El tiempo perdido en avenida Tláhuac - Gatopardo

El tiempo perdido en avenida Tláhuac

El cierre de la Línea 12 del Metro ha traído cientos de camiones, trolebuses, peseros y, ahora, se suma el Metrobús. La avenida Tláhuac no es sólo una vialidad congestionada, también es la zona cero, un sitio para recordar a los muertos y un foro de denuncias.

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Por fin es viernes, el último del mes de mayo y, por lo tanto, quincena. Ya urge llegar a casa. Después de una semana pesada, tan larga, uno quiere descansar o recuperarse un poco, porque las mujeres, encima, atienden al marido y a los niños, y hay quienes trabajan sábados y domingos en los locales de esta calle o en los mercados de la zona; la inmensa mayoría de quienes viven aquí son empleados y no patrones. Urge llegar, sí, pero en avenida Tláhuac, a las 8:27 de la noche, ningún vehículo avanza. Tampoco es una sorpresa. Esta vía del suroriente de la capital se extiende por 18 kilómetros entre Tláhuac y su vecina, Iztapalapa, y cruza con la calzada de Taxqueña, Anillo Periférico y la carretera a Chalco, entre otras. El tráfico fatiga a la gente casi tanto como las nueve, diez, doce horas de la jornada.

Es el tipo de tráfico que desquicia. El semáforo puede cambiar de rojo a verde y a rojo otra vez, mientras uno permanece, con exactitud milimétrica, en el mismo punto. Un hombre desgasta el acelerador, lo pisa continuamente para que el motor ruja pero el automóvil, con el freno de mano puesto, se mantiene quieto. La desesperación se expresa en pitidos. Empieza alguno, quien sea, al que le tocó ser el primero en perder la paciencia. Larga un claxonazo continuo y solitario que los demás toleran en silencio. Luego hay una extraña pausa. Quizá esperamos que mágicamente surta efecto y despeje la avenida como le sucedió a Moisés cuando, de un solo bastonazo, abrió las aguas del Mar Rojo. Para infortunio de Tláhuac, no acontece el milagro. Sobreviene, entonces, un nutrido coro de pitidos que se prolonga hasta que un sedán interpreta la esperada melodía del “Chinga tu madre”, versión claxon. Este es el tipo de tráfico que parece un juego de Tetris justo antes de que uno pierda y la pantalla le avise que ya estuvo, game over.

Más de setenta calles perpendiculares dan a esta avenida entre Periférico Oriente y la estación Zapotitlán. Algunas tienen doble sentido. Vienen vehículos desde la izquierda, salen además de la derecha, continúan las filas hacia el oriente, otras hacia el poniente y nos enredamos todos. Un conductor echa lámina, arriesgándose al choque; otro lo ve e iguala la apuesta; la conducta es contagiosa y, de pronto, ya no hay norte ni sur y los cofres apuntan en todas direcciones. Merecemos un aplauso: acabamos de crear un bonito nudo gordiano y no hay policía de tránsito a la vista.

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