El continente de plástico
La enorme amenaza que crece día con día flotando sobre el mar
octubre 14, 2018

A la mitad del Océano Pacífico, justo en la porción de agua que separa California de Hawaii, existe una enorme isla de plástico. Desde su descubrimiento en 1950 se sabe que es una amenaza medioambiental, pero ha crecido tanto que hoy tiene casi el tamaño de México. En una exploración reciente en el perímetro de este “continente de plástico”,  se han encontrado empaques de finales de los años 60, una consola intacta de Game Boy fabricada en 1995 y hasta desechos del tsunami que golpeó Japón en 2011. Desde 2013 la Fundación The Ocean CleanUp y su fundador —un holandés de 24 años—, han buscado una forma de limpiar este desastre y planean hacerlo en menos de una década.

El año pasado la ONU declaró que en el 2050 habrá más piezas de plástico que peces flotando en los océanos, considerando que cada año más de 13 millones de toneladas de desechos de este material terminan en el mar. Por supuesto el problema va más allá de la isla, pues se extiende a los dos polos del Atlántico, en el océano Índico y hasta el Mediterráneo. Incluso en medio del territorio deshabitado de la Antártida se han encontrado botellas de refresco intactas que han viajado hasta allá gracias a las corrientes marinas, mostrando que la situación es incontrolable y aún más intrincada por el calentamiento global.

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Fotografía de Mathew Chauvin vía de Ocean Clean Up.

En entrevista para Gatopardo, Boyan Slat, fundador de la compañía The Ocean CleanUp e inventor, cuenta que cuando tenía 16 años se encontraba navegando en las Islas Griegas, y durante el viaje descubrió —al igual que la ONU— más plástico que peces. “Siempre estuve interesado en la ingeniería y dediqué año y medio a buscar una forma de limpiar esa cantidad de plástico. Presenté una idea en una TedTalk y desde entonces he recibido mucha ayuda y financiamiento para llevarlo a cabo”. Su proyecto para limpiar el océano ha recolectado más de 35 millones de dólares y se estima que arrancará oficialmente en 2020.

Los escombros que flotan en el llamado “continente plástico”, lo hacen sin forma definida, debido a las múltiples corrientes que recorren esta porción de agua. Se calcula que esta enorme masa podría pesar más de 100 mil toneladas y que tardará más de 450 años en degradarse totalmente. Una de las primeras ideas para recolectar esto era atrapar el plástico con redes, sin embargo hacerlo así sería una tarea que podría tomar más de 100 años y requeriría una inversión de miles de millones de dólares.

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Fotografía de Mathew Chauvin vía de Ocean Clean Up.

Uno de los emblemas recientes en la lucha contra los plásticos y su llegada a los océanos —o a cualquier cuerpo de agua—, han sido los esfuerzos por reducir o concientizar a la gente que utiliza popotes. Resultado quizá de algunos videos virales que muestran que muchas tortugas mueren al comerlos o al quedar atorados en sus vías respiratorias. Pero el problema no son solo las piezas grandes. Una vez en el mar, la naturaleza hace lo suyo fragmentando estos plásticos en piezas más pequeñas —micrométricas— que son difíciles de recolectar y que también contaminan y ponen en peligro a peces tan pequeños como las anchoas, aves como gaviotas y pelícanos, focas y lobos marinos y hasta ballenas.

Pero no son solo la fauna y la flora marina que están en peligro. Quienes consumen pescado como parte de su dieta también entran en contacto con estos plásticos, que llegan a encontrarse hasta en la sal de mesa. A ese punto, estos plásticos ya son prácticamente invisibles y terminan en el estómago de muchos, perjudicando la salud humana.

Durante todo el 2018, la organización Greenpeace, a través de un movimiento que ellos han llamado Break Free from Plastic, recolectó 187 mil piezas de plástico de las costas de 47 países, intentando hacer un censo sobre las compañías cuyos plásticos terminan vertidos en los océanos, la mayoría de ellos tras un solo uso. Los resultados presentados a inicios de este mes mostraron que empresas como Coca Cola, Pepsi, Nestlé, Unilever y Procter & Gamble, ocupan los primeros lugares en los desechos recolectados, pero además de estos residuos, se han encontrado enormes redes de pesca abandonadas que también son un gran peligro para la vida marina. Todo de origen humano.

Boyan Slat, un joven delgado de profundos ojos azules y cabello negro despeinado, aún se encuentra pidiendo apoyo para llevar su proyecto a cabo y está seguro de que para atacar un problema de este tamaño ”tendría que haber más conciencia y educación, pero también legislaciones y mejoras de infraestructura en el manejo de plásticos para evitar que estos lleguen al mar a través de la corriente de los ríos, algo que también se está pensando atacar en una fase más adelantada del proyecto”.

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Retrato de Boyan Slat, delegado de The Ocean Clean Up.

The Ocean Cleanup intentará, a través de una barrera en forma de “u”, atrapar el plástico usando el propio movimiento del mar para llevarlo a un contenedor, sacarlo de ahí, reciclarlo y evitar las consecuencias de que siga flotando en el lecho marino. En septiembre se lanzó la versión “beta” de este proyecto en las aguas que rodean la pequeña isla de Alameda en California, a un costado de San Francisco y Oakland. Esta versión llamada “System 001” se implementó para analizar su comportamiento en un ambiente cerrado y obtener datos para mejorar el prototipo. Desde hace un par de semanas este sistema ya va rumbo al continente de plástico para saber a que otros retos se enfrentara. Actualmente el dispositivo está capacitado para soportar oleajes mayores a los 5 metros, pero aún es un prototipo.

Si la limpieza que Slat propone funciona, lo que sigue para esta compañía y para otras fundaciones, para la gente, los gobiernos y para la humanidad en general, será buscar concientizar y disminuir la llegada de más plástico a los mares, además de encontrar formas de reciclar los grandes volúmenes que se recolecten. Mientras tanto, Slat y su fundación intentarán que para 2040, el continente de plástico sea sólo un mal recuerdo.

*Fotografías vía The Ocean Cleanup / Fotografía de portada de Mathew Chauvin.

 

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