Los muertos por covid en México terminan en la fosa común

Los olvidados del covid terminan en la fosa común

Ninguna de las instituciones pudo responder cuántos cuerpos de personas que fallecieron por covid que no fueron reclamados ni identificados hay en el país. La Comisión Nacional de Búsqueda tiene 43 escasos registros, pero tan solo en la Ciudad de México 240 personas, en una de esas dos condiciones, terminaron en una fosa común. Hay lineamientos, pero no se acatan. Sin apoyo institucional, ¿cómo encontrar a un familiar que falleció debido a esta pandemia?

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No sabemos su nombre. No podemos averiguarlo. Es un hombre de piel morena, con unas cuantas arrugas en la frente. Sus párpados pesados podrían esconder unos ojos grandes. Su escaso cabello alborotado perdió color con el paso del tiempo. De su boca entreabierta todavía sale una parte del tubo transparente que le ayudó a respirar de forma mecánica durante días –quizá semanas–, hoy es un indicio de la causa de su muerte: el covid-19.

Las tres fotografías –dos de perfil y una de frente– se tomaron para facilitar su identificación. Están pegadas en una hoja blanca, en la que estaría escrito su nombre, si lo supiéramos. Las letras “f.c.-c” indican que su destino fue la fosa común para quienes fallecieron por covid que no han sido reclamados ni identificados. Nadie ha llegado a esta institución a preguntar por este hombre.

En los archivos del Instituto de Ciencias Forenses (Incifo), ubicado en la Ciudad de México, hay gordas carpetas cuatrimestrales que contienen cientos de hojas. Están aquellos sin identificar y también quienes, aun con apellidos, edad, lugar de residencia y más datos que los hacen plenamente reconocibles, quedaron en el desamparo. El doctor Felipe Takahashi Medina, director del Incifo, reconoce, en entrevista, que la pandemia incrementó en México el número de personas que fueron abandonadas por sus familias después de morir. Quizá lo hacen por miedo.

“A partir de marzo del año pasado, empezaron a enviarnos en mayor cantidad cadáveres abandonados en hospitales”. Algunos se habían internado en vida ellos mismos, solos, y otros, con familiares que después los dejaban. “Había gran desconocimiento de las implicaciones del virus y ése fue un factor importante para que algunas familias abandonaran a un ser querido”, explica.

Tan solo en la Ciudad de México estos casos se cuentan por decenas. Hasta agosto de 2021 el Incifo contabilizó 240 muertos de covid –confirmado o bajo la sospecha de haberlo tenido– que no fueron identificados ni reclamados por un familiar. La gran mayoría –el 67 por ciento– son hombres mayores de cincuenta años que murieron en un hospital.

Los cuerpos de las personas que fallecen por esta enfermedad en México tienen una tasa alta de abandono si llegan al Incifo: apenas tres de cada diez cadáveres que llegaron a las planchas de la morgue volvieron a sus familiares, el resto terminó sepultado en una fosa común. En el Panteón Civil de Dolores, al occidente de la ciudad, el único que los alberga, un cuerpo olvidado descansa junto a otro y otro y otro más… Según el análisis de la base de datos que Gatopardo obtuvo mediante una solicitud de transparencia, la mayoría murió en Iztapalapa (38), Gustavo A. Madero (22), Álvaro Obregón (20), Cuauhtémoc (14) y Miguel Hidalgo (14).

Al inicio de la pandemia, México estableció mecanismos para el manejo general y masivo de cadáveres infectados de covid-19. Consideraban un trato digno para aquellas personas que nadie reclamara y, así, evitar que la emergencia sanitaria recrudeciera la crisis de desaparecidos. Oficialmente, se reconoce que hay 90,148 personas en esta situación; la mayoría de las fechas de desaparición (el 80%) empiezan a partir del sexenio del expresidente Felipe Calderón.

La meta obligaba al trabajo conjunto entre autoridades federales y estatales, debían permitir el resguardo digno de los restos y, al mismo tiempo, facilitar que los familiares localizaran a sus fallecidos. Pese al trazo de un camino claro, la ruta no es transitable. “Tenemos los lineamientos correctos, el tema sigue siendo la implementación, la falta de condiciones para preservar los cuerpos, morgues rebasadas, poco personal, falta de refrigeración y el continuo uso de fosas comunes que, lejos de facilitar la identificación, dificultan el proceso, además de la nula coordinación entre autoridades”, enlista los problemas Edith Escareño, consultora independiente que se dedica al acompañamiento psicosocial para familiares de víctimas de actos de violencia.

A nivel federal, la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), dirigida por Karla Quintana, quedó encargada de alojar la información sobre los fallecidos por covid que no han sido reclamados en las 32 entidades. Las comisiones estatales de búsqueda harían lo propio en cada uno de sus territorios. Sin embargo, en la respuesta a una solicitud de información, la CNB apenas reconoce que tiene 43 avisos de personas en esta situación en todo el país. Esa cifra representa el 18% de los casos registrados sólo en la Ciudad de México –suman 240–. De acuerdo con una fuente interna de la comisión, ninguna otra entidad les ha reportado estos casos y la misma Ciudad de México, la única entidad que al inicio de la pandemia envió reportes, dejó de hacerlo sin previo aviso.

Ocurre lo mismo a nivel local. La Comisión de Búsqueda de Personas de la Ciudad de México, que comanda Lizzeth Hernández, da cuenta, apenas, de 31 hombres y dos mujeres que murieron por covid y no fueron reclamados. El Panteón Civil de Dolores –el único en toda la ciudad que tiene un área de fosa común–, a cargo de la alcaldía Miguel Hidalgo, no tiene el registro completo de las más de doscientas personas que el Incifo dice haberles enviado para que las enterraran en su territorio.

Las personas que mueren por covid en México son vulnerables a un doble olvido: el familiar y el institucional.

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