A un año de su Zapata, una entrevista con Fabián Chairez - Gatopardo
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Fabián Chairez: Espejo de las masculinidades

Paula Velasco
Ilustraciones de maremoto

Junio es el mes del orgullo LGBT+. Como parte de un ejercicio para celebrar a las voces más disruptoras, Gatopardo entrevistó a los personajes que están cambiando el rostro del movimiento en el país. Fabián Chairez es un artista que sigue luchando por hacer habitable nuevas formas de masculinidad a través de sus pinturas. A un año de la controversia causada por su Zapata, él es nuestro último personaje.

El año pasado una pintura captó la atención del país por semanas. El cuadro mostraba a Emiliano Zapata desnudo, entaconado, con un sombrero rosa, un rebozo de la bandera y sobre un caballo con una erección. No pasó desapercibido en la agenda cultural del país. La pieza formaba parte de la exposición “Emiliano, Zapata después de Zapata” en Bellas Artes y causó un eco que aún se puede escuchar. La obra es de Fabián Chairez, un artista plástico chiapaneco que ha explorado la masculinidad y la performatividad del género a través de imágenes tradicionalmente mexicanas y masculinas. Su Zapata provocó una serie de protestas encontrandas. Su cuadro La Revolución no fue el primero pero tampoco será el último.

Chairez creció en Chiapas, su madre lo alentó desde temprana edad a involucrarse en la expresión artística. “Siempre estuve inclinado por las artes plásticas pero también, por la danza, por la música. Ya después entré a la carrera de Artes Visuales en Tuxtla en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y pues me iba bastante bien porque tenía mucha habilidad técnica. Fue ahí donde me empecé a empapar de historia del LGBT por sugerencia de profesores que me mostraban el trabajo de otros artistas y donde empecé a explorar los temas relacionados con las expresiones disidentes del género”, dice Chairez en entrevista con Gatopardo.

Desde que era un adolescente, Chairez se cuestionaba su lugar en el mundo y dentro de la comunidad LGBT+. Su interés por las imágenes con las que juega, como el charro y el Santo comenzaron como una exploración de una masculinidad que no encontraba a su alrededor. La masculinidad morena, pobre, femenina. Su trabajo no solo habla de la homofóbia, sino del clacismo, el racismo y la misoginia. “Dentro de la misma población homosexual se abogaba por ésta imagen hipermasculinizada que yo no alcanzaba o no proyectaba entonces me di cuenta que mi imagen no estaba relacionada con lo que la sociedad heteropatriarcal y machista esperaba de un hombre”, comenta Chairez. De alguna forma, el artista creó un espejo en cada pintura. “Siendo amanerado, moreno, de clase media pues de alguna forma había cierto rechazo dentro de la misma población LGBT y eso también me empezó a resonar desde chavito. Parecía que solo si eras blanco y de clase alta podías ser homosexual. Hay un dicho bastante horrible que dice que si eres moreno y pobre eres joto, si eres rico y te gustan los hombres eres gay”, sigue.

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