Bukele, el autoritario cool - Gatopardo

Bukele, el autoritario cool

Llegar a la cima de la política salvadoreña le tomó diez años. Nayib Bukele comenzó como publicista de un partido de izquierdas, se convirtió en alcalde y a partir de ahí rompió las reglas de la corrección política. Quizás nadie habría imaginado que aquel muchacho que comenzó a gobernar un país a los 38 años, que se tomaba selfies, que prometía modernidad, dos años después lo compararían con Hugo Chávez o Daniel Ortega. Bukele está a punto de romper una democracia.

* Este perfil fue posible gracias a una alianza entre Gatopardo y El Faro

 

—Pueblo salvadoreño, buenas noches. Gracias por permitirme llegar hasta sus hogares…

Nayib Bukele, presidente de El Salvador, se dirige a la nación en una cadena televisiva y radiofónica. Es la noche del 17 de mayo de 2020. Treinta salvadoreños han muerto víctimas del covid-19, la tasa de contagio se ha duplicado y no parará de crecer sino hasta agosto. Viste una chaqueta café de cuero y una camisa blanca. Habla desde un escritorio donde hay una Mac, un cuaderno y un legajo de hojas. Detrás suyo se ven dos ventanas con cortinas entreabiertas, dos banderas de la República y un estante de fotos familiares.

—Nos encontramos frente a la emergencia más grande que ha enfrentado al mundo entero en los últimos cien años…

Lleva menos de un año en el poder y meses siendo noticia en el extranjero por diversas cosas; en estos días, por su manejo de la pandemia. “El presidente de El Salvador está usando el covid-19 como excusa para abusar del poder”, dijo The Washington Post en su editorial del 1 de mayo de 2020. “Un presidente joven debilita las instituciones democráticas y empodera a su familia”, señaló The Economist en un reportaje del 7 de mayo.

—Ahora imaginen ustedes tener la responsabilidad de dirigir nuestro país, mientras ven cómo estas potencias caen…

Entre el 21 de marzo y el 11 de abril la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) ha reportado 1 337 denuncias contra las autoridades por violaciones a la libertad de movimiento, al derecho de acceso a la salud, al trabajo y a la alimentación, y por haber denegado datos públicos; 102 denuncias fueron por detención arbitraria o uso excesivo de la fuerza; para el 13 de abril unas 4 300 personas estaban detenidas en 87 centros de contención.

—Imaginen ver a Nueva York construyendo fosas comunes en una isla porque ya no tiene espacios en sus cementerios y que de los hospitales sacan un cadáver cada siete minutos…

Abril y mayo han sido un zafarrancho en términos de seguridad jurídica. Los decretos con los que Bukele ha ejercido la cuarentena no han contado con el aval de la Asamblea Legislativa y muchas veces han ido mal redactados y sustituidos de manera abrupta por nuevos decretos, igualmente ambiguos. Por ejemplo, uno de ellos le permite a la gente salir a comprar alimentos y medicinas pero, al mismo tiempo, prohíbe el uso de buses públicos y sólo permite que circulen personas dedicadas a ciertos oficios y profesiones. Otro decreto restringe las compras a dos veces por semana, pero prohíbe salir del municipio. Y así…

—¿Acaso alguien piensa que nos irá mejor que España, Italia, Alemania, el Reino Unido, Francia? ¿Qué decisiones tomarían ustedes? ¿Abrir la economía gradualmente? ¿Eso harían? Porque, si eso hicieran, déjenme decirles que los muertos serían muchísimos más…

La última crisis ha estallado esta misma tarde, cuando el fiscal General advirtió que el decreto que Bukele firmó para renovar por un mes el Estado de Emergencia Nacional es ilegal, ya que no cuenta con el aval de los diputados.

—No es tiempo de abrir la economía, por más que griten los empresarios…

Para mayo la amplia mayoría de salvadoreños (95%) lo respalda porque creen que ha manejado bien la pandemia, según los sondeos más serios. Esta noche de 2020, después de casi dos meses de cuarentena, Bukele debe anunciar que la obligación de permanecer en casa seguirá vigente por un mes más. Es una noticia difícil.

—A todos ellos, a todos los que están sufriendo, quiero plantearles tres puntos. El primero, el más importante para mí, requiere que hagamos este ejercicio…

En el momento más sublime de la transmisión: habla a la cámara, viéndola fijamente, y luego cierra los ojos.

—Le pido que por favor cierre los ojos. Ciérrelos, no tenga vergüenza de quien esté a la par, no es menos hombre o menos fuerte por tener un momento de humildad y reflexión. Ciérrelos. Ahora, piense quién es la persona que más quiere en este mundo. Puede ser su papá, su mamá, su hermano… Ahora, piense en esa persona ahogándose afuera de un hospital sin poder ser atendido, sin poder respirar, porque no hay un respirador disponible en una UCI. Ahora, piense perder a esa persona y lo que significaría su vida perdiendo a esa persona. Ahora, piense, ¿cuánto pagaría porque eso no sucediera?

El presidente de El Salvador no ha encontrado mejor manera de convencer a sus gobernados sobre la urgencia de quedarse en casa que un espectáculo de horror desplegado en la mente de cada uno.

—Ése pudiera ser nuestro futuro —dice Bukele—. Ya pueden abrir los ojos.

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