Commaya: Las mujeres mayas en resistencia – Gatopardo

El camino de las ancestras: mujeres mayas tejen resistencias

Lejos de las grandes ciudades, en el caribe mexicano, las mujeres indígenas reconocen que la violencia machista las atraviesa por el hecho de ser mujeres. Sin embargo, llevan tiempo emprendiendo otra lucha: la del reconocimiento de su identidad. Un grupo decidió unirse para visibilizar la discriminación y la violencia de género. Fundaron la Coordinadora de Mujeres Mayas de Quintana Roo para dar apoyo y acompañamiento legal a otras mujeres indígenas, así como talleres, asesoría y hasta servicio de intérpretes.

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In memoriam
María Noemí Yeh Chan

Sentada sobre la tierra, a los pies de un joven y frondoso yaxché, un árbol de ceiba, Flori deshoja con cuidado las rosas rojas y los crisantemos blancos, amarillos y morados, que son los cuatro colores del sagrado maíz, las variedades nativas del maíz criollo que los campesinos mayas aún  preservan en sus milpas. Pétalo tras pétalo fue trazando sobre la tierra un círculo que resguarda las ofrendas del altar: velas verdes y azules en honor al corazón de la tierra y el cielo; velas rojas, amarillas, blancas y moradas; se­millas, plantas medicinales como albahaca, ruda y tabaco; además de agua y miel.

Está por iniciar la ceremonia del fuego sagrado, un día de marzo de 2022, después de la revelación de la primera antimonumenta en la zona maya de Quintana Roo, una estructura de acero con el símbolo feminista —el signo de femenino, de color morado, con un puño verde cerrado al centro— para recordar a las mujeres que han sido víctimas de feminicidio en el estado. Dariana Pat, Karina Canché, Brenda Chi, Adriana Uex y Joana Pérez, integrantes de la Coordinadora de Mujeres Mayas de Quintana Roo, mejor conocida como la Commaya, acudieron con Flori para oficiar dicha ceremonia en agradecimiento a las abuelas y los abuelos mayas, quienes guían y fortalecen el Sak Bej de las mujeres mayas en defensa de sus derechos humanos. 

Sak Bej significa ‘camino blanco’ y eran los grandes caminos que conectaban los principales asentamientos mayas durante el periodo clásico (250–900 d. C.)”, explica el historiador José Koyoc y continúa: “sin embargo, la acepción actual tiene un sentido simbólico para hablar sobre las vivencias y resistencias de los antepasados ante el periodo de colonización, que inició en el siglo XV, pero que continúa vigente con las políticas del Estado, que no reconoce completamente a los pueblos mayas contemporáneos como sujetos de derecho”, finaliza.

Floridelma Chi Poot tiene 56 años y ha dedicado los últimos veinticinco a la medicina tradicional, que aprendió en Guatemala con los mayas quichés porque sentía que en Felipe Carrillo Puerto no le querían ayudar a desarrollar sus dones, por ser mujer, aunque desde pequeña sintió que sus manos podían curar males del cuerpo. 

—Mis sobrinos siempre me decían: “Tía Flori, tía Flori, sóbame donde me lastimé”. Y yo les sobaba y el dolor se les quitaba —recuerda. 

Ella es la precursora de la Commaya y la primera mujer en Felipe Carrillo Puerto en formar parte de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, un proyecto político de mujeres indígenas del país que nació en 1997 para ar­ticular y fortalecer espacios comunitarios para las mujeres. Sus ejes han sido la libre determinación y la autonomía de los pueblos indígenas, el acceso a la justicia, el respeto a la diversidad cultural de estos territorios y el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres y los pueblos originarios. La Commaya forma parte de esta coordinación y del Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas, una de las organizaciones más importantes para la promoción de políticas globales a favor de los pueblos indígenas.

Jun Aj, ka’a Aj, óox Aj, kan Aj, jo’o Aj —dice sobre los primeros cinco rumbos del nahual Aj, que evoca la energía del retoño, mientras coloca un puñado de ajonjolí que alimenta el fuego sagrado—. Le agradecemos al sol, al viento, al agua, y les pedimos guía para encontrar nuestro hilo de la vida. 

Después continúa:
Waak Aj, u’uk Aj, waxak Aj, bolon Aj, lajun Aj, jun lajun Aj, ka’a lajun Aj, óoxljun Aj —para terminar de nombrar a los trece nahuales, que en la cultura maya son los espíritus protectores de la vida.

Su mirada se dirige hacia la copa de los árboles de yaxché, pich y jabín, que se levantan con la fuerza del viento que alborota a loros y xkaues, testigos silenciosos del ritual sagrado. “Las abuelas y los abuelos están aquí”, dice para nombrar a la energía del viento, mientras coloca un poco de estoraque en un incensario de barro para purificar el ambiente.

—Los primeros abuelos empezaron a buscar la luz porque no había. Algunos espíritus los guiaban mientras buscaban el fuego, pero pasaron por muchos obstáculos hasta que vieron la salida del sol. Los abuelos comenzaron a danzar para el sol para que no se vaya, para que el fuego se quede en nuestro camino y nos ayude a purificar todo lo que hay en nuestro corazón.

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