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A Federico García Lorca no lo pudieron desaparecer

Federico García Lorca murió fusilado el 18 de agosto de 1936. Lo acusaban de muchas cosas: “ser espía de los rusos, haber sido secretario de Fernando de los Ríos, ser homosexual”. Lo que no sabían es que su legado se mantendría vivo.

Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, un municipio andaluz. En la casa en la que creció con sus hermanos –Francisco, Concha e Isabel– y sus padres –Federico García Rodríguez y Vicenta Lorca Romero– hay ahora un museo. El 5 de junio de 1898, el día en que nació, nadie se imaginaba que se convertiría en uno de los escritores más importantes de la historia. Mucho menos se pensó que se crearía un instituto dedicado a la investigación de sus obras o que en el siglo XXI se retomarían sus textos para volverlos a poner en escena. Tampoco hubo quién imaginara que un artista pop como Miguel Bosé lo interpretaría en un cortometraje y que cientos de flamencos se compondrían en su honor. 

El primer libro de García Lorca, Impresiones y Paisajes (1918), se publicó cuando el escritor tenía 20 años, después de que emprendiera una serie de viajes motivados por su profesor universitario, Martín Domínguez Barrueta. En esos viajes, Lorca recorrió Andalucía, Castilla y Galicia, descubrió paisajes y lugares inesperados, y afianzó amistad con Melchor Fernández, Almagro, Miguel Pizarro, Manuel Ángeles Ortiz, Ismael G. de la Serna y Ángel Barrios, personajes a los que también les esperaban grandes carreras. 

Estudiaba entonces Filosofía y Letras en la Universidad de Granada y era aficionado al piano. Su madre, Vicenta Lorca, le había inculcado desde muy chico el gusto por la lectura y escritura, y para cuando llegó a la universidad, donde sus amigos lo reconocían más como músico que como escritor, Lorca ya escribía poemas y canciones. 

Junto con sus compañeros de clase, Lorca instauró El Rinconcillo, una tertulia literaria que se celebraba en el café Alameda y que comenzó a tornear lo que se convertiría en la Generación del 27, que marcó un antes y un después en la cultura española. 

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