El problema de los abogados - Gatopardo

El problema de los abogados

Lejos de la lectura evidente, este ensayo propone una interpretación histórica y fundamental del conflicto entre quien pretende ser la voz del pueblo y quienes se desempeñan como abogados.

Son ya varias las ocasiones en que el presidente López Obrador se refiere a los abogados para colocarlos en los marcos de sus críticas simplificadas. Aparentemente, han actuado en contextos muy específicos, relacionados con la obstaculización de sus proyectos. Así fue, por ejemplo, con las suspensiones de las obras de los dos aeropuertos metropolitanos del Valle de México o con la continuación de los tramos del Tren Maya. En mi propio caso, fue por lo que el presidente consideró como asesorías a grupos y personas, para él, inaceptables prácticamente por definición.

Visto así, podría parecer que las respuestas de López Obrador a los abogados son de naturaleza reactiva, que se limita a enfrentar a aquellos practicantes que se imponen jurídicamente a sus designios. Más allá de si eso nos agrada o no, e incluso de si podemos considerarlo adecuado, el problema podría quedar comprendido en el modo belicoso de hacer política que al presidente le gusta. El mensaje que de sus acciones puede extraerse es algo como “no se me enfrenten porque si lo hacen, los descalifico y si puedo, los ridiculizo en mis charlas mañaneras”. Avanzando por esta línea, el presidente podría decir que “sobre advertencia no hay engaño”. Y ya hecha, cada quien debería atenerse a ella y decidir en qué condición quiere estar frente al poder político de López Obrador.

Con todo y que esta lectura es correcta –como saben los que han sido objeto de señalamientos particulares–, hay otra posibilidad interpretativa, una que no involucra a los abogados que específicamente actúan contra sus proyectos, sino al gremio en general, a la actividad misma de la abogacía. Para ilustrarlo, me valgo de dos ejemplos.

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