El viaje de León Larregui. Conversación con la voz de Zoé.

El viaje de León Larregui

León Larregui es el rostro de la banda que muchos consideran “la más importante de México”. En su más reciente gira, Zoé ha tocado más de cien fechas en México y doce países; se ha presentado en prestigiosos festivales y ha vendido 90 mil copias de su quinto disco Prográmaton.

En los agradecimientos que Zoé hace en su disco Prográmaton, hay una mención que se lee: “A los fans por acompañarnos en este viaje”. El trayecto al que se refiere la banda —formada por León Larregui (voz y guitarra), Sergio Acosta (guitarra), Jesús Báez (teclados), Ángel Mosqueda (bajo) y Rodrigo Guardiola (batería)— son los diecisiete años que han transcurrido desde que se formó. Un periodo en el que han vendido más de un millón de discos y tocado frente a más de tres millones de personas en sus giras. Son diecisiete años en los que han editado cinco álbumes de estudio, un muy exitoso EP, dos álbumes en vivo (incluyendo el MTV Unplugged Música de Fondo, certificado triple Platino y Oro por más de 350 mil copias vendidas), tres compilaciones y un box set.

“El lenguaje de la música va más allá de las palabras. Ahí es donde surge esa conexión entre el músico y el que lo escucha.”

El pasado 5 de septiembre fue un día gris. No sólo por la lluvia, sino porque la víspera se anunció la muerte de Gustavo Cerati. Ese día, León Larregui llegó a un estudio ubicado en la colonia San Miguel Chapultepec de la Ciudad de México para la sesión de fotos y entrevista con Gatopardo. Enfundado en un suéter de lana de Chiconcuac con el que ha aparecido varias veces en público y con un cigarro en mano, comentó sobre la muerte de Cerati: “Estés físicamente o no, la gente te escucha en momentos personales de su vida. Puedes acompañarlos con tu música en situaciones de mucha alegría, tristeza o soledad. Te vuelves parte de ellos de alguna forma y lo percibes cuando estás tocando. El lenguaje de la música va más allá de las palabras. Ahí es donde surge esa conexión entre el músico y el que lo escucha, una conexión que tiene la resonancia humana de las emociones. Los acompañas en su viaje propio, aún cuando no estés físicamente”.

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“Ángel y yo íbamos en el mismo salón en secundaria, así lo conocí. Nuestra escuela estaba a dos cuadras de la preparatoria de Sergio y Chucho”, empieza a atar cabos León cuando le menciono lo fortuita pero predestinada que puede ser la génesis de una banda de rock. “Me fui con Ángel a Cuernavaca a ver a un tío mío que tenía su banda y ahí nos dijimos: ‘Esto es lo que tenemos que hacer’. Ése fue el momento en que lo decidimos; teníamos 14 o 15 años.”

Después de un par de permutaciones entre bandas, llegó la hora de irse a la universidad y el grupo de amigos se separó. “Yo me fui a Europa; vivía en Colonia, Alemania, y formé una banda allá; tenía 19 años. Un día hablé con Sergio; recuerdo que era invierno. Me dijo: ‘Ya vente para acá, vamos a hacer una banda’. Le contesté que ya tenía una banda. Pero me quedé pensando y le dije: ‘Aquí hace un frío de la chingada. ¡Voy para allá en dos semanas!’ Me regresé. Sergio vivía en Tepoztlán y convergimos en el DF; nos volvimos roommates. Él y yo empezamos la banda; ya se llamaba Zoé. Además de nosotros estaba Beto Cabrera, el primer baterista de Zoé y un bajista que luego nos abandonó. Chucho estaba en Cuernavaca y le dijimos que viniera a tocar el bajo. Y después Ángel habló y dijo: ‘Acabé la universidad. Ya me voy a dedicar a lo que yo quiero’. Ángel era guitarrista, le dijimos que viniera, pero a tocar el bajo. Y Chucho pasó a los teclados. Y así empezó todo. Beto se enamoró de una chica francesa y decidió irse a vivir a París. Estuvimos probando con varios bateristas durante un año hasta que apareció Rodrigo: ya lleva siete años con Zoé”.

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En 1997 se lanzó el disco debut homónimo de Zoé. Para 2003, y tras un par de tropiezos y cambios de disquera, salió Rocanlover, cuya canción “Love” —tiempo después de que saliera el disco— se fue colando en la radio y canales de videos en televisión. El éxito no llegó de la noche a la mañana, algo que tal vez fue una bendición. “En la primera gira que hicimos por México y Estados Unidos, la banda y el staff iban en una sola van, además de todo el equipo. Venías con el platillo encima, sabías que si frenaba el coche podía rodar alguna cabeza dice León, quien cumplió 40 años a finales del año pasado.

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