Carta contra la guerra
Un llamado a levantar la voz contra la Guardia Nacional.
enero 17, 2019

Porque son mis amigxs y mis compañerxs, porque nos hemos visto y abrazado en las marchas del 2 de octubre, del 26 de septiembre, porque conozco su compromiso con la justicia, la igualdad, la libertad, la democracia. A ustedes, que ahora apoyan a Andrés Manuel López Obrador, respetuosa y fraternalmente les escribo esta carta.

Los vuelos de la muerte en Guerrero cuando la guerrilla de Lucio Cabañas. La masacre de Tlatelolco y el halconazo. La Guerra Sucia de los setenta y ochenta. La represión a los zapatistas en 1994. El desalojo de los huelguistas de la UNAM en el 99. Y más recientemente, la falaz guerra contra el narcotráfico que declaró Felipe Calderón, que continuó Enrique Peña Nieto y que ha costado 200 mil muertos, 30 mil desaparecidos, decenas de miles de desplazados. Y en todos esos episodios el ejército, siempre el ejército.

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Fotografía vía Flickr, Presidencia de la República Mexicana.

En 2011 salimos a las calles. A parar la guerra. Un doliente, a quien le mataron a su hijo, caminó el país —y más allá— para exigir paz. Pero ese movimiento se quedó corto y no exigió el fin de la militarización y el regreso del ejército a los cuarteles. Hoy, ocho años después, pagamos el precio de esa derrota. Pero ya es tarde para lamentarnos.

Ustedes han luchado por las mejores causas. Y desde hace años han creído en Andrés Manuel López Obrador. Muchxs, se han jugado su empleo, su prestigio y su comodidad por esa convicción. Mi más profundo respeto a esa postura. No la abandonen. Sólo los llamo a que protesten. Se indignen. Se opongan a la Guardia Nacional. Estamos a tiempo de detenerla.

Sé que otras opciones parecen peores. Ya vimos lo que gobernadores como Javier Duarte o Miguel Mancera —que nos reprimió— son capaces de hacer con el mando de la policía. O tantos alcaldes cooptados por el narco. Y es verdad, estamos en una situación de emergencia: hay días con más de 80 homicidios en México. Pero díganme, ¿no nos opusimos a la guerra de Calderón? ¿No demostramos que a cada operativo la violencia se multiplicaba como ocurrió en Ciudad Juárez? Decíamos que el ejército tenía uno de los más altos índices de letalidad, o sea que nuestras fuerzas armadas, en sus enfrentamientos, casi no dejaba heridos sino muertos. Como si mataran por consigna.

Guardia Nacional, int1

Fotografía vía Flickr, Presidencia de la República Mexicana.

Pero ahora el mando es bueno. Porque López Obrador es un buen hombre, y él mandará a la Guardia, nos dicen. La Guardia no es militarización: será un cuerpo policiaco, aunque con disciplina castrense. Estará educado para amar y servir al pueblo. Ojalá que estas frases fueran algo más que buenos deseos. Algo de lo que se dice es cierto: el ejército está integrado por hombres (y algunas mujeres) pobres, indígenas, personas buenas. Pero eso es irrelevante. Así son todos o casi todos los ejércitos del mundo. El punto es que están entrenados para matar. Y que son una organización opaca, que a nadie rinde cuentas y que goza de fuero. Son la antítesis de una institución democrática, por eso las sociedades los mantienen en los cuarteles y los reservan para la defensa ante un ataque extranjero. Tal como lo dicta hasta ahora nuestra Constitución.

El 16 de enero se aprobó en la Cámara de Diputados la modificación constitucional que crea la Guardia Nacional y que perpetuará la guerra. Una contrarreforma que, de consumarse en el Senado y los congresos estatales, convertirá al ejército en un actor social y político central. No será menos sino más violento. Porque hasta ahora sus generales sabían que estaban en el margen de la legalidad y que podrían ser juzgados. Pero ya legitimados por la Constitución harán lo que quieran.

Amigas, amigos, colegas, compañerxs, no dejen de apoyar a López Obrador, no renuncien a sus cargos en el nuevo gobierno. Pero escuchen a su conciencia. Opónganse a la guerra. Digan no a la Guardia Nacional. Demuestren que la Cuarta Transformación es un movimiento democrático, de mujeres y hombres libres y detengamos la militarización. Estamos a tiempo.


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