Tomás Cruz y la defensa de las comunidades chatinas - Gatopardo

El hogar es donde todo empieza. Tomás Cruz y la defensa de las comunidades chatinas

El asesinato de Tomás Cruz Lorenzo, defensor de la autonomía y el territorio chatinos, es un acontecimiento decisivo en la historia de las agresiones a los pueblos indígenas. A 31 años de su muerte, Evitemos que nuestro futuro se nos escape de las manos, publicado por hormiguero y el taller de ediciones económicas, hace un homenaje que actualiza su lucha. Este es un fragmento del libro.

Mi familia viene de San Juan Quiahije, de la región suroeste del estado de Oaxaca. El municipio tiene poco más de 4 mil habitantes en sus dos localidades, San Juan, que es la cabecera municipal, y Cieneguilla, que es la agencia de policía. Mi padre, Tomás Cruz Lorenzo, fue uno de los fundadores de Cieneguilla. En este texto quiero compartir mi historia como migrante y mis experiencias como hija de Tomás.

Mi familia migró primero a Santa Catarina Juquila y luego a la ciudad cuando éramos niños. Tomás no vivía con nosotros, ni en el pueblo, ni en Juquila y ni en Oaxaca. Mi recuerdo de él es que siempre estaba viajando. Él era un activista que trabajaba con los pueblos chatinos. No tenía lugar estable, dormía donde lo agarrara la noche, y muchas veces durmió en el bosque en su camioneta, así como lo describe en su escrito “Reflexiones en un amanecer cerca de mi comunidad”, incluido en Evitemos que nuestro futuro se nos escape de las manos. Cuando nos visitaba en la ciudad, nos contaba sus aventuras de carretera. A nosotros, sus hijos, nos gustaba mucho escuchar de sus andares y en las vacaciones nos llevaba con él. 

Cuando nos fuimos, la casa de Cieneguilla se quedó vacía. Con el tiempo, Tomás decidió regalarla. Su justificación fue que había una familia que necesitaba estar en Cieneguilla para estar cerca de la clínica local. La familia sacaba panela y al parecer la niña se había quemado con el jugo caliente. Cuando nos contó, estábamos en un cuarto en la ciudad de Oaxaca. Lo dijo como algo muy casual: —Ya no tenemos casa en Cieneguilla—. Mi mamá se puso a llorar. Para consolarla, él le dijo: —Ya tenemos casa en Oaxaca, no necesitamos tener dos casas, además, no creo que ustedes vuelvan—. A mí también me entristeció mucho la noticia, era mi casa de la infancia. La casa la construyó mi papá con unas personas del pueblo. Era un cuarto de ladrillo, tenía una puerta y una ventana pequeña. Afuera había un patio con unas piedras grandes y una vereda que nos llevaba al arroyo que se encontraba a unos pasos. En las mañanas íbamos al arroyo a lavarnos la cara y a traer agua para la casa. Yo me sentaba en una pequeña silla, junto a la ventana, a esperar a Tomás. Siempre tardaba mucho en llegar, a veces semanas.

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