Postales de la Feria del Libro de Buenos Aires - Gatopardo

Postales de la Feria de Libro de Buenos Aires

El evento arrancó en medio de una fuerte crisis económica y el boom de los libros sobre género.

Buenos Aires es la ciudad del mundo con más librerías per cápita. Según un informe de la londinense Consultora BOP, publicado en 2015, cuenta con 25 tiendas de libros por cada 100 mil habitantes. Además, es la séptima jurisdicción mundial en cantidad de bibliotecas: 3 por cada 100 mil pobladores.

Asimismo, la Cámara Argentina del Libro dio a conocer hace pocas semanas su balance anual de 2018, donde revela que después del pico de 129 millones de nuevos títulos editados durante 2014, empezó una caída libre. En 2015 se produjeron 83 millones de libros, en 2016 fueron 63 millones, en 2017 cayeron a 51 millones y el año pasado bajaron a 43 millones.  Esto quiere decir que en apenas cuatro años la producción se redujo casi un 50 por ciento.

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En la platabanda de avenida Santa Fe, en el corazón de la Capital Federal de Argentina, hay una sucesión de puestos que ofrecen libros usados, justo enfrente del predio de la Sociedad Rural, donde al mismo tiempo se desarrolla la cuadragésima quinta edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el evento editorial más importante del país. Además de lo nuevo y lo viejo, en este punto de la ciudad se ponen en juego olores, colores y valores. Libros rancios o perfumados, opacos o brillantes, baratos o caros.

“Cultivar el suelo es servir la patria”, reza un imponente cartel dentro de la Rural, dejando al desnudo la concepción de nación de los grandes hacendados argentinos: sostener un país primarizado que relegue el desarrollo industrial para favorecer a los acaudalados productores de materias primas de exportación como la carne vacuna y la soja transgénica. En ese emblemático lugar de la oligarquía argentina, como cada año en esta misma época, proliferan los stands y actividades culturales vinculadas a la industria del libro y los textos impresos.

Un breve recorrido por la Feria, sin detenerse a leer contratapas ni a preguntar por publicaciones puntuales, toma al menos dos horas de paseo. Paseo de pura contemplación. Por unos minutos, tras finalizar el trayecto, se torna imposible creer que el mercado editorial experimenta la remisión que acusan sus inversores, el despliegue del evento es estrafalario y la cantidad de libros y revistas en oferta simplemente no cabe.

“(…) ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? (…) En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré” (Borges, 1949).

Feria del Libro de Buenos Aires

Primera Feria del Libro primeras ediciones / Imagen cortesía de Feria del Libro de Buenos Aires.

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Rodolfo C. Pini lleva publicados 24 libros. Empezó su meteórica carrera editorial en 2013, cuando renunció a su trabajo en un banco y se dispuso a concluir, corregir y editar todo lo que había venido escribiendo a lo largo de su vida. En ese entonces tenía poco más de cincuenta años y, según confiesa, nunca antes había sentido la necesidad de publicar algo hasta que terminó de escribir su novela Diálogos en el cementerio. Antes de eso, él “pensaba que a nadie le podía interesar” lo que producía. En aquellos años, sin embargo, le agradaba escribir y no pensaba privarse de ese placer.

—¿Qué pasó una vez que terminaste de escribir aquella novela?

— Empecé a recorrer el camino para ver cómo se hacía para publicar un libro y llegué a la conclusión que lograr que alguna editorial grande lo publicara no sería fácil. Tampoco me interesaba hacer edición de autor porque me iba a llevar todos los libros a mi casa. Así que me di cuenta que tenía que crear mi propio sello y empezar a publicar. Tuve que dejar mi trabajo para encarar esto como mi nueva forma de vida.

Así nació Yaestiempo Ediciones, que desde 2013 participa todos los años en la feria de Buenos Aires y en la Feria del Libro Infantil y Juvenil. El espectro de lo publicado por Yaestiempo es amplio, no sólo por los géneros abordados sino también por las franjas etarias apuntadas, ya que cuenta con mucha literatura infantil y juvenil. Contrastando con esa diversidad, se trata de un sello que sólo ha publicado textos de su fundador: Rodolfo C. Bini, quien además atiende el stand.

— ¿Pensás en publicar a otros autores?

— Todavía no publicamos otros autores, pero el plan existe, me encantaría. Me llevó un tiempo conocer el negocio, el mercado, las posibilidades que hay, aprender sobre la distribución, que es muy complicada para las editoriales chicas (las distribuidoras se quedan con el 60% del precio de tapa de los libros). Así que por el momento seguiré con mis textos nada más.

Feria del Libro de Buenos Aires

Adolfo Bioy Casares / Imagen cortesía de Feria del Libro de Buenos Aires.

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La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se hizo por primera vez hace más de cuarenta años. En aquel entonces la cultura política argentina experimentaba las mismas dialécticas que dividían el mundo, en Occidente y Oriente o entre Norte y Sur, como se prefiera, pero además incorporaba otra oscilación que abría surcos dialécticos: el peronismo y el antiperonismo. Ni la industria editorial ni la intelectualidad nacionales estuvieron ajenas a ese escenario. Lo demuestran, por sólo citar algunos casos, la apropiación de la empresa Papel Prensa de la familia Graiver -que favoreció a La Nación y a Clarín- y el compromiso político de algunos exponentes literarios como Rodolfo Walsh, Juan Gelman o Francisco “Paco” Urondo. En aquel momento se generó la ebullición de una cultura letrada con discusiones políticas hondas, la antítesis del modelo de ciudadano neoliberal que se intenta imponer ahora, un ciudadano que “ya no lee libros”.

Este año, la Feria celebra su cuadragésima quinta edición -del 25 de abril al 13 de mayo- y ofrece una grilla de más de 1500 actividades de variada índole. Hay propuestas literarias, educativas, científicas y profesionales. Iconográficas, prosaicas y líricas. Hay foros, paneles, talleres, charlas, debates, movidas, muestras y conferencias. La grilla también clasifica su oferta por edades (actividades infantiles y juveniles) y por nuevas alternativas frente al texto escrito (audiolibros, bibliotecas virtuales, bookers, ebooks y youtubers). Y allí esté, tal vez, el quid de la cuestión. Cuerpos y materialidades frente al texto escrito. La lectura y la escritura a la luz de nuevos soportes, espacios e intencionalidades. Como una pulsión irrefrenable que sostiene a quienes quieren leer libros y a quienes quieren escribirlos. Quiénes.

En la antesala, los organizadores de la feria enfatizaron que El género en disputa de Judith Butler fue el libro más buscado durante la edición de 2018. La apertura de este año estuvo a cargo de la antropóloga Rita Segato, referente del movimiento feminista internacional. El Diálogo de Escritores Argentinos, otro sello distintivo de la feria de Buenos Aires, también será inaugurado por mujeres: Elsa Ducaroff entrevistará a Samanta Schweblin.

— ¿Las discusiones de género y disidencias sexuales están entre los temas más buscados en los últimos tiempos?

— Es gigante el crecimiento en los últimos años, el surgimiento del #NiUnaMenos ayudó mucho a que la sociedad empiece a interesarse por las problemáticas de las mujeres y de las disidencias—, responde Dafne Pidemunt.

— Pese a la demanda que hay acá -en la Feria-, en un espacio privilegiado de la cultura letrada, ¿el tema sigue siendo abarcado en su mayoría por sectores universitarios y con ciertas trayectorias de formación especializadas o crees que se va volviendo de mayor interés masivo?

— Hasta hace unos años sí era una preocupación casi exclusiva de universitarios. Porque es verdad que la temática de género estuvo muy vinculada a la clase media universitaria y blanca, pero también hay tremendas activistas que son de las villas y no tienen ninguna formación académica.

Dafne forma parte del stand Orgullo y Prejuicio que se inauguró en la edición del año pasado. Es poeta y editora, junto a Leticia Hernando sostienen el sello La Mariposa y La Iguana, donde trabajan “principalmente con temáticas de feminismo y diversidad sexual”.

Ella hace referencia a los procesos relacionados al feminismo que se han dado en los últimos años, a la visibilización de la problemática de la violencia contra las mujeres y a cómo el asunto empezó a trascender los claustros. Menciona a Ángela Davis como “una tremenda activista por los feminismos negros y latinoamericanos” y luego cita los casos de la travesti Lohana Berkins y la dirigente brasileña asesinada el año pasado, Marielle Franco.

La editora de La Mariposa y la Iguana considera que “al haber cada vez mayor visibilidad y conciencia, y cada vez más lucha, los sectores más conservadores endurecen su postura y se ponen aún más violentos de lo que venían siendo”. Interrumpe su exposición para responder una consulta, no miente al referir que el puesto que se inauguró el año pasado viene siendo todo un éxito.

— El stand estuvo pensado por la organización de la Feria. Es tremenda la cantidad de libros que se piden, Butler fue un puntapié tremendo -asevera Dafne-. El año pasado, los dos libros que más vendimos fueron Yo nena, yo princesa de Gaby Mansilla y Crianzas que fue escrito por Susy Shock.

— ¿Les tocó vivir algún episodio difícil?

— Durante la feria del año pasado tuvimos dos o tres situaciones de violencia, nada más. Fueron personas mayores que se acercaron a decirnos cosas como que estábamos degenerando el país. Pero la mayoría de los que vinieron estaban felices con el nuevo stand.

Primera Feria del Libro primeras ediciones / Imagen cortesía de Feria del Libro de Buenos Aires.

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Así como el año pasado se inauguró el espacio Orgullo y Prejuicio -sobre género-, este año la novedad fue el stand de la Diversidad Funcional y la Discapacidad, que persigue el objetivo de reunir en un espacio las publicaciones especializadas en la materia. De acuerdo a la Fundación El Libro, esta iniciativa “busca incentivar y promover a los diferentes autores, especialistas y organizaciones sociales abocadas a la temática de discapacidad y diversidad funcional, tanto física como intelectual”.

Al llegar allí, en el letrero del stand había un añadido al nombre de la folletería: “Espacio Federal”. Al acercarse a cotejar los libros especializados se tomó uno por azar, que nada tenía que ver con discapacidad o diversidad funcional, sino que contaba la historia de un ignoto jugador de básquet de una provincia del interior. Ni el básquet es tan popular en Argentina -en contraste, en la Feria hay stands de literatura futbolera y de equipos de fútbol como Boca, Huracán y Vélez, con sus propias publicaciones-, ni el nombre del hombre perfilado resultaba familiar. Lejos estaba de ser un Ginóbili o un Nocioni. O era una concepción muy rara de la diversidad funcional o alguien había dejado el libro por equivocación en ese sitio.

— Hola, ¿cómo va? Me parece que se confundieron con este libro -el hombre canoso, uno de los que atiende el puesto, capturó el libro y le miró la tapa y la contratapa.

— Hola, ¿cuál es la confusión, nene? -habló con la altivez propia de los capitalinos.

— ¿Este no es el stand sobre discapacidad?

— Ah, no, no, nene. Lo que pasa es que como éste es el primer año que se lanza lo de Discapacidad se lo juntó con el Espacio Federal, que junta autores de todo el país y de todas las temáticas. Allá están los libros específicos, nene —, señaló un mesón.

En ese mesón, sin embargo, tampoco hay suficientes libros que obedezcan a la diversidad funcional que pregonan al impulsar esta novedosa iniciativa. Seguramente esas otras formas del libro irán apareciendo en las próximas ediciones de la feria.

Jorge Luis Borges / Imagen cortesía de Feria del Libro de Buenos Aires.

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Dos periodistas experimentan una desavenencia en la Sala de Prensa de la Feria del Libro. En un primer momento, uno de ellos, al que llamaremos cariñosamente “el guatón”, le dispara una frase al que con igual cariño llamaremos “el viejo”. Cansado de escuchar al viejo, el guatón se paró y se alejó de su computadora y le ordenó que se detuviera de una vez por todas. El viejo se mantuvo inmutable, en la misma posición en la que estaba, y siguió con lo suyo. El guatón empezó entonces a mover la cabeza mirando hacia el resto de la sala buscando complicidad, nadie atinó a decirle nada. El viejo continuaba golpeando la máquina de café sin mirar a nadie, como poseído por la necesidad insoslayable de cafeína. El guatón, sin aliados, comprendió que mejor era intentar disuadir al empecinado. Apeló a una pregunta retórica: “¿No le parece que la máquina se puede romper, señor? ¿No cree que es mejor si le preguntamos a alguien que la sepa manejar?”. Mientras preguntaba, el guatón volvió a menear la cabeza buscando miradas cómplices. Nadie lo apoyó. Recién cuando el guatón se resignó y se desplomó en el sillón de la sala lanzando un bufido, el viejo también tiró la toalla y abandonó su terquedad. Siempre en silencio, el viejo fue a buscar a un joven muchacho del equipo de prensa institucional de la feria. Él explicó ante toda la sala de periodistas cómo usar la máquina de café. Todos asentimos.

Alguien irrumpió y descolocó al auditorio, en español aunque con una exquisita tonada catalana, avisando que pronto llegaría Joan Subirats, el comisionado de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, la ciudad invitada a la feria.

— ¿Con qué otras ferias del mundo compararías la de Buenos Aires?

— Hay otras dos grandes ferias del libro, Guadalajara y Frankfourt, las dos son muy importantes profesionalmente más que popularmente. Lo que caracteriza a la FIL (Feria Internacional del Libro) de Buenos Aires es que es muy larga -son tres semanas-, muy comercial porque pasan más de un millón de personas comprando libros, y que tiene una presencia muy fuerte de bibliotecas populares. Además, tiene un programa cultural muy sólido que acompaña todo el proceso.

— ¿Cuál es el horizonte del mundo editorial?

— Es un horizonte tan confuso como el de cualquier otra profesión, es decir, no tenemos ni idea de cuál será el futuro. Por lo tanto, si los libros van a ser sólo digitales o audiolibros son cosas que no sabemos. Pero tampoco sé, como profesor universitario que he sido durante 45 años, qué futuro tiene la universidad. Es decir, el impacto del cambio digital, en cualquier campo, también el periodismo, es espectacular. Es muy difícil tener certezas, lo que sí sabemos es que el libro sigue siendo una opción de respuesta a problemas.


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