de roer para animales o microorganismos. Gracias a la aparición de la lignina, las plantas evolucionaron hacia formas terrestres cada vez más altas, que les permitieron obtener luz solar antes de que ésta llegara al suelo. Pero el crecimiento hacia arriba no estuvo acompasado con el desarrollo hacia abajo; es decir, con la evolución de raíces poderosas que las fijaran a la tierra, y pasó mucho tiempo antes de que eso cambiara. Hace 360 millones de años, cuando comenzó el periodo Carbonífero, había bosques y árboles tan altos que llegaban hasta los cincuenta metros sin la capacidad de sujetarse firmemente al suelo.

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