La salud mental, el enemigo invisible de los atletas de alto rendimiento

La salud mental, el enemigo invisible de los atletas de alto rendimiento

Aunque suele asociarse el deporte con tener una vida saludable, para algunos atletas de elite o alto rendimiento desarrollarse de manera profesional les ha costado su estabilidad psicológica y emocional. Las historias Simone Biles y Naomi Osaka permiten ver que la salud mental es tan crucial como la destreza física para ejecutar una disciplina.

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La japonesa Naomi Osaka, considerada la segunda mejor tenista del mundo —sólo detrás de la australiana Ashleigh Barty—, reapareció en un estadio para encender el pebetero de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Al pie de una recreación del Monte Fuji, subió unas escaleras con el fuego de Olimpia, en la cima de su carrera deportiva, para marcar el inicio de los Juegos más esperados después de una pandemia. Es la misma deportista que relató recientemente a las cámaras de Netflix, en la miniserie que lleva su nombre, que cuando era niña tenía una lista de metas que deseaba alcanzar. De ese listado entraban y salían puntos, pero uno se mantuvo a la cabeza: convertirse en la primera japonesa en ganar el máximo título del tenis profesional, el Grand Slam.

Fue en septiembre de 2018 que logró tacharlo de su lista. Tenía 20 años y ganaba el Abierto estadounidense, convirtiéndose en la primera japonesa de la historia en levantar el trofeo del Grand Slam. En la ceremonia de premiación, parada sobre el podio del Arthur Ashe Stadium de Nueva York, Osaka derramó lágrimas. Sin embargo, éstas no se debían al júbilo de su victoria sino a la presión que sintió al escuchar el abucheo al unísono de los casi veinticuatro mil aficionados. Osaka utilizó su visera para cubrirse el rostro afligido ante una afición furiosa por la derrota de la estadounidense Serena Williams.

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