Dos líderes asesinados más: el caso de Tafur y Teo

Asesinados por defender la tierra

En los últimos cinco años, 1,319 líderes y defensores de derechos humanos han sido asesinados en ese país. Teo y Tafur quisieron rescatar las ciénegas del Magdalena Medio de los monocultivos, la ganadería intensiva y los hidrocarburos.

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Teófilo Acuña y Jorge Tafur se han convertido en los últimos dos líderes asesinados en Colombia. Ambos fueron dirigentes históricos del movimiento agrario y murieron a manos de hombres armados el 22 de febrero, pasadas las 9:30 de la noche, en Puerto Oculto, una pequeña población en el departamento del César, al noreste del país. Sus familiares, amigos, compañeros y compañeras los llaman Teo y Tafur y de ellos dicen que eran nobles, generosos y que, como líderes, tenían un compromiso férreo con la defensa del medioambiente y de los campesinos. Uno era pausado y afable; el otro, alegre y con gran sentido del humor. Ambos nacieron en el departamento de Bolívar en los años cincuenta: Acuña en Santa Rosa del Sur y Tafur en Tiquisio, donde residía. Los dos estaban en Puerto Oculto desde mediados de febrero por motivos de trabajo. La noche del 22, según reconstruyó la prensa local, conversaban a la entrada de una casa cuando aparecieron dos hombres que empezaron a disparar. Corrieron, pero los hombres lograron su cometido y ahora ambos forman parte de la larga lista de líderes asesinados en el país.

“No vi a Teo por ningún lado, yo dije: ¡Teo se alcanzó a escapar!’ El tipo sale y se queda al lado de la pileta; llega el otro tipo, que le dice: ‘Falta uno’. Me quedé quieta, había muchas hojas secas, no quería moverme porque cualquier ruido los podía alertar”, le dijo al portal Verdad Abierta la lideresa social Liceth Camargo, esposa de Acuña, quien durante el atentado logró resguardarse tras un árbol de la casa. Comentó, además, que el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la fiscalía llegó a la una de la madrugada, mientras que la policía nunca se presentó y teme que con ese ‘falta uno’ los asesinos se refirieran a ella.

“Ellos no querían morir; luchaban por vivir y lo hacían de la mejor manera. Quienes los mataron eran dos hombres fornidos, grandes, y pues Teo y Tafur eran viejitos y alcanzaron a correr”, dice a Gatopardo Erika Prieto, amiga y compañera de Acuña y Tafur e integrante de la Comisión Nacional de Derechos Humanos del Congreso de los Pueblos, un movimiento político y social que agrupa a sectores sindicales, campesinos, ambientales, indígenas, juveniles y feministas, entre otros, bajo la defensa de la vida digna, al que también pertenecían los dos líderes asesinados.

La mañana del viernes 25 de febrero, Erika Prieto asiste a una rueda de prensa convocada por la Asociación Minga junto a Noraldo Díaz, miembro de la junta directiva del Coordinador Nacional Agrario, un proceso colectivo con presencia en veintidós de los 32 departamentos del país, en el que se discuten y crean iniciativas sobre lo rural y el trabajo asociativo. Los acompaña el abogado Alberto Yepes, representante de la Coordinación Colombia Europa Estados Unidos (CCEEU), una alianza de organizaciones defensoras de derechos humanos.

Los tres participantes están sentados a una mesa en un octavo piso, por cuyas ventanas se ven las montañas del oriente bogotano y sus casas de ladrillo rojo. Tras ellos hay un pendón con la imagen ilustrada de los dos líderes que dice: “Asesinados el 22 de febrero de 2022 por paramilitares en complicidad con el Estado colombiano. Exigimos justicia. Prohibido olvidar”.

Al inicio se leen sus perfiles. Acuña y Tafur eran campesinos y conocedores de esa región de Colombia, rica en fuentes hídricas y valles fértiles que es el Magdalena Medio. Acuña fue fundador de la Federación Agrominera del Sur de Bolívar, donde forjó su liderazgo, y vocero de la Comisión de Interlocución del Sur de Bolívar, Centro y Sur del César (CISBCSC), del Coordinador Nacional Agrario, del Congreso de los Pueblos y la Cumbre Agraria, Campesina e Interpopular.

Tafur, por su parte, nació en Tiquisio, pero durante un tiempo vivió en la ciudad de Pereira, donde fue sindicalista. Por su labor lo detuvieron. Quienes conocieron a este par de líderes afirman que a lo largo de sus vidas fueron víctimas de varios montajes judiciales, sin que en ninguno la justicia suministrara pruebas para sustentar las acusaciones. Tras quedar libre, Tafur regresó a su pueblo natal, donde se vinculó con las luchas de los campesinos. Hizo parte de la Asociación Agroindustrial de Paneleros El Antojo y, al igual que Acuña, de la Federación Agrominera, la Comisión de Interlocución y el CNA, del que fue nombrado miembro de la junta directiva.

“Eran preciosos, de las personas más maravillosas que tiene este país”, recuerda Erika Prieto. “Teo venía sufriendo de muchas enfermedades y no habíamos dado con el diagnóstico, entonces había que tener cuidado con la comida; a donde íbamos siempre era comidita muy sencilla, un caldito al que a veces no podíamos echarle ni carne ni nada. Pero él, si se hacía un caldo de huevo, un caldo de huevo se comía. Los dos eran muy queridos por la comunidad. A donde íbamos la gente los abrazaba. En medio de cualquier reunión siempre había espacio para los chistes, para los cantos, se promovía que la gente hiciera su propia canción y la compartiera. Ellos trataban de integrar a las comunidades, de hacer redes humanas. Tafur era un hombre de una sencillez y una fuerza impresionantes. Últimamente venía botando el celular y tenía peleas con la tecnología. Nos reíamos de eso porque se llevaba el celular de otra persona, no distinguía cuál era el suyo y cuál el del otro y como no le servía la clave, lo formateaba. Yo peleaba con él porque vivía solo en una veredita en Tiquisio y yo le decía que no se quedara allá, que lo iban a matar”.

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